domingo, 8 de julio de 2018

Charlas historiadas: Isabel y Carlos


Monasterio de Yuste. Junio de 1558.

Hace una calurosa tarde en la comarca de La Vera que recuerda la cercanía del verano.
El emperador está sentado en la terraza de sus aposentos.Ha tenido una pesada comida, contrariando los consejos de su médico, y dormita. Ya no es ese joven apuesto que llegó a España hace cuarenta años, lleno de fuerza y vigor. Está enfermo, grueso, cansado.Se ha convertido en un viejo decrépito y achacoso e intuye que su vida llega a su fin.

De repente la ve, está sentada frente a él, en una butaca que hasta hace unos segundos estaba vacía. Entorna los ojos para ver si es real. Su amada señora Isabel. Hace tanto tiempo que se fue…
—Mi señora Isabel, ¿sois real? ¡Qué bella estáis!
Mi señor Carlos, estoy velando vuestro sueño. He venido a conversar con vos. No tuvimos demasiado tiempo para hacerlo más que en aquellos meses en Granada, recién casados, y cuando nuestro hijo Felipe vino al mundo. Tantos años lejos de mi lado, gobernando el mundo, y yo sola, siempre esperando a mi amado esposo, temiendo por vuestra vida en cada batalla de la que tenía noticia. Y cuando volvíais, muchos negocios os alejaban de mí. Y ¿sabéis?, me he dado cuenta de que hay demasiadas cosas de vos que desconozco, a pesar de haber sido vuestra esposa durante trece años. Os lo podéis tomar como una confesión previa antes del encuentro con Dios, nuestro Señor, que ya os espera.
—¡Alabado sea entonces!—Exclama Carlos, entre sorprendido y contento por tan inesperada y agradable compañía—. ¿Y qué queréis saber, mi señora?
—Como madre siempre hubo algo que quise preguntaros. Llegasteis a Tordesillas a visitar a vuestra madre, la reina Juana, a la que no veíais desde que erais un niño y con la pretensión de «usurparle» el trono. ¿Os habían educado con algún amor filial hacia ella? Y siento curiosidad por saber en qué idioma os comunicasteis…
Amor filial… —Entorna los ojos como si tratara de recordar el rostro de Juana—. Cuando una madre desaparece de tu lado caes en la incomprensión. Preguntas, quieres saber porqué no está contigo. Razones de Estado, esa fue la respuesta. Apenas la disfruté, puesto que cuando se marchó para tomar posesión de la herencia de sus padres, los Reyes Católicos, apenas había empezado yo a caminar. Únicamente la veía a través de retratos colgados en las paredes mientras mi tía Margarita hacía las veces de madre conmigo y con mis hermanos. Ella, que venía de enviudar por segunda vez, volcó todo su amor en nosotros. Así que, como comprenderéis, mi señora, poco amor podía sentir por mi madre; si acaso, cariño, el cariño que se tiene a quien te dio la vida. Y, para satisfacer vuestra curiosidad, con ella hablé en francés cuando volvimos a vernos en Tordesillas, dado que sí que conocía aquella lengua de sus años en la Corte de Flandes al contrario que yo, que desconocía, por entonces, la lengua castellana.
—Mi señor Carlos, no creáis que os hago esta pregunta por celos, que ya son muchos años de conoceros y sé de vuestro amor por mí, pero tengo curiosidad ¿estuvisteis enamorado de Germana de Foix, viuda de vuestro abuelo el rey católico?
—Ay, Germana… —suspira—. Pues, dado que el encuentro con el Señor está tan cerca, no puedo deciros más que la verdad como la repetiré ante él cuando me convoque ante su juicio: sí, la amé, la amé profundamente. El cometido de mi abuelo materno Fernando era cuidarla, pero cuando la conocí encontré una mujer con mucho por vivir y que enseñar a alguien como yo que, en cuestiones amatorias, estaba empezando a dar sus primeros pasos. Me enamoré perdidamente de ella, pero finalmente la entregué en matrimonio a una persona de mi confianza, Juan de Brandemburgo. Sentí pena cuando murió. Por ella y por lo que vos supisteis llegado ese momento.
—La hija que tuvisteis con ella, la Infanta Isabel de Castilla…
—Así es.
Cuando murió vuestro abuelo Maximiliano y tuvisteis que luchar por el título de Emperador con Francisco I de Francia, mayor que vos, curtido en las batallas, con más dinero ¿Pensasteis en algún momento que no lo ibais a conseguir?
—Difícil pregunta cuando su respuesta depende del hombre, tan voluble, tan permeable a intereses. Ese título me pertenecía por haberlo ostentado mi abuelo, pero el francés fue un rival duro, perseverante. Dios estuvo siempre a mi lado en ese trance. Bueno, él y también los dineros de Castilla y, asimismo, los de los banqueros que encontraron en mí un aliado para sus intereses —ríe ahora con ganas—. Para qué negarlo.
—Mi señor, he sabido que se ha firmado la paz de Augsburgo entre católicos y protestantes y que os duele que en vuestros dominios ya no se abrace la misma fe ¿Os arrepentís de haber perdonado la vida a Lutero?
—Mucho, quizás lo que más en mi vida. Me arrepiento de haberle dejado marchar vivo cuando lo tuve en mis manos, allá en Worms, adonde acudió, tan arrogante como valiente, a defender sus ideas. Es por eso por lo que me hierve la sangre al conocer que su semilla se ha extendido por Castilla, de ahí que haya dado órdenes expresas a mi hijo que la extermine de raíz, que no quede nada de ella, y que no le tiemble la mano ante lo que pueda encontrar entre sus secuaces. ¡Y confío en que así sea!
—Mi señor Carlos, estuve esperando largo tiempo a que os decidieseis a tomarme como esposa. Recuerdo como si fuese ayer cuando se celebraron nuestros esponsales en los Reales Alcázares de Sevilla —¡qué bella ciudad! —. Cuando os vi me parecisteis apuesto y atractivo, pero ¿qué pensasteis vos de mí?
—El ser más bello sobre la faz de la Tierra. Hay que decirlo así: fue un flechazo, puesto que no nos conocíamos en persona, e incluso vos os llegasteis a casar conmigo por poderes antes de salir de Portugal. Pero fue vernos… Fuisteis la mujer a la que más amé en mi vida, y juro ante Dios que os fui fiel en todo momento y que nunca pensé en más mujer que vos porque erais, y aún seguís siendo, todo mi universo.
— ¿Recordáis los maravillosos días que pasamos en Granada? ¡Qué jóvenes éramos!
—¡Y tanto que los recuerdo! Aquellas salas con pavimentos de blanquísimo mármol, jardines deleitosos con limoneros, arrayanes, estanques de marmóreos muros, aquella fuente sostenida por tan fuertes y aguerridos leones. No conocí nada tan bello, excepto vos, en toda Europa. Y allí hubiéramos permanecido más tiempo de no ser por los graves contratiempos que surgieron en distintas partes de mi Imperio. Pero allí quedo una de las etapas más maravillosas de nuestras vidas que, después, se materializó en nuestro hijo Felipe.
—Por cierto ¿cómo se encuentra mi querido hijo? ¿Está preparado para sucederos?
—Lo está, podéis estar tranquila. Prudente y juicioso, no podría haber nadie mejor que él para continuar mi tarea. Son muchos y vastos los territorios que gobernar, pero reúne las condiciones para hacerlo sin que le tiemble el pulso.
—Me preocupa su felicidad. Sé de la muerte de su primera mujer, María Manuela, tan joven, y ahora está casado con nuestra prima María de Inglaterra, muy mayor para él. ¿No hay amor en su vida?
—Amor…—vuelve a suspirar—. ¿Acaso nos casamos enamorados vos y yo? Me temo que es una condición que no se nos permite expresar ni experimentar de manera tan abierta a quienes, como nosotros, velamos por los intereses de tanta gente. El amor queda en un segundo plano cuando de lo que se trata es de traer paz a este mundo, de lograr la estabilidad para que todo funcione. Felipe es consciente de su papel en esta vida, y lo acepta. ¿Conocerá el amor? Si el padre no sólo lo conoció, sino que lo disfrutó todo lo que pudo, ¿por qué no podrá hacerlo también su hijo?
—He pensado muchas veces en la decisión que tomasteis al dejarme al frente del gobierno de las Españas en vuestras largas ausencias. Habéis sido un hombre que ha confiado mucho en las mujeres ¿por qué?
—Porque me crie con ella y entre ellas, y en su inapelable juicio confío como si me fuera la vida en ello. Confié en mi tía Margarita, en mi hermana Leonor, en vos misma. Mujeres capaces de cargar con la responsabilidad de un hombre y no quejarse por ello, sino demostrar con más ahínco que esa responsabilidad era fruto de la confianza depositada. La tuve, y la misma que volvería a tener si volviera a vivir todo lo que he vivido.
