martes, 14 de marzo de 2017

Un paseo con Mayte Esteban

Hoy he pasado la mañana con mi amiga Mayte Esteban.
Os voy a poner en antecedentes. Mayte es escritora, su biografía la podéis buscar en internet, y a ella me une una amistad especial. Ha traspasado las barreras de las redes sociales y el contacto de lector-escritor que se ha convertido en algo frecuente hoy en día.

Hace poco tiempo que ha publicado su último libro Entre puntos suspensivos y, aprovechando unos compromisos suyos, hemos buscado un hueco para disfrutar de una agradable conversación.
He ido a buscarla a Moncloa, ya que vive en Cantalejo y viene a Madrid en trasporte público, algo que se convierte en toda una aventura. Ha llegado un poco antes para que pudiéramos tomarnos algo juntas y charlar.

Esta mañana es espléndida, cosa extraña ya que siempre que nos hemos visto la climatología ha sido adversa: o hace un calor inhumano o una lluvia de “jarreo".
Llega vestida cómoda, con sus inseparables Converse rosas, por eso la invito a ir paseando en lugar de meternos en el metro. La cercanía de dos de los grandes hospitales de Madrid, La Fundación Jiménez Díaz y el Clínico San Carlos, me trae a la cabeza un libro del que me consta que le sigue costando hablar.

La arena del reloj. Tu padre.

-Es una novela que nunca debería haber salido de casa, una historia personal que fue más bien una especie de entretenimiento entre los dos, no pensar en lo que nos estaba pasando, en que cada día era, en efecto, uno menos en una cuenta atrás que se había acelerado. Pensé que lo único que podía hacer por él en esos momentos era embarcarlo en un proyecto que espantara de alguna manera la imagen del hospital y el tratamiento.

»Supuso dos cosas: un acercamiento aún más intenso del que ya teníamos y, por otro lado, una ilusión. Mi madre me decía que en ese tiempo él se pasaba las horas tomando notas –algunas las conservo- sobre los temas que podíamos tocar. Me llamaba constantemente para decirme que se le había ocurrido algo y esas horas en las que no pensó en el presente fueron un regalo.

»Después, cuando la publiqué, vino otra parte maravillosa de este libro, el que haya servido de ayuda a personas en nuestra situación, sobre todo a las que se quedan. Aceptar lo inevitable y quedarse con lo bueno que nos han dado las personas que amamos. Los mensajes en ese sentido que he recibido en estos años han sido incontables, pero aunque solo hubiera sido uno, habría bastado para decirme que fue la decisión correcta, dejar que la leyeran. Te voy a poner solo dos ejemplos: Félix, me dio las gracias porque el leerla le había devuelto los momentos felices con su mujer, perdidos cuando falleció. Supuso el final del duelo y el principio de otra vida. Sin ella, pero dándose cuenta de lo feliz que había sido en esos años. El otro, Pilar, una mujer que encontró el libro cuando su padre enfermó. Me contó que le había ayudado a encontrar el valor para decirle, antes de que se marchase, lo que le quería. Los últimos días de su padre los viví de alguna manera con ella, hablando por mensajes durante las largas noches de hospital. Esto es magia, palabras vivas que aunque tengan todo el tiempo la muerte presente, unen a personas que ni se conocen.

-Ya te he dicho en alguna ocasión que me habría gustado tu padre. El mío se fue rápido, pero creo que tenía claro lo mucho que le quería.

-Eso siempre es lo importante. No dejártelo dentro, porque ahí acaba quemando cuando ya no puedes hacerlo.

Seguimos andando y a nuestro lado pasan unos adolescentes. Me acuerdo de su hijo mayor, de otra novela.

El medallón de la magia. Tu hijo.

-¿Cómo se te ocurrió esta historia?

-Fue una idea que surgió después de morir mi padre. Yo necesitaba algo ligero, contar una historia que no tuviera nada que ver y pensé en un cuento para él. Algo que le apeteciera. Me dejé guiar por sus deseos y descubrí también un nexo de unión entre nosotros. No me lo puso fácil, se le ocurría cada cosa que muchas veces no sabía cómo enfocar, me costaba días llevar a los personajes de escenario en escenario, pero al final construí un cuento que me ha dado muchas alegrías.

»Se sigue leyendo en institutos y colegios, algo que ni se me pasó por la cabeza cuando la escribí. Fue, además, mi primera incursión en Amazon e iba muy bien hasta que le cayó una de esas reseñas demoledoras que lo frenó. Por suerte, eso pasó y ha seguido con fuerza. En papel, de las autoeditadas, es mi novela más vendida con diferencia.

»Por cierto, un personaje de esta novela, Alonso, es tan divertido que años después apareció otro idéntico en una serie de televisión de éxito, así que no estaría tan mal como decían en esa reseña…

-Tu hijo es especial. No todos los niños habrían jugado con su madre a escribir un libro.

»En cuanto a Alonso, el personaje de tu novela, es muy curioso. Primero vi la serie, El Ministerio del Tiempo y, poco después, leí el medallón. No tuve que imaginarme a Alonso, porque mi cabeza lo asoció inmediatamente al actor Nacho Fresneda interpretando a Alonso de Entrerríos. Entonces me di cuenta de que tú lo habías creado mucho antes que Javier Olivares. ¿Habrá leído tu novela? –le pregunto mientras esperamos en un semáforo.

-A esto te puedo contestar sin titubear: no la ha leído, es una casualidad de esas de la vida. El día del estreno de la serie me escribieron un montón de mensajes para preguntarme si yo tenía algo que ver con ella y por eso me decidí a verla: me hice ministérica al primer capítulo. Después hablé con Javier de esto y no conocía la novela.

-Es un personaje genial –le digo, acordándome entre risas del momento de la novela en el que cree que alguien le ha robado la magia al mando a distancia de la tele cuando se le han caído las pilas.

Al atravesar la Plaza de España, nos hemos parado a hacer alguna foto, hemos visto muchos perros. En las redes nunca nos enseña a sus hijos, pero Ulises, su labrador negro, de vez en cuando se cuela en sus post.

Ulises.

-¿Qué significa para ti Ulises?

-Pues es mi “niño pequeño”. Lo adoptamos cuando tenía un mes, fue recogido de la calle el día que unos salvajes habían planeado sacrificarlo a pedradas. Lleva el nombre de un perro imaginario, que aparece en una de mis novelas no publicadas, aunque en ese caso era un pastor alemán y Ulises es una mezcla de labrador con quién sabe qué. Como no lo esperábamos, le puse el primer nombre que me vino a la cabeza.

»Es el perro más bueno y dócil del mundo y ha aportado mucha luz en casa.

-Me gusta mucho cuando cuentas aventuras de tus paseos por el pinar acompañada de Ulises. Haces que respire la naturaleza.

-A mí me gustaría que vierais lo que corre cuando ve una ardilla. Cualquier día me arranca un brazo –me dice, y cuando lo hace se dibuja una sonrisa en su rostro. Se nota que este perro es parte de su familia.

Caminando, caminando, hemos llegado a la Plaza Mayor. Hace pocos días que han comenzado los actos de celebración de su cuarto centenario, que durarán cuatro años, los que tardaron en construirla y está muy animada. Si salimos a la calle de Toledo, nos movemos por los lugares por los que caminó Brianda.

Brianda, una novela inclasificable.

-Háblame de Brianda…

-Brianda es fruto de mi inexperiencia narradora. En un comentario de Amazon me dijeron que no entendían por qué en El medallón de la magia el malo era el malo. Me di cuenta de que no lo había contado. Existían dos opciones: reescribir esa novela o escribir otra. La primera me parecía deshonesta con quienes la habían leído ya, así que opté por la segunda.

»Es mi novela más documentada, aventuras, magia en dosis justas, historia mezclada con una trama que avanza en cada una de sus más de cuatrocientas páginas y en la que todo acaba encajando, pero no funcionó. Yo me pregunto a veces si es por el hecho de que parece que hay que leer las dos novelas y eso tira para atrás, o porque no he sabido venderla. Me quedo con que cada lector que tropieza con ella se sorprende al encontrarse con una historia que gusta.

»Lo difícil es hacerlos tropezar, eso sí.

-Es, sin duda, la mejor novela que has escrito, al menos de las que tienes publicadas. En algún momento tendrá otra oportunidad, estoy segura –le digo.

-Hay veces que no sabes por qué una novela no conecta con los deseos de los lectores cuando es novedad y se pierde. Ahora, después de dos años, me conformo con que quienes la elijan como lectura disfruten de ella. Aunque sean media docena.

Llevamos un buen rato andando, disfrutando de este día apacible, pero ya es hora de sentarnos un rato.

-Te voy a llevar a la Cava Baja –le digo-. Seguro que Brianda caminó por aquí en su visita a Madrid. De cualquier forma, es la calle de la que te he hablado y que tantos recuerdos tiene de mi infancia. Me apetece que la conozcas.

-Genial –me dice.

Seguimos caminando un poco y la llevo conmigo al lugar que he elegido, La Posada del León, porque vamos a tener bajo nuestros pies, acristalada, los restos de la antigua muralla cristiana. Allí nos sentamos delante de dos cafés.
El cristal me lleva al título de otra de sus obras.

Detrás del cristal.

-Me consta que Detrás del cristal es una de tus novelas favoritas. ¿Es verdad que la autoeditaste en principio?

-Sí. La autoedité con un éxito instantáneo, unanimidad entre las ventas y la crítica, y me dio muchísimas alegrías, sobre todo porque hice algo que no estaba previsto: meter un tema como los malos tratos en una comedia, en una historia que parece un cuento, pero que cuando avanza te das cuenta de que estoy poniendo al lector frente a un espejo, para que se pregunte qué haría ante este problema, el ver a alguien que está siendo maltratado.

»Mis personajes se comportan como la mayoría: se concentran en sus propios problemas y eso provoca después los remordimientos.

»Solo dos semanas después tenía en el correo las ofertas de siete editoriales se interesaron por ella, elegí una, salió en papel y la verdad es que aunque se ha vendido mucho (o al menos yo he firmado una cantidad desorbitada de ejemplares en papel) parece que no cumplió con lo que la editorial esperaba de ella. Estuve a punto de renunciar a escribir después de esta experiencia, que fue mucho más negativa que autoeditarse, desde luego.

-Con esta novela te conocí como escritora, lo de la amistad vino poco a poco, porque hay personas que se entienden desde el principio.

»¿Te acuerdas? Tuve problemas para leerla porque estaba protegida y yo no tengo Kindle. Te conocí en la feria del libro, te conté lo que me pasaba y esa misma noche me enviaste el archivo para que pudiera leerlo. Eso sí, la compra quedó registrada en Amazon.

-Sí, lo recuerdo perfectamente. Y me alegro mucho.

La chica de las fotos, el premio.

-Después de esta novela, te dieron un premio.

-Llegó en el momento justo. Estaba en ese dilema, si dejarlo todo o dar un puñetazo en la mesa y opté por esto. PresentéLa chica de las fotos al HQÑ y quedó finalista. Siempre me dicen que los premios están dados de antemano y puedo asegurar de que no era así, yo no cumplía para nada el perfil que se puede pensar que tiene alguien para quedar aunque sea finalista en un certamen internacional, y sucedió.

»Me ha dado muchas alegrías, los puestos más altos en muchos tops, ha batido records personales de ventas y creo que ha convencido a la mayoría de lectores que buscan en las novelas románticas algo más que un entretenimiento para pasar el rato. Y, como Detrás del cristal, tiene algo peculiar, y es que ha recolectado para mí lectores hombres. En un género que inconscientemente asignamos a las mujeres, yo puedo presumir, y lo hago, de tener muchos hombres que me leen.

»Ha cambiado también mi visión de las editoriales, en la que estoy ahora me tratan muy bien. El trabajo se hace en equipo y no me cuesta nada exponer ideas y que se escuchen. Con ellos me siento arropada y de momento me planteo seguir hasta que quieran.

Mayte es una todoterreno que no le tiene miedo a nada y también escribe relatos de vez en cuando, muchos de los cuales cuelga en su blog, El espejo de la entrada.

Oasis de arena. Un relato por capítulos.

-Has escrito también relatos. ¿Me hablas de Oasis de arena? ¿Cómo se te ocurrió?

-Esto fue un experimento de los miles que hago en el blog, una especie de ejercicio práctico que necesitaba para documentar una novela que al final he escrito este pasado verano. Se trataba de imitar la forma de narrar de otro autor, de ponerse en su piel, de arrancarte la tuya y dar forma a la historia de un modo diferente a como lo harías tú. Una especie de “Tu cara me suena” pero literario.

»Un fracaso.

»Al final, mi voz se escuchaba por todas partes en el relato, aunque lo intentase, se me oía en cada expresión, en cada palabra. Eso me ayudó a entender cómo se acabaría comportando ese otro personaje de esta novela de la que no sabes ni el título porque todavía está en fase borrador.

»Decidí regalarlo en la Navidad de 2015, personalizarlo para cada lector que me lo pidiera y fue así y no publicado porque el tema de la piratería es incontrolable y porque es muy corto para publicarlo. No me arrepiento, a pesar de no estar publicado se le han hecho múltiples reseñas. Eso es algo muy curioso, que un libro que no está disponible, un relato encima que no suele captar la atención de los lectores, haya logrado, sin existir de alguna manera, hacerse visible.

»Algún día quizá lo publique. Me lo tengo que pensar.

-Nunca hemos vuelto a hablar del tema, pero yo percibí una forma diferente de escribir en las dos primeras entregas. En la forma de describir, en los adjetivos. Pero luego ya fuiste tú, hasta el punto de que se me había olvidado el experimento que contaste en su día –le digo.

-A eso me refería, que fui incapaz de mantenerlo. Mi personaje redacta artículos, creo que ahí, como son pocas palabras, se puede hacer, pero ya cuando se trata de algo más largo… al menos a mí me cuesta.

Paso a preguntarle por otras dos de sus novelas.

Entre puntos suspensivos y Su chico de alquiler

-¿Qué tienen en común estas dos novelas? –le digo.

-La segunda que mencionas es mi primera novela. La primera, la última. Las dos están unidas por los personajes, pero nada más. Son historias distintas, no hace falta leer una para entender la otra y si escribí la segunda es porque creo que tenía una deuda de honor con esos personajes. Javier y Paula me pillaron sin herramientas, así que ahora que empiezo a manejarlas quise darles la oportunidad de reencontrarse.

»Yo sé que he vuelto a hacer algo anómalo, y es convertir a una protagonista en su propia antagonista, pero la romántica es un género tan cerrado que si no buscas algo distinto en este sentido, todas las novelas acaban siendo iguales. Me arriesgo, lo sé, pero tengo claro que yo de esto no vivo y que si quiero que este género se respete voy a tener que ser la primera que lo trate con respeto, que lo dote de algo diferente y que explore.

»Ya veremos qué dice el tiempo. O no, a veces cuando llega ese momento ya te has muerto.

-Me ha gustado que haya intriga en la novela –le digo-. Los protagonistas son muy reales. Paula, es mucha Paula y Javier, un encanto. Me han cautivado los secundarios. Yo les doy mucha importancia en todas mis lecturas.
»En cuanto a leer primero Su chico de alquiler, es verdad, no es imprescindible, pero te acerca a los protagonistas.

-A mí también me gusta trabajar los secundarios, en muchas novelas son bastante planos, quizá porque tiene que ser así, pero no soy capaz. Me gusta que tengan vida.

Proyectos.

-Cuéntame algo de esas novelas que tienes guardadas en un cajón, sobre todo la que tú misma defines como lo mejor que has escrito.

-Son distintas. No son historias románticas y como yo llevo en la frente de alguna manera el sello de autora de romántica me va a costar mucho que una editorial crea en ellas. Y, de momento, sigo intentando que salgan así, aunque no descarto del todo la autoedición. Insisto en que no es cuestión de dinero, si tuviera una visión mercantilista de la literatura me autoeditaría.

»Hay una que habla del amor pero desde ese otro lado oscuro que es el desamor. Y no se queda en eso, es una novela de asuntos pendientes que resolver. No tiene una protagonista sino que este papel se lo reparten tres. Cada una de ellas tiene su propio conflicto y lo resuelven a su manera. Sé que algunas de las decisiones que toman no son las correctas, pero intenté que la vida se colase con sus luces y sus sombras en esta historia. Espero haberlo logrado y que llegue el momento en el que pueda publicarla.

»El otro borrador tiene que ver con eso que contaba de Oasis de arena, imitar al escribir. Metaliteratura. A mí me gusta el resultado, pero sé que se aleja tanto de lo que he publicado hasta ahora que acabará como Brianda quizá. Ya veré también qué hago con ella, pero mucho más adelante, porque ya digo que está en borrador.

-Encontrarás el momento pero no la toques más –le digo. Es capaz de volver a cambiarla.

-Eso intento, pero sin conseguirlo.

Me lo estaba temiendo, creo que no tiene remedio, mientras tomo un sorbo de mi café. Estamos tan absortas hablando que se me está quedando helado.

-¿Y proyectos futuros?

-¿Proyectos? Montones. Lo que no tengo es tiempo. Ya te contaré cuando haya algo concreto…

Me deja ahí, con la intriga, y me pregunto con qué nos sorprenderá esta vez.

Apoyos.

-¿Quiénes son las brujillas y qué significan para ti? –me acabo de acordar de que algunas veces me ha hablado de este apelativo cariñoso que usa con sus amigas.

-Pues son lo mejor de esta experiencia literaria, el haber encontrado dos autoras con la cabeza bien amueblada a las que admiro y aprecio, y a las que me gustaría parecerme escribiendo (aunque creo que es imposible por lo que decía antes, me sale mi voz a la que me despisto). Me encantan nuestras conversaciones literarias, cuando empezamos proyectos y ponemos en común qué narrador será el mejor, o si una estructura puede ser más acorde con la historia que otra. Y como personas, como son lo más de lo más, no tengo ninguna queja.

