miércoles, 14 de febrero de 2018

Generalizar no es bueno


Seguro que habéis oído alguna vez hablar negativamente de una persona por haberse criado en un barrio de los denominados marginales, seguramente sin conocerla, juzgando a la ligera.
Y comento esto porque en la casa en la que vivo desde hace muchos años, han crecido y se han educado mis hijos y los hijos del resto de vecinos. Todos en el mismo edificio, del mismo barrio, con unas familias de similares características, trabajadoras, con pocos estudios universitarios y pocos idiomas.
Nuestros hijos han ido a colegio público, a colegio de monjas o a colegio de frailes, lo que había y hay en la zona, han jugado en Las Vistillas o en la plaza de Los Carros y han nadado o jugado a futbito en el desaparecido polideportivo de La Latina.
La mayoría de ellos, han estudiado carreras universitarias, hablan bien inglés e incluso algún otro idioma y no les falta trabajo.
Sobre el papel, no debería haber grandes diferencias culturales y de educación entre unos y otros y, sin embargo, las hay.
Ayer me encontré con la cara y la cruz: dos de esas vecinas de segunda generación a las que no veía desde hacía mucho tiempo. Una de ellas, educada y amable, la otra, dejaría en muy mal lugar a las verduleras si la llamase con ese apelativo.
Todo esto me ha hecho pararme a reflexionar lo injusto que es generalizar, para bien y para mal. Siempre hay excepciones a todas las reglas. Primero conozcamos y luego juzguemos, ¿no os parece?

lunes, 12 de febrero de 2018

Más que cuerpos: Mi opinión



Más que cuerpos de Susana Martín Gijón

Esta es una opinión diferente porque voy a participar con la autora, el próximo día 21, en un club de lectura organizado por la Librería Compás para a hablar de este libro, y me parecía esencial haberlo leído.

Pero por otro lado quiero escribir lo que me ha parecido sin que el conocer a Susana pueda afectar a mi opinión inicial.



Sinopsis
Hay algunos crímenes invisibles. Crímenes que apenas dejan tras de sí un titular de prensa y una investigación policial rutinaria que pronto se convierte en estadística y archivo.
Cuatro amigas con un tatuaje en común desaparecen sin dejar rastro. Una mujer es asesinada a golpes por su pareja. Una prostituta se suicida en extrañas circunstancias.
Annika Kaunda, policía especialista en temas de género, descubre una conexión entre estos tres casos condenados al olvido. Ante la indiferencia de sus superiores y las prisas por dar carpetazo al asunto decide seguir en secreto las pocas pistas disponibles. Si sus sospechas fueran ciertas, estos crímenes invisibles podrían ocultar una trama tan terrible como cercana.

Mi opinión


La novela está bien, su lectura es fácil, con capítulos cortos y mantiene intrigado al lector pero…
Me ha gustado que se desarrolle en Mérida, ciudad que conozco y que se aparta de los escenarios habituales de las novelas policíacas.
No he conseguido imaginarme a la protagonista como una policía negra. Será porque no conozco ninguna, en mi cabeza ha sido blanca.
La autora ha querido hacer una denuncia  de muchos de los problemas que afectan a la sociedad actual, la violencia machista, la explotación sexual, la trata de blancas, el sida, la memoria histórica, el acoso laboral, el mercado negro, la orfandad, la precariedad laboral, tantos que no puede entrar a fondo en ninguno de ellos, quedándose en la superficie.

Me habría gustado que hubiese desarrollado más la investigación principal, ya que me parece que hay dos subtramas que no aportan nada a la novela y que, aunque luego encaja todo para enlazar unas piezas con otras, queda un poco forzado y precipitado.


Buscando los datos del libro para esta reseña me he enterado de que es la primera de una trilogía con historias independientes y protagonista común y he pensado que puede que en esta haya querido perfilar a tantos personajes porque en las otros dos son importantes y de ahí las tramas de secundarios que no me han parecido necesarias.
Habrá que seguir leyendo…


jueves, 8 de febrero de 2018

Juntos



Se habían conocido cuando él ya no estaba en la plenitud de su juventud, aunque seguía siendo joven, y llevaba sobre la espalda una relación herida de muerte.
Se enamoraron y decidieron emprender una vida juntos, poniéndose el mundo por montera, huyendo de los estereotipos, usando el corsé social, que tanto nos aprieta a veces, solo cuando era imprescindible, disfrutando de sus respectivas familias en los momentos en los que su presencia era requerida, en lo bueno y en lo malo y viviendo la vida a su manera, ni mejor ni peor que la de los demás, simplemente, diferente.
Trabajando porque hay que vivir y qué mejor que poder hacerlo en cosas que te gustan, defendiendo los ideales que comparten y luchando por todo aquello en lo que creen, de diferente manera según se han ido haciendo mayores, pero manteniendo sus principios intactos. Los viajes al norte o al sur, las películas en versión original, vivir sin televisión, defender la vida de barrio en tu propio barrio, los proyectos solidarios…
Juntos han compartido las enfermedades de sus padres, la vejez de los seres queridos, la orfandad y también la alegría del aumento de sus familias.
Lo que más me gusta es que siguen teniendo, muchos años después, esa sonrisa al mirarse, esa alegría en sus ojos que, si no es amor, se parece mucho. Me imagino el diálogo, una tarde del caluroso verano de Madrid, oliendo a jazmín, sí, porque en su casa huele a jazmín.
— ¿Y si nos casamos?
— Me parece bien, es mejor tener las cosas arregladas. Lo miro ahora mismo, a ver qué hay que hacer…
Y así, sin más preámbulos empezó a girar la rueda de la burocracia, era un gesto necesario pero sin ningún símbolo, era un trámite. Lo importante ocurrió hace ya muchos años, sin firmas y sin papeles, el día que decidieron unir sus vidas.

Hoy hace un día gélido, de esos que se recuerdan porque al termómetro le ha costado llegar a los números positivos Y hoy…se han casado.

lunes, 5 de febrero de 2018

Vida y milagros de un ex: Mi opinión

Vida y milagros de un ex de María José Moreno.

Sin ninguna duda, te harás fan de Baldomero: un pobre hombre, con bastante mala suerte, sin trabajo, al que su mujer ha abandonado y ha vuelto a vivir a casa de su madre.
Divertida, simpática y entretenida, esta novela confirma el refrán: «Hay quien nace con estrella y quien nace estrellado».

Ayer estaba buscando qué libro comenzar a leer, cuando me encontré con éste que esperaba hace tiempo a que me decidiese a abrirlo. Lo hice porque es muy cortito e iba a ser una lectura rápida, tanto, que lo tuve que acabar, porque fui incapaz de acostarme sin enterarme de lo que le pasaba al pobre Baldomero.
Está escrito como nos tiene acostumbrados María José, es decir, muy bien, con un gran sentido del humor, contándonos la historia de un pobre hombre que cae bien desde el primer momento. Es una lectura para pasar un rato muy agradable, os puede endulzar un mal día, os lo aseguro.

sábado, 3 de febrero de 2018

LA CONSPIRACIÓN DE YUSTE: Mi opinión.


LA CONSPIRACIÓN DE YUSTE: HAY QUE MATAR A CARLOS V de Víctor Fernández Correas.

Conozco hace tiempo a Víctor  y ya sabía antes de comenzar esta lectura que escribe muy bien y que no hace nada sin documentarse primero a fondo, por respeto al lector y a sí mismo y que, por tanto, no me iba a decepcionar.
También quiero aclarar que para acercarse a este libro hay que ser amante de la historia y de este género, la novela histórica.

Sinopsis:

Año 1558. El capitán flamenco Bertrand de Brugge es el oficial al mando de la seguridad de Carlos V en su retiro de Yuste. Sin embargo, la paz imperial pronto se verá alterada. Dos luteranos de Valladolid ―porque hasta en Castilla, el corazón del Imperio, ha prendido el cisma protestante― intentarán por todos los medios acabar con la vida de Carlos V. Ésta es la trama de una novela de cuidada ambientación que recorre con intriga escenarios que van desde Extremadura a Brujas. La Inquisición, a través de un extraño personaje, persigue con saña a los herejes y De Brugge, antiguo tercio de Flandes que recuerda su glorioso pasado en victoriosas batallas, deberá sortear todo tipo de obstáculos para impedir que el magnicidio tenga lugar.

Mi opinión:

Carlos V es una figura histórica que me apasiona y he encontrado en este autor un pozo de sabiduría ya que para escribir este libro se ha documentado de tal manera que conoce a fondo al personaje y todo lo que le rodea.
Se sirve de una trama muy concreta para pasearnos por la Castilla de 1558, nos muestra sus hermosos parajes, sus costumbres, la vida en Valladolid, las intrigas palaciegas, y la forma de actuar de la Inquisición, con el beneplácito de la corona.
Por otra parte, nos enseña como es el día a día en el Monasterio Jerónimo de Yuste, lugar elegido por el Emperador Carlos V para vivir retirado hasta su muerte. Describe con maestría la vida de los frailes, del lector del emperador, del confesor, del médico, del secretario, del mayordomo, de su guardia personal y de los vecinos del cercano pueblo de Quacos.
La primera parte es una lección de historia aunque descrita de forma amena. Pero la segunda mitad se convierte en una lectura trepidante en la que apetece leer una página más para conocer algo más de la trama.
El personaje de Bertrand de Brugge me ha parecido conmovedor y su relación con el soldado Dávila, un homenaje a la verdadera amistad. De Marín Sanjuán, que me ha entusiasmado, no quiero contar nada porque merece la pena leer su historia.
Es, en resumen, un gran libro que enseña y entretiene a la vez. Muy recomendable, insisto, para los amantes de la historia.

viernes, 2 de febrero de 2018

Los atardeceres florentinos



Últimamente he descubierto lo que me gustan los atardeceres. Os parecerá algo tonto, pero desde que me he aficionado a la fotografía, disfruto mucho más observando los atardeceres y buscando esos colores que sólo se pueden ver cuando el sol está a punto de esconderse.

En Florencia hay uno famoso, el que se contempla desde la plaza de Michelangelo, uno de los puntos más altos de la ciudad y desde el que se divisa el Arno con sus puentes y unas vistas espectaculares, que abarcan todo el casco histórico.
Hay que llegar con tiempo si se quiere acceder a un buen sitio. La subida hasta aquí es costosa para hacerla caminando. Nosotros decidimos coger un taxi, nos costó nueve euros y mereció la pena. También hay dos líneas de autobuses que hacen este recorrido.
Esta gran plaza está situada a media altura de la boscosa colina del Monte Alle Croci, que se eleva frente a la ciudad en la orilla sur del río Arno.
En el centro de este famoso mirador, están las copias del David y de las cuatro estatuas de Miguel Ángel presentes en las Capillas de los Medicis. También muchos puestecillos ambulantes, con phasminas, monederos, bolsos. 
Según va cayendo el sol, el paisaje te envuelve, el río dorado, los puentes, los reflejos de los edificios, inolvidable. 
Unos actores aprovechan para hacer su espectáculo de acrobacias, al pie de la gran escalinata que tiene la plaza y que se convierte en un improvisado anfiteatro. 
Mirando hacia arriba se divisa la Iglesia de San Miniato al Monte, cuya fachada románica cubierta de mármol, con los brillos de los últimos rayos de sol, se quedará grabada como un bonito recuerdo. 
Ahora sí, la bajada la hacemos caminando por unas escaleras monumentales, Rampe del Poggi, para entrar al otro lado de la ciudad a través de la muralla, cruzando el Arno por el puente Alle Grazie. Ya es de noche. 

Otro de los atardeceres con embrujo es el que se disfruta desde los puentes. Hay que estar varios días para conseguirlo. Para ver cómo va cambiando la luz en el puente Vechio, hay que contemplarlo desde el puente de la Trinidad, o al otro lado, sin alejarse demasiado, para ver los reflejos que deja en el río. Creo que es una de las imágenes más bonitas que me llevé de esta ciudad, el reflejo del Puente Vechio en las aguas del Arno.

El último atardecer al que me voy a referir es el que se puede contemplar en El Duomo. 

Al estar toda la fachada cubierta de mármol multicolor, blanco de Carrara, verde de Prato y rojo de Siena, los reflejos hacen un colorido indescriptible, oscureciendo unas partes e intensificando el brillo en otras. Cuando el sol se esconde completamente, ya es otro edificio, blanco, totalmente diferente al que podemos ver por la mañana. Todas las noches volvíamos aquí, tarde, cuando los turistas ya se han retirado, y en la plaza hay silencio. Nos sentábamos en uno de los bancos de piedra y, durante unos minutos, simplemente disfrutábamos.










viernes, 26 de enero de 2018

Visitar los museos florentinos.



Hace varios meses que visité Florencia, que me entusiasmó y dará lugar a más de una entrada en este apartado de viajes, pero lo que os quería contar hoy es todo lo relacionado con las entradas a los grandes monumentos de la ciudad, que ningún turista nos queremos perder.
Viajábamos cuatro personas, una de ellas con una minusvalía del 33%.
Como planificamos con mucha antelación y me pareció entender en las páginas de compra de entradas que las personas con esta minusvalía tenían acceso gratuito e inmediato, sin esperas, escribí para confirmarlo y me contestaron amablemente y bastante rápido, que efectivamente era así, y que se extendía también a un acompañante. Por tanto, solo había que comprar dos entradas.
Habíamos decidido llevar reservadas la de La Galería de los Uficci y las de la Galería de La Academia. Nos dirigimos a la página oficial www.florence-museum.com/es/reservar-entradas.php
Pagamos 16,75 por cada entrada más 4,75 de comisión es decir 86 euros. Lo que nadie explica, ni en estas páginas ni en ningún lugar que yo encontrase, es que el precio real de las entradas es de 8 euros y que este pago te da derecho a entrar sin hacer fila, sin esperar o con una espera mínima, pero pagas casi el triple por cada entrada, insisto, en la página oficial. (Esto es extensible al resto de monumentos)
Probablemente, lo volveríamos a hacer, porque estábamos en el mes de junio, hacía muchísimo calor y nuestro tiempo para visitar todo lo que queríamos era limitado, pero sería un detalle que te informasen.

El segundo punto que quería tratar es el del Duomo y la famosa cúpula de Brunelleschi. Esta maravilla no se puede ver accediendo a la planta de la catedral, si no comprando una entrada de acceso a la cúpula. El problema es que se llega a ella a través de 463 escalones. No hay otra manera.
Me dirigí a la oficina situada en la misma plaza del Duomo, para explicar que si se tiene una minusvalía no se pueden subir 463 escalones y, puesto que la entrada para él es gratuita, le dejasen acceder a través de la nave central de la iglesia para verla desde abajo.
Imposible. Si eres minusválido te quedas sin ver la magnífica cúpula porque, aunque durante el culto no prohíben el tránsito, es prácticamente imposible contemplarla, ya que hay personal del templo pidiendo que no se camine durante la celebración de la misa. 
En fin, que ahora que se está empezando a cuidar la accesibilidad, esto que se solucionaría fácilmente, no se lleve a cabo. Entiendo que no sea factible poner un ascensor, pero permitir que se contemple desde abajo, no es tan complicado.
Continuará...