— Vos que habéis viajado tanto, ¿en qué ciudad fuisteis más feliz?
—Es difícil responder a eso cuando han sido tantas las ciudades que he visitado y conocido. La que más de todas, Bruselas, y en España, Valladolid. Gante me vio nacer y este monasterio perdido en la Extremadura me verá morir, y de todas he tratado de aprender algo y en todas y cada una de ellas traté de ser feliz.
—No sé si os he dicho alguna vez que me habría gustado viajar con vos, al menos para conocer esos lejanos lugares en los que nacisteis o donde os coronaron como Emperador. Contadme de Gante, de Brujas, de Aquisgrán o de Bolonia.
—Y lo decís vos, que visteis la primera luz de vuestra vida en Lisboa, perla entre las perlas. Pero, para contentaros, os diré que Gante es hermosa en su belleza, en sus canales, en sus brumas en invierno y sus atardeceres sobrios en verano; que Brujas es el misterio de sus canales, la laboriosidad y meticulosidad de sus gentes, y una estufa siempre encendida en mis aposentos; que Aquisgrán suena a campanas pregonando la buena nueva del Emperador recién elegido, que huele a la gloria de Carlomagno, que se asienta sobre su leyenda y poder; y que Bolonia es siempre un Papa por esperar y un trono que ocupar, al igual que París es un dolor cuando te separas de ella, Toledo un sueño mecido en las orillas de un río, o Bruselas el descanso del Emperador.
—Hace tanto tiempo que os dejé que ya no conozco a muchos de los que os rodean. ¿A quién consideráis vuestro más fiel súbdito? ¿Y vuestro mejor amigo?
—Todo súbdito es fiel mientras lo quiera ser, al igual que ocurre con los amigos. La amistad es una dicha a disfrutar, pero también a conservar. Súbdito, en consecuencia, es aquel que te rinde homenaje y servicio, que te sirve y respeta, que te quiere y aprecia, que te alaba o reprende cuando es menester. Lo mismo que hace el amigo, y aquí, en Yuste, gozo de la suerte de tener a varios de ellos a mi alrededor como es el caso de mi fiel Méndez de Quijada, entre otros, ya que estáis esperando un nombre.
—Mi querido señor, ¿porqué vuestros aposentos están tan tristes, tan oscuros, tan lúgubres?
—Triste fue mi vida sin vos, tristes fueron las despedidas de quienes más quise, como vos, como mi hermana Leonor, o como mi misma madre, Juana. ¿Qué otra manera de guardarles, de guardaros a todos el respeto y amor o cariño que os profesé que esa?
— ¿Y todos esos relojes que veo? ¿Es que acaso creéis que podéis controlar el tiempo?
—En absoluto, pues sólo Dios puede hacerlo, pero es un entretenimiento que mi buen amigo Turriano me procura. Además, mantener en hora todos los relojes que hasta aquí he traído me distrae, me mantiene alerta. Por eso reservo momentos en los primeros momentos del día para mantenerlos todos en hora, para conocerlos mejor, para disfrutarlos, en definitiva.
—He oído a los monjes que habitan en este lugar que cuidáis vuestro propio jardín ¿Es cierto, mi señor Carlos?
—Procuro hacerlo, así es, siempre que la salud me lo permite. Como en el caso anterior, una manera como otra cualquiera de mantener la mente ocupada, aunque también en esos momentos de soledad, conmigo mismo, hablo con Dios y voy finiquitando las cuitas que tengo pendientes antes de su encuentro con él.
—Estoy segura de que la historia me recordará como la esposa de un gran emperador y la madre de un gran rey, pero vos ¿Tenéis pensado como os gustaría ser recordado?
—Pues… —se toma su tiempo para pensar—, como un hombre que quiso servir a Dios y hacer valer su palabra en todos los reinos que tuvo bajo su control. Y espero que como un buen esposo a pesar de todas mis ausencias —le dice mirándola—, y también como un buen padre.
»Mi señora, ¿dónde estáis? ¡No os veo! —Grita—.
El mayordomo entra corriendo, asustado. Encuentra a su señor bañado en sudor y con gran sorpresa en el rostro.
— Estoy bien, dejadme solo, si estáis por aquí ella no volverá…

Así pudo ser el sueño del Emperador Carlos unos meses antes de su muerte. Nosotros hemos disfrutado muchísimo dando vida a estos dos grandes personajes de nuestra historia.
Almudena Gutiérrez (Isabel de Portugal)
 Víctor Fernández Correas (Carlos I de España y V de Alemania)

Publicado en el número 7 de la Revista Pasar Página

sábado, 7 de julio de 2018

Codex Gigas



No hace mucho leí Codex Gigas de Óscar Sánchez Fernández y me pareció muy curiosa la historia de este libro, máxime cuando iba a viajar a Estocolmo y tenía la posibilidad de hacer una visita a la Biblioteca Nacional en la que se guarda.
Os diré que no me ha resultado fácil porque la Biblioteca tiene unos horarios muy restringidos, los sábados solo abre tres horas y los domingos permanece cerrada. Aún así, busqué un hueco el viernes a primera hora, antes de iniciar las rutas por las zonas turísticas, ésta no lo es, y me acerqué a este edificio que me encantó. Está en medio de un parque muy bien cuidado y se respira tranquilidad.


Para acceder hay que dejar en taquilla todo lo que lleves encima, aunque te permiten pasar el móvil para hacer fotografías sin flash.
Tuvimos que bajar al tercer sótano para llegar a la sala en la que se encuentra la cámara acorazada en la que guardan este tesoro. Comparte espacio con mesas de estudio y muchas personas consultando libros o documentos, tanto en papel, como en formato digital.
El libro está cerrado dentro de una gran urna pero lo han digitalizado por lo que puedes admirar sus páginas, una a una, a tamaño natural. Es una obra de arte, sus dibujos, sus letras capitales, sus colores, toda su estética. La famosa pintura del diablo da un poco de risa, parece un muñeco con pañal.

¿Conocéis su historia?

Es una Biblia de 624 páginas en pergamino,  con unas dimensiones de 92 x 50,5 x 22 cm y un peso de 74 kilos, lo que la convierte en el manuscrito medieval más grande conocido. La escribió el monje benedictino Herman, en un monasterio de Podlazice (República Checa), a principios del siglo XIII, como castigo por haber traicionado sus votos. La leyenda cuenta que se ofreció a escribirla en una sola noche,  y al darse cuenta de que sería incapaz de conseguirlo hizo un pacto con el diablo, que le ayudó exigiendo quedar inmortalizado con una pintura en la propia obra.
Los estudiosos afirman que el monje habría tardado entre cinco y veinticinco años (no se han puesto de acuerdo), en escribir el magnífico libro, recluido en una celda.
Quedan todavía varias preguntas sin contestar, como que se haya demostrado que la tinta utilizada es siempre la misma, lo que implicaría que se escribió en no más de 72 horas y que no se encuentren señales de cansancio en la escritura, en ninguna de las páginas. Misterios sin resolver que hacen todavía más interesante visitar y admirar este libro que está en Suecia desde que, hace más de tres siglos, fuese tomado por un militar sueco como botín en la Guerra de los Treinta Años.
(Publicado en el blog de la Revista Pasar Página).

domingo, 1 de julio de 2018

Se llamaba Manuel: Mi opinión



Sinopsis:

El cuerpo del joven Manuel Prieto aparece en el Cerro Garabitas de la Casa de Campo de Madrid el día de Nochebuena de 1952. Gonzalo Suárez, inspector de segunda del Cuerpo General de Policía, se hace cargo del caso. Un caso que, sin saberlo, cambiará su vida tal y como la conoce.
El teniente Arturo Saavedra negocia los términos del acuerdo que permitirá a Estados Unidos establecer bases militares en España. Y lo hace por convicción, pero también por interés personal: las negociaciones son la puerta abierta a la nueva vida que ansía por encima de todo.
Marga Uriarte vive con odio. En el pasado coqueteó con el entorno del Partido Comunista de España. Ahora, un viejo conocido le pide ayuda en nombre del partido. Lo que parecía un mero trámite para ganar algo de dinero se convierte en una oportunidad inmejorable para saldar cuentas con su pasado.
Tres historias que se desarrollan en una España en la que, se aseguraba, había empezado a amanecer. Aunque no para todos.

Mi lectura:

Un preámbulo que ya nos anticipa que nuestra lectura será dura, da paso a un primer capítulo en el que la mañana de Nochebuena de 1952 aparece muerto Manuel. Sí, porque el personaje que da nombre al título, ya está muerto cuando comienza el libro.
En capítulos cortos nos vamos a encontrar con tres historias paralelas, la de Gonzalo Suárez, policía encargado de investigar el asesinato de Manuel, la del militar Arturo Saavedra, muy cercano a la camarilla que visita a Franco en El Pardo y a Maga Uriarte, una bella mujer con un triste pasado.
A los tres nos los va a mostrar con sus aciertos y sus miserias, perfilando unos personajes a los que terminaremos conociendo muy bien, queriendo y odiando. Por supuesto están acompañados por unos secundarios de lujo, de los que yo me quedo con Canelita y con Rosa Prieto, la madre de Manuel, por la ternura que me han producido.
La música es la cuarta protagonista. Se puede decir que es una novela con banda sonora. También nos lleva al cine de esa década y, cómo no, al futbol, Gonzalo es un sufridor como seguidor del Atlético de Madrid.

Con un magnífico trabajo de documentación, nos muestra el Madrid de 1952-1953, ese en el que parecía que la guerra y la posguerra ya eran solo historia pero en el que seguía existiendo una brecha enorme entre los vencedores y los vencidos, entre los ricos y los pobres. Un Madrid gris de casas señoriales, criadas con cofia y miseria, mucha miseria. Un Madrid negociando con los americanos para romper el aislamiento internacional, con unos gerifaltes que no están a la altura, modélicos maridos de día y puteros de noche, a los que solo les mueve su propia ambición.
Política, espionaje, investigación, clandestinidad, prostitución, una pizca de amor…todo cabe en este magnífico libro que nos retrata una época y en el que el autor consigue ir entrelazando las historias para que todas acaben siendo una y mantengan la intriga del lector.
No deja nada sin cerrar, ni la más mínima historia que nos cuenta. Todo tiene una explicación y un final. Probablemente no sea el final más bonito, aunque sí el más lógico, porque ha buscado ser realista, mostrarnos las cosas como son, por duras que sean, sin recrearse en ellas pero describiéndolas con la crudeza necesaria.
Es en resumen una gran novela en la que ha sabido fusionar la Historia de España con unos personajes de ficción creíbles y muy trabajados.

Mi opinión personal:

Tengo especial cariño a esta novela, porque el autor me dejó leer el manuscrito para que le confirmase que las zonas de Madrid por las que discurre el libro, estaban bien descritas. Ya sabía yo antes de comenzar la lectura que no iba a encontrar ni un pero, porque Víctor es un escritor concienzudo que trabaja con un mapa a su lado y camina por los lugares por los que caminan sus personajes, pero me hizo muchísima ilusión que contase conmigo y devoré la lectura, quitándome horas de sueño. No pude dejar de comentar en Facebook que había leído un magnífico libro del que no podía hablar. Que Versátil haya creído en él, como lo hicimos aquellos que lo leímos hace meses y a los que nos enamoró Marga, odiamos a Arturo e intentamos comprender a Gonzalo, me ha llenado de alegría. Ahora lo he vuelto a leer y sigo opinando lo mismo, Se llamaba Manuel se merece estar entre los grandes.


jueves, 21 de junio de 2018

Reflexiones de verano (El Valle de los Caídos)



Hace tiempo que decidí no hablar de política en las redes sociales, porque el respeto escasea, pero como dice mi amiga y escritora Mayte Esteban, esta es mi casa y aquí puedo decir lo que me apetezca.
El pasado otoño acudí a un coloquio entre dos grandes escritores, Lorenzo Silva y Víctor del Árbol y el tema principal se desvió y terminaron hablando de El Valle de los Caídos. Los dos tenían claro que no debía ser lo que es hoy día, pero cada uno le daba una utilización diferente, museo de la memoria histórica o archivo general de la Guerra Civil, creo recordar.
Nunca me he pronunciado sobre el tema fuera de mi entorno más íntimo pero ahora me apetece opinar.
Esta semana han circulado por televisiones y prensa escrita, declaraciones de la familia Franco, una carta de su nieto e incluso una propuesta en Change.org pidiendo firmas para que dejen descansar a los muertos en paz.
Y yo, echando mano de la historia, de mi historia, recuerdo cuando mi abuela siempre contaba que, cuando murió mi abuelo lo enterraron en una tumba en la que solo podía estar un número de años, desconozco cuantos, porque no tenían dinero para comprar una sepultura. Transcurrido ese tiempo, se hacía un recogimiento de restos y se llevaban a una tumba común con muchísimos otros. Esta práctica se ha seguido haciendo hasta hace muy poco, cuando la incineración ha supuesto un desahogo a los que no pueden o no quieren gastar en el cementerio más dinero del imprescindible.
Y entonces yo pregunto a todos estos que están firmando esa absurda petición, si los huesos de Franco son más valiosos que los de mi abuelo o los de tantos otros. ¿Por qué nadie pidió nunca que dejasen descansar a los muertos en paz?
Porque lo que se está pidiendo es que las familias de Franco y Primo de Rivera recojan los restos de sus seres queridos y se los lleven a enterrar dónde ellos quieran, con el respeto que merecen los muertos.
No voy a entrar en la Memoria histórica, de eso hablaré otro día, ni en los que sufrieron construyendo el mausoleo, pero lo que no es de recibo es que se siga idolatrando públicamente a un dictador. Ya sé que tiene defensores, algunos que ni siquiera había nacido durante la dictadura, pero también los sigue teniendo Hitler o Pinoched, por poner dos ejemplos que se me vienen a la cabeza.
No recuerdo que político socialista ha dicho que mover este tema no es urgente, pero es el momento y le doy toda la razón. ¿Que va a separar a los españoles? Sinceramente, a los que veneran esta figura no los puedo considerar demócratas y no caben en mi idea de España, así que si abrimos una brecha con ellos, me da exactamente igual.

miércoles, 20 de junio de 2018

El último baile de Marisa Sicilia.




Marisa Sicilia comenzó a escribir un buen día de julio de 2010, convirtiéndose en una adición que la ha llevado a publicar ocho novelas. Le gusta cambiar de época, variar los esquemas, tratar de sorprender y, con un poco de suerte, conseguir emocionar.

Le parece muy divertido escribir novelas y le gustaría más que también lo fuese leerlas.
Si queréis saber más sobre ella y conocer todos sus títulos, podéis visitar su blog http://marisasicilia.blogspot.com/

Viena, 1952.
Andreas y Lilian se reencuentran inesperadamente en un café tras una larga separación. Mientras pasean juntos por el Prater, Lili recuerda su historia de amor con Andreas, su enamoramiento incondicional y juvenil, el primer desengaño, el fracaso en su intento de olvidarlo, la reconciliación y los años locos que vivieron juntos en el salvaje Berlín de entreguerras. Recuerda cómo, a pesar de las separaciones y las distancias, nunca dejaron de amarse.
Porque el de Lili y Andreas es uno de esos amores que perduran a través del tiempo y las pruebas.
Porque las verdaderas historias de amor nunca terminan.

El último baile se desarrolla en los convulsos años que vivió Europa entre 1921 y 1938. Nos cuenta la Historia con mayúsculas, en especial todo lo sucedido en Viena y Berlín, las dos ciudades en las que vivirán nuestros protagonistas, Lilian y Andreas, en el periodo de entreguerras.
Con una historia de amor como pretexto, y con una magnífica labor de documentación, nos cuenta los años que cambiaron el rumbo de millones de personas que tuvieron que luchar por sobrevivir, por olvidar una Gran Guerra, sin poderse ni imaginar lo que les esperaba. De la vida fácil, el lujo, el desenfreno, al miedo, la miseria, los campos de concentración. Una delgada línea que puede cambiar nuestra vida.
Marisa Sicilia lo narra con una fluidez y una sencillez que nos absorben haciendo una lectura adictiva y queriendo saber más de los personajes y del mundo que les rodea. Un mundo cruel en muchas ocasiones, en el que las mujeres no tienen poder de decisión y suelen estar dominadas por sus padres o sus maridos.
Lilian, la jovencita debutante en el baile de la alta sociedad vienesa de 1921 que se convierte en una mujer luchadora, defendiendo su amor por encima de todo.
Andreas, el hombre atractivo al que Lilian ama desde siempre, con una personalidad compleja y al que me habría gustado abofetear en algún momento.
La autora consigue la difícil labor de que nos podamos meter dentro de sus personajes. He sufrido con Lilian, he olido su perfume y admirado sus vestidos en las noches locas de Berlín. No he tenido problema en imaginar a Andreas abatido, o su mirada azul profunda.
Conforman una historia de tal intensidad, que los personajes secundarios casi pasan desapercibidos, aunque tienen gran importancia y están muy bien descritos. Nadie sobra.
Mi abuela siempre decía que en toda pareja uno tiraba del carro y otro se dejaba llevar subido encima. Mi opinión es que en esta historia, Lilian tira del carro todo el tiempo y Andreas se deja llevar, algo muy complicado en los años veinte. Y ese es otro de los méritos de esta novela. No es un amor de empalago, sino real, con sus luces y sus sombras.
No quiero contar nada más. Os invito a leer esta preciosa novela histórica con una bonita historia de amor de fondo, o esta historia de amor con una magnífica lección de historia de fondo.


miércoles, 13 de junio de 2018

Un hotel en ninguna parte: Mi opinión


No me gusta mucho etiquetar las novelas que leo y por este motivo desconocía el método narrativo llamado «feel good» hasta que descubrí a Mónica Gutiérrez e indagando sobre ella me encontré con que se la considera una de las mejores escritoras de este género en España.
Para aquellos que no lo sepan «feel good» son historias sencillas, en las que priman los buenos sentimientos y en las que la lectura busca dejar un poso positivo. A mí personalmente me parecen cuentos de hadas para adultos.
Pues dicho esto, yo necesitaba leer algo que supiese que no me iba a decepcionar y que me asegurase una sonrisa y recordé que tenía pendiente Un hotel en ninguna parte.

Resumen:

Cuando Emma Voltarás acepta trabajar ese invierno en El Bosc de les Fades, un excéntrico hotel emplazado en el corazón de un bosque, poco puede imaginar que va a resultar ser la mejor de las segundas oportunidades que a veces concede la vida. Sumida en el tiempo fuera de descuento de El Bosc de les Fades, Emma descubrirá que la amistad y la esperanza pueden encontrarse en cualquier lugar, por muy escondido que esté. Quizás de la mano de una camarera de habitaciones hada madrina. O de una niña extraordinaria. O de un viejo escritor necesitado de ternura. O de un cocinero que le abrirá las puertas de los escenarios. O de un surfero que se hace mayor a su pesar. O de una jardinera susceptible, preocupada por sus violetas. O, quizás, de la mano de un hombre huraño y maravilloso, capaz de devolverle la ilusión de bailar sobre zapatos de cristal entre las flores de un jardín encantado.
No importa que el lugar en donde estés no aparezca en un GPS: cuando el amor viene a por ti, te encuentra.
Sin mapas. Sin prisas. Sin condiciones. Ven a perderte en El Bosc de les Fades.

Mi opinión:

Emma me ha cautivado, pero no ha habido un solo personaje que no me haya parecido maravilloso. Los hermanos Samuel y Tristán, el señor Linvingstone, el cocinero, la camarera y su hija y el recepcionista gruñón.
La formula narrativa, los correos electrónicos que escriben Samuel y Tristán a su madre y Emma a su mejor amiga, nos sirven para familiarizarnos con todos los habitantes del hotel, a través de lo que se cuenta en ellos y cómo se cuenta. Aunque nunca podemos leer las respuestas, no es difícil imaginárselas y encariñarnos con las dos destinatarias de los correos.
Pero por encima de todo está el lugar, El Bosc de les Fades, ese enigmático hotel difícil de encontrar, con algún que otro fantasma, o no, en el que Emma podrá reencontrarse a sí misma y el lector envidiarla por no poder pasar allí unos días.
Es una lectura absorbente pero sencilla, bien escrita, bien construida, en la que podemos sentir la música, la comida, las flores y hasta el olor del buen té.
No puedo más que invitaros a leerla, no os decepcionará.

domingo, 3 de junio de 2018

CUARENTA

El tres de junio de 1978 amaneció con un inesperado calor después de haber diluviado durante dos días. Yo me casaba en Illescas, a 30 kilómetros de Madrid, en una época en la que lo normal era casarse en la parroquia del barrio, pero las circunstancias me pusieron en bandeja una boda de ensueño. No salí vestida de novia de la casa de mis padres, para disgusto de las vecinas, y me vestí en una suite en el Complejo de Jose Luis, lugar en el que se celebraba, tanto la ceremonia, como el banquete. Mi padre me llevó al altar, como manda la tradición, muy a su pesar porque yo solo tenía dieciocho años, y le costaba desprenderse de su hija querida.
Mientras la selección española debutaba ante Austria, perdiendo por 1-2, en el recién inaugurado Mundial de Fútbol de Argentina,  yo me casaba con el hombre que había elegido para compartir mi vida.
Y aquí estamos, cuarenta años después, celebrando con un viaje haber conseguido superar las pruebas que la vida ha ido poniendo a nuestro matrimonio. La primera y la más difícil, aprender a convivir. Después viene la educación de los hijos, las enfermedades, la pérdida de nuestros padres, nos hemos ido curtiendo juntos y ayudándonos a sanar las heridas. También hemos compartido momentos preciosos, el nacimiento de nuestros hijos, sus éxitos en la vida, sus bodas, convertirnos en abuelos, sonrisas y complicidad que nos han permitido llegar hasta aquí.
Y discutir, discutir muchísimo. ¿Por qué no decirlo? Creo que ese es nuestro secreto: estar de acuerdo solo en las cosas más importantes y ser opuestos en todo lo demás.
Pero, sinceramente, no concibo mi vida sin la persona que me ha acompañado durante todo este periplo, con nuestros malos y buenos momentos, escribiendo cada día páginas nuevas en nuestro libro.
Las llaman bodas de rubí, cuarenta años juntos, nada más…y nada menos.
Acabo con unas palabras que le he cogido prestadas a Mikel Alvira «La felicidad no es algo que se alcanza sino algo que se construye» Nosotros llevamos cuarenta años construyendo la nuestra y, en muchos momentos, lo hemos conseguido.