»Bueno, sí, que no vivo en Córdoba, como ellas, y me pierdo los cafés reales. Son Pilar Muñoz y María José Moreno.

-Son magníficas. Es una pena que vivan lejos. Pero bueno, para eso están las redes sociales y el teléfono. Ventajas de la tecnología.

-Yo soy muy poco de teléfono, casi solo para emergencias –me dice-, pero las conversaciones escritas entre nosotras son constantes.

Los personajes.

-¿Te asaltan los personajes al planchar y toman vida propia…? –se lo pregunto porque a veces he escuchado que dice que cuando plancha se le ocurren ideas.

-Son unos pesados, a veces ni me dejan dormir…

Nos echamos a reír y me doy cuenta de que ya no tenemos café ninguna, pero me apetece seguir interrogándola todavía.

Tu blog.

-¿Qué me puedes decir de tu blog, El espejo de la entrada?

-Que tiene un nombre raro –contesta y me río, porque es verdad.

-A veces se me olvida que no lo leo yo sola y digo en él lo que me da la gana. Es un campo de experimentación y estoy muy contenta con él. Estoy a nada de las trescientas mil visitas y mi objetivo es publicar más, pero no me da la vida para tanto.

La familia.

-¿Sientes el apoyo de tu familia en todo esto?

-Sí, y es esencial. Me dejan escribir, aunque en los últimos meses está resultando más complicado porque hemos entrado en la fase de instituto de mis hijos y me fríen a preguntas cuando tienen dudas. Tengo que aprovechar el escribir cuando estoy sola.

El día a día.

-¿Cómo es tu rutina?

-Paseo con Ulises, recoger, escribir, la comida, las clases, tiempo de relax después de la cena, leer e intentar dormir. Algunas cosas se me dan peor que las otras.

-Aquí incluyo yo charlar con las amigas, aunque sea por mesenger, dar una vuelta por las redes, ayudar a tus compañeros en las correcciones, colaborar con la Casa de la Cultura y algo más que seguro que se me olvida. Necesitarías días de treinta horas.

-No sé estar sin hacer nada. Es una enfermedad.

El proceso de creación.

-¿Cómo creas una novela?

-Planifico una trama, un detonante, pienso durante meses en cómo conduciré la historia, decido el narrador y después empiezo. A las diez mil palabras suelo perderme y a las cien páginas arrepentirme. Por eso tengo tantos proyectos, porque algunos los aparco mucho tiempo. Detrás del cristal estuvo así años, borré unas ochenta páginas de un plumazo un día, seguí y mira. Y a La chica de las fotos le pasó otro tanto. Esa novela que has dicho, la que no está visible, llevo desde 2010 dándole vueltas. La tengo mareada perdida.

-Si te digo Azuqueca…

-Mi origen, mi biblioteca, mi pasado. Es nostalgia.

-Y si te digo que como no dejemos de hablar no llegas a tu cita, te vas a empezar a poner nerviosa.

-Sí, me temo que ya es hora de que me marche…

En la puerta del Mercado de San Miguel, lugar de su próxima cita, nos despedimos.Las dos sabemos que nos volveremos a ver y decido que esta charla quiero conservarla para publicarla en nuestros blogs, porque merece la pena ser contada, pero aunque no fuese así, ha sido un paseo inolvidable.


Gracias Mayte.

7 comentarios:

  1. Me muero de ganas de que llegue el viernes. Una entrada entrañable y preciosa, Almudena.

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  2. Gracias por el paseo. Ha sido un placer.
    Besos!!

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  3. Me ha encantado!! Un gran lectora y una gran escritora que son dos grandes amigas. Se nota la complicidad y el cariño, y así da gusto leer una charla. Admiro a mi brujilla rosa por esa inquietud que la lleva a escribir lo que haga falta y, además, hacerlo bien. Yo espero que esas dos novelas que tiene en el cajón consigan su oportunidad, porque, como ella bien dice, es lo mejor que ha escrito (sin desmerecer a Brianda, esa joya incomprendida que mucha gente se está perdiendo, por desgracia).
    Toda la suerte del mundo para Mayte con su última novela y un besazo para las dos.

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  4. Estupenda y deliciosa entrevista. Le deseo éxito a la escritora con su nuevo libro y a la entrevistadora que continúe con este género que se le da muy bien.

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