martes, 8 de agosto de 2017

El Noviembre de KATE: Mi opinión.

El Noviembre de KATE, de Mónica Gutiérrez.

De este libro me gustaron el título, ya que noviembre es mi mes, la portada, sencilla,  y que viniese recomendado por amigas con gustos afines a los míos.

En mi larga lista de espera, encontró su momento después de una lectura intensa. Necesitaba algo agradable y fácil.

Es el primero que leo de esta autora y me ha gustado mucho su forma de escribir y sus guiños, en forma de comentarios, al lector.

Escrito en primera persona por cada uno de los dos protagonistas, alternando sus capítulos son, desde el primer momento, unos personajes cercanos a los que nos apetece conocer más.

A lo largo de la novela nos va insertando temas tan interesantes como el cariño fraternal, la verdadera amistad, el compañerismo, la venganza, la falta de autoestima, la presión laboral, el miedo ante los cambios, la cobardía, los legados familiares, los favoritismos hacia un hijo y, por supuesto, el amor.

Con la informática de fondo, una tormenta blanca increíble y una casa de cuento, nos transporta al mundo de Kate, del que nos hace partícipes.

Sus descripciones consiguen que el lector pasee por el maravilloso jardín de un ruinoso edificio, o saboree las mejores tortitas y un pan recién hecho, al calor de una casa con tres chimeneas.

Los personajes secundarios son fabulosos, dando giros inesperados.

Es, en resumen, una lectura muy agradable y que me invita a volver a leer a esta autora.

Muy recomendable.


martes, 11 de julio de 2017

Un café a las seis: Mi opinión.

He leído todos los libros de Pilar Muñoz.

La conocí a través de las redes sociales, como a otros grandes escritores perdidos entre los autores famosos, aunque sus obras merezcan estar siempre en lo más alto.

Lo primero que leí de ella fue Los colores de una vida gris, un libro que me impactó, que he recomendado y que quedará siempre entre esos que no se olvidan.

Ellas también viven magnífico libro de relatos que nos ha dado a conocer en Facebook y que acabé leyendo pausadamente, como se merece.

¿A qué llamas tu amor? A pesar de ser de tinte erótico, género que no frecuento, está escrita con tal sensibilidad que me fue muy agradable su lectura.

Y llego a la última que ha publicado

 Un café a las seis

La compré el día que salió, pero estaba sumida en una lectura que no quería dejar a medias y tuve que esperar hasta anoche, tarde, para empezar a leerla. La dejé en el punto justo en el que supe que, si seguía, no me acostaría.

Hoy la he retomado en la hora de la siesta, no suelo leer por la tarde, y he avisado a mis amigas para que no me esperasen para jugar a la canasta, tenía que acabarla.

Me ha cautivado, me ha removido, me ha hecho recordar todas las veces que me he planteado en mi vida si había tomado la decisión correcta, decisiones que han tenido grandes consecuencias y que, a veces, me han hecho mirar hacia atrás, aunque nunca me he arrepentido seriamente del camino elegido.
He recordado mis años de Instituto, de Bachillerato. Ese viaje fin de curso que no salió de la Península y que llevó a mis compañeros a Benidorm, al que yo no pude ir porque la vida, como en el libro, eligió por mí. Me he planteado como serán mis compañeras hoy, tantos años después. Qué habrá sido de sus vidas. Sólo conservo amistad con una de ellas.

En este libro, Pilar no escribe palabras, si no sentimientos. Me ha hecho reír, llorar, emocionarme, e incluso envidiar un amor de la magnitud del que vive Raquel, un amor que confieso no he vivido con esa intensidad a pesar de llevar treinta y nueve años casada.

Repleto de frases que recopilaré para mi cuaderno de frases bonitas, en una relectura, ya que me ha absorbido de tal manera que no me he parado en tomar ninguna nota, pues implicaba dejar de leer.

Me han emocionado hasta los agradecimientos.

De verdad que no exagero nada. Es un libro precioso, que no podéis dejar de leer.


No quiero terminar sin decir que Pilar Muñoz se merece estar entre los grandes, porque además de escribir muy bien, se atreve, se arriesga y lucha, en un mundo hostil.




Almudena cumple seis meses

Almudena, la que lleva mi nombre y el de su madre, mi tercera nieta, ha cumplido seis meses.

La ilusión vivida cuando fui abuela por primera vez, con Victoria, se vio colmada cuando nació Manuela, hija de mi hijo, tan diferente,
pero tan querida.

Al nacer la tercera, con una diferencia de dos años con la mayor, las comparaciones estaban servidas. Teníamos muy reciente lo de las otras dos.

Pero en seis meses se ha ganado su espacio.

Es una niña grande, con una cara preciosa, pelo rubio, ojos claros y una sonrisa que derrite.
Además es tan buena, que se nos olvidaba que estaba, y  las otras dos polvorillas acaparaban toda nuestra atención.

Ahora, que empieza a emitir sonidos para hacerse notar, y a darse cuenta de que se está muy a gusto en brazos, tenemos que dividirnos para hacerla partícipe de nuestras vidas, más allá de sus necesidades vitales.

Se ríe en cuanto ve a su hermana y la sigue con la mirada, mueve mucho las manos, le molesta el sol, el viento y el ruido del mar, pero le encanta rebozarse en la arena y tocar el césped.

Tiene una relación especial con su madre, recíproca. Nota cuando se va de casa y empieza a llorar desconsoladamente. Ahora ya hemos aprendido a calmarla pero, hasta hace poco, la dependencia era absoluta.

El tiempo pasa muy rápido, demasiado, por eso procuro disfrutar al máximo de esta felicidad que ha supuesto para mí ser abuela por triplicado.


Continuará…

lunes, 10 de julio de 2017

Todo esto de daré: Mi opinión


La verdad es que no me había planteado leer este libro por puro enfado al enterarme del fiasco que es el Premio Planeta y que yo, en mi ingenuidad, desconocía. (El engaño de un gran premio)
Pasados unos meses, y después de la recomendación de un amigo con un gusto en la lectura muy parecido al mío, decidí leerlo, pidiéndolo prestado a mi hermana.
Me ha parecido una novela muy larga, le sobra al menos un tercio. La primera parte se hace aburrida. Las descripciones de la localización, el pazo familiar, el invernadero o los viñedos, son excesivas.
Las elucubraciones de Manuel, el protagonista, sus dudas y sus reflexiones filosóficas, muy reiterativas.
No me digáis el motivo, pero el teniente Nogueira, Guardia Civil recién jubilado, en mi mente era Torrente, el personaje creado por Santiago Segura.
Es difícil hacer una crítica sin desvelar el argumento, por lo tanto dejo en el aire que todo lo relacionado con Samuel, un niño de tres años, no es compatible con su edad y además roza el absurdo al final del libro.
Dicho todo esto, la trama policiaca es entretenida aunque parezca un libro por encargo y me explico: Lo protagoniza un homosexual viudo de otro homosexual, acostumbrado a vivir en un Madrid sin perjuicios, que viaja a la Galicia profunda con sus costumbres ancestrales, los señores que utilizan a los vasallos en los grandes pazos, llenos de secretos inconfesables, drogadictos, curas pederastas, prostitutas buenas, reinsertados…
Creo que no cabían más tópicos, convirtiéndolo en poco creíble.
Sobre el final, riza el rizo.

Mi opinión es que se puede leer, como tantos otros. Pero ni es un gran libro, ni se merece un gran premio.

viernes, 7 de julio de 2017

Visita a la Biblioteca Ivan de Vargas

El pasado mes de mayo visité, por primera vez, la Biblioteca Municipal Iván de Vargas.

Ubicada frente a la iglesia de San Justo y San Miguel, con su peculiar fachada convexa, ocupa el antiguo caserón en el que tenía su palacio Iván de Vargas, señor al que servía San Isidro Labrador.
Cuando se demolió el edificio ruinoso, a pesar de tener la máxima protección, muchos nos indignamos, pero pasado el enfado, y sin poder hacer nada por solucionarlo, quiero ver el lado positivo del destrozo.

Hoy es una biblioteca funcional, con unas modernas salas y un espacio infantil que visitan habitualmente los pocos niños que viven en este barrio nuestro, el Madrid de los Austrias.
El personal, muy agradable, intenta ayudar a todos los que nos acercamos en busca de algo, sin molestar a los estudiantes que llenan sus salas de lectura en los días previos a la selectividad.

El patio, lo único que se ha conservado de la planta original, enmarca dos magnolios centenarios y un pozo medieval del tiempo en el que nuestro Patrón servía en esta casa. Es un lugar muy agradable para leer un rato en estos calurosos días de Madrid.

Asomada a uno de los balcones, es lo que tiene que te acompañe una amiga bibliotecaria, pude fotografiar la magnífica fachada de la Basílica Pontificia de San Miguel.

Pero el motivo de mi visita no era sólo conocer este espacio, si no colaborar en una recopilación de fotos y documentos que se está haciendo, desde las bibliotecas municipales, para poder digitalizar la historia de Madrid.
Las fotos de mis padres paseando por las calles de Madrid, los vestidos de los cincuenta, los sellos de empresas de fotografía que ya no existen, las verbenas, su boda en la Capilla del Obispo,  partidas de nacimiento
con el sello de la República, escrituras firmadas por el Notario Joaquín Costa; cosas que todos tenemos y no le damos ningún valor y, sin embargo, forman parte de nuestra historia y ayuda a que esa historia pase a la posteridad.

Fué una agradable visita y una gran satisfacción poder ayudar a divulgar nuestro pasado.

Os invito a que conozcáis esta Biblioteca y, si os interesa, preguntéis por la digitalización de fotos y documentos de Madrid.


lunes, 26 de junio de 2017

¡FELIZ VERANO!


Un año más me he trasladado, en esta ocasión un poco antes, por culpa de la climatología, a vivir en la Sierra de Madrid.
Bajo al centro cada vez que lo necesito, en coche o en un magnífico trasporte público, pero cambio la forma de vida y el entorno, durante dos meses.

Los ratos que tengo para escribir en el blog, o pasearme por las redes sociales, quedan muy mermados al sacar tiempo para estar en la piscina, jugar una partida de canasta con las amigas o disfrutar de mis nietas.

Tengo pendiente el contaros cosas curiosas de mi viaje a Florencia y Pisa, alguna reseña de libros leídos, un par de rincones con encanto que me apetece mostraros y lo que vaya surgiendo.

Seguiremos en contacto, aunque mi presencia sea más breve y no os haga muchos comentarios, porque desde el teléfono me cuesta mucho más escribir y el portátil queda para momentos de soledad que, os aseguro, son escasos.

¡FELIZ VERANO!

domingo, 25 de junio de 2017

Largo invierno en París: Mi opinión.

Largo invierno en París de Juan Vilches.

No pude ir a la presentación de este libro y solo conozco al autor a través de las redes sociales, pero el tema me llamaba la atención, y la recomendación de Concha, gran lectora, me terminó de convencer para ponerlo el siguiente en la lista de lectura y, desde luego, no me ha defraudado.

La ficción histórica es un género que me atrae mucho, y me sirve para indagar después, buscando las biografías de los personajes reales, para conocerlos un poco mejor.

El largo invierno que describe el autor, durante la ocupación nazi, cuando ya se vislumbra que los alemanes van a perder la guerra y su dureza se acentúa en un Paris triste, en el que sus habitantes viven con el miedo a no sobrevivir cada día a los bombardeos, o a la denuncia de un vecino a la temida Gestapo.

Vamos alternando, según avanzamos en la lectura, desde el lujo del hotel Ritz, en el que vive Gabriel Chantal, personaje basado en Coco Chanel, hasta la miseria de las buhardillas en las que se esconden los judíos que aún quedan en la ciudad.

Por otro lado, perfectamente entrecruzado con la ficción, nos habla de Mussolini, Clara Pettaci, Franco y su mujer, Serrano Suñer, Galeazzo Ciano…

Y en el centro de todos ellos, el periodista Javier Urquiza, un hombre que me cayó bien desde el comienzo de la novela y al que terminé admirando según le iba conociendo mejor.

Unos giros increíbles, unos personajes secundarios buenísimos, muchas pequeñas historias contadas alrededor de la historia central, amor, intriga, espionaje, celos, política y un final de los que arrancan un aplauso, con lo difíciles que son los finales buenos.

Una magnífica labor de documentación y una cuidada forma de escribir, hacen de este libro uno de los que merece la pena leer, del que se puede aprender historia y pasar un rato muy agradable.


martes, 6 de junio de 2017

Nuestro madroño

El pasado fin de semana he ido a visitar nuestro madroño, el árbol que plantamos, con la ayuda de Pablo, en su finca familiar en el valle del Pisueña.

Han pasado nueve años, le está costando trabajo crecer porque ha tenido dos contratiempos importantes, que casi le cuestan la vida, pero ahora está precioso y parece que ha decidido que merece la pena luchar por vivir en un jardín tan maravilloso y cuidado con tanto cariño.
Verano 2008

Durante este tiempo, no sólo el madroño que plantamos con tanta ilusión ha vivido tiempos difíciles.

Los cuatro que compartimos ese momento, hemos visto cambiar nuestras vidas. Hemos perdido seres queridos, hemos visto crecer y madurar a nuestros hijos. En nuestro caso, hemos aumentado la familia con una nuera y un yerno maravillosos y, sobre todo, con el nacimiento de nuestras tres nietas. Nos hemos apoyado cuando lo hemos necesitado, hemos reído juntos y también hemos llorado.

Cada año regresamos, al menos una vez, a compartir un fin de semana magnífico, que siempre supera al anterior.

¡Qué jóvenes!
Nuestros anfitriones ponen todo su empeño en que nos sintamos como en nuestra casa, formando una gran familia y, por supuesto, lo consiguen.

La climatología no siempre acompaña, como estos días pasados, que se ha empeñado en llover todo lo que no había llovido en los últimos dos meses, pero da igual, porque lo importante es estar, otra vez, todos juntos.

Nuestro madroño sigue en pie como muestra de lo importante que puede ser la verdadera amistad.



Un año más, gracias por todo.

lunes, 22 de mayo de 2017

Visita al Oceanográfico de Valencia.




No conocía el Oceanográfico de Valencia y os voy a contar mis sensaciones.
Aunque, en un principio, parece muy grande según el plano que te dan en la entrada, su recorrido resulta sencillo, está muy bien señalizado.
Empiezo con el Mediterráneo, para ver los primeros acuarios con medusas. Unos animales de los que huyes cuando te los encuentras en la playa, porque su picadura es dolorosa y molesta, pero que son bellísimos a través de un cristal.
Los peces que aquí contemplo son conocidos, pequeños, de colores.
En los humedales hay aves preciosas, rojas, con anchos picos, y muy acostumbradas a estar rodeadas de humanos, algunos, como siempre, contraviniendo las indicaciones que prohíben tocarlas.
En la zona de aguas templadas y tropicales, además de seguir viendo medusas, paso por el primer túnel acristalado que te da la sensación de estar en el fondo del mar.
Afuera, los leones marinos juegan entre ellos, mordisqueándose la gruesa piel.
Accedo al pabellón en el que están los tiburones que, aunque me lo habían contado, ya que todo el que pasa por aquí sale impresionado, no me lo imaginaba.
Me espera un nuevo túnel acristalado, lleno de tiburones a los que dos buzos están dando de comer. Siguen muchas precauciones por lo que entiendo que, no por estar aquí metidos, dejan de ser peligrosos.
Fuera, preparado para intervenir, hay un tercer buzo, mujer, que cuenta que los tienen sobrealimentados para evitar problemas y para que no se coman al resto de peces. Presencio como intentan morder a todos los peces que pasan cerca, pero son ahuyentados con el largo palo con el que el buzo les acerca la comida. Sus filas de dientes producen escalofrío a pesar de estar al otro lado del cristal.
Un niño llora porque, le explica a su padre, el techo se puede romper.
La verdad es que salgo de allí sobrecogida, impactada.
En uno de los caminos está el póster, a tamaño natural, de una ballena azul. Me es difícil imaginar que ese pedazo de animal, surque los mares.
En el pabellón ártico las morsas y la beluga, simpática, con cara de estarse riendo del público
Aquí hay muchos niños de una escuela infantil, encantados con el animal que parece que entiende sus aplausos y carantoñas.
Me despido de este pabellón, en el que me he tenido que poner la chaqueta, fotografiando al pingüino Juanito. Curiosamente, nunca se me había ocurrido pensar que los pingüinos tienen plumas, como están mojados, no se aprecian. Las tienen expuestas en una vitrina, son pequeñas y grisáceas.
Agradezco la temperatura exterior. Los flamencos, preciosos, en un lago que consigue que su entorno sea uno de los más bellos para hacer fotos.
Es la hora de la exhibición de los delfines y todo el mundo acude para allí. Entro por ver el delfinario, uno de los más grandes de Europa, la exhibición, muy didáctica, pensada para enseñar a los niños la necesidad de proteger el medio ambiente.
Estoy acabando el recorrido, entro en el mariposario, pensando que cada vez es más difícil ver mariposas en el campo. ¿Os habéis dado cuenta? Las que hay no son muy bonitas, la verdad.
Mi visita ha terminado. He tomado un café, bastante caro, me he paseado por las tiendas con idea de comprar unos peluches, pero los desorbitados precios me han quitado la idea y salgo tres horas después del comienzo de mi recorrido, con muchas fotos y la sensación de haber visto algo diferente.
Me ha gustado mucho. Es muy recomendable.






















viernes, 19 de mayo de 2017

Para Marisa: Nuestras risas.

NUESTRAS RISAS

Podría haber titulado esta historia “30 historias de nuestros 30”, en honor a los 30 años que va a hacer que nos conocimos aquel verano de 1986, tan lejano. Tú eras una estudiante universitaria, yo una joven madre de familia a la que un accidente familiar me llevó a pasar un verano en Olmosierra.


Durante todos estos años, hemos ido tejiendo nuestra amistad, sin tener que deshacer ni un solo punto, sin un enfado, sin un reproche.

Volviendo a nuestras historias, hemos vivido tantas cosas, desde las confidencias convertidas en secretos nunca mencionados, tus embarazos, con tus miedos, los nacimientos de tus hijas, el día de tu atípica boda, las comuniones y las bodas de mis hijos, con las que también se podrían contar anécdotas, el nacimiento de mis nietas, nuestros maravillosos viajes, y los preparativos, en los que disfrutábamos tanto como en el viaje, los días de playa en Cantabria, los inolvidables momentos en Saro, las partidas de mus, en esa liguilla siempre inacabada con nuestras parejas cambiadas, la pocha en lugar de la siesta, las tertulias de piscina y las de terraza en las que siempre pagábamos los mismos, las noches de Casino, las comidas y las cenas, las barbacoas en ese “prado” que tantas veces hemos añorado y que hemos tenido que sustituir por el chalet de Marta, punto de encuentro para todo. Cuántos cafés, en tu casa, en el club, en el porche de Saro…

Nuestras lecturas, las presentaciones de los libros a las que vamos juntas o las que yo te cuento, porque hay muchas cosas que, aún haciéndolas una sola, hacen que la otra las disfrute al contarlas.
Y ese Mundial, todos con la roja, en tu casa, con el gol de Iniesta con el que Pablo se quedó casi afónico.

También momentos tristes, de enfermedad, depresiones, suspensos, problemas laborales, la muerte de nuestros seres queridos, las crisis familiares, que siempre las hay, y que hemos compartido como lo hacen los buenos hermanos, los buenos amigos.

Hemos llegado a compartir hasta el “gobierno” de ese pequeño pueblo que es Olmosierra, y que ya quisieran muchos políticos de ahora hacerlo ni la mitad de bien de lo que lo hicimos nosotras.

Pero, a pesar de tantísimas cosas, y muchas que seguro que se me olvidan, yo me quedo con las risas compartidas.
Esas risas que nos salen espontáneas, con una mirada, con una palabra tonta, y que no podemos reprimir, aunque la gente que nos rodea nos mire raro.

¿Recuerdas en El Sardinero, mientras Juancar y Pablo jugaban al golf, que nos dio por reírnos y nos miraban como si nos hubiésemos escapado del manicomio?
¿Y cuando en la Basílica da Estrela, en Lisboa, se te ocurrió que el interior de la cúpula parecía un preservativo gigante?
Y no digamos en El Coliseo, mientras comíamos en la terraza, que nos estuvimos riendo diez minutos, Juancar nos hizo una serie de fotos para inmortalizarlo, sin que nos enterásemos, y nunca hemos logrado acordarnos de porqué reíamos.

Reímos fácil cuando estamos juntas, y eso es lo que creo que puede definir nuestra amistad y ese es el recuerdo que me apetece que figure en este capítulo de tu libro y que se puede resumir con una frase que leí hace poco, no sé quién es el autor pero me gustó para tu historia, nuestra historia:

”La sonrisa es mía, pero la causa eres tú”


Este escrito forma parte del libro «50 historias de 50» que le regalamos a Marisa, cincuenta amigos o familiares en su cincuenta cumpleaños.

jueves, 18 de mayo de 2017

Un paseo por Valencia

Hacía muchos años que no venía a Valencia.
En esta ocasión, mi visita va a durar tan sólo veinticuatro horas y el motivo principal era conocer el Oceanográfico que alberga la exposición de medusas más grande de Europa.
Pero es una ciudad tan bonita que siempre merece la pena pasear por ella, aunque sean pocas horas.
Me hospedo en el NH de las Ciencias y las Artes, y mi primer destino es comer un arroz del «segnoret», en el restaurante Mediterráneo, a orilla de la playa de Pinedo, contemplando el mar.

Mi siguiente parada el Parque Natural de la Albufera que, aunque al atardecer está más bonito, unas nubes muy bien colocadas me regalan una magnífica panorámica llena de reflejos.


De ahí, al centro de Valencia, que estaba bastante colapsado de tráfico, a aparcar el coche en el parquin de El Corte Inglés.

Inicio el paseo adentrándome en la parte más antigua, visitando La Nau, antigua Universidad de Valencia, que sigue albergando el Rectorado y, en cuyo Paraninfo, se estaba celebrando algún acto por lo que puedo verlo desde el claustro. Una exposición de fotos de la destrucción durante la Guerra Civil, la estatua de Luis Vives, la arquitectura neoclásica, el silencio, todo invita a pasear un rato por su interior.

Sigo hacia la plaza de la Reina, a estas horas llena de turistas, la mayoría extranjeros. Un helado artesano y la visita a la magnífica Catedral y su torre del campanario, conocido como El Miguelete. En el interior, vuelve a sorprenderme la Capilla del Santo Cáliz, con su retablo de alabastro.

De ahí hacia la Lonja, obra maestra del gótico valenciano, el Mercado Central, edificio modernista de principios del siglo XX, y una maravilla para los sentidos, la iglesia de Los Santos Juanes que, aunque de origen gótico, sus numerosos incendios han dejado el aspecto barroco que hoy podemos contemplar.

Continúo hasta la Plaza del Ayuntamiento, con el edificio del Consistorio y su torre del reloj.


Ya en coche, me acerco a los Jardines del Turia, a la altura del Puente de las Flores. Están preciosos y hay, a estas horas, muchos corredores, ciclistas y turistas que, como yo, contemplan el paisaje.

Paseo durante un buen rato, recordando la gran riada que obligó a desviar el cauce del río, para evitar que algo así pudiese volver a suceder. Me acuerdo de Marta Querol y lo bien que lo describe en su trilogía «El final del ave fénix». Me habría gustado saludarla pero vengo con muy poco tiempo.

También me he acordado de Elena, esa amiga cibernética de cuando empecé en Facebook con la famosa granja,  a la que me une una gran amistad, a pesar de que no nos conocemos personalmente. Cosas de las redes sociales. Me debe una paella y algún día, la podremos comer juntas.

Mi paseo está tocando a su fin y no podía ser en otro sitio que en la Ciudad de las Ciencias y las Artes que, a esta hora, ya está iluminada.
Me embarga el ambiente, la iluminación tenue, las edificaciones, los reflejos en el agua, me encanta. Quedo maravillada.

Mañana visitaré el Oceanográfico, pero eso será otra historia.

Ha sido un magnífico paseo, vivido con una gran intensidad.