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martes, 9 de julio de 2024

Mis lecturas de junio

Junio ha sido un mes muy atareado que ha dejado poco tiempo para leer como ocio, pero ha habido una lectura que se convertirá, sin duda,  en una de las mejores del año. 

"Un diamante ruso" de Christine y Anne Marie Cross. Novela romántica en la que me ha cautivado el protagonista masculino. Un poco larga. 

"La soga de cristal" de Elia Barceló. Tercera entrega (independiente) de Santa Rita, que supera en trama a las dos anteriores. La narración, impecable. Me ha gustado y estoy deseando leer el desenlace. 

"Los nueve reinos" de Santiago Díaz. Magnífica ficción histórica sobre la civilización guanche. Se convertirá en una de las mejores lecturas del año. 

Sobre esta última,  os cuento mi opinión en mi canal de YouTube,  "Desde mi escritorio". Si todavía no habéis llegado hasta él,  os va a gustar,  podéis suscribiros⬇️

https://youtube.com/@desde-mi-escritorio?si=zTeyzV_qIa3YS28r


miércoles, 5 de julio de 2023

Mis lecturas de JUNIO

 


📖“Besos de cereza” de Lorraine Coco, agradable historia romántica con crítica social de fondo. 

📖“La leyenda del ladrón” de Juan Gómez-Jurado, ficción histórica muy diferente de lo que escribe ahora. Me ha encantado. 

📖“El bosque del silencio” de Mónica Subietas, intriga con tintes históricos, me ha resultado un poco escasa,  le faltan cien páginas. 

📖“Regreso a París” de Jacinta Cremades, una historia diferente, secretos, pasado, presente, dones sobrenaturales, me ha gustado mucho. 

📖“El secreto del bosque” de Daniel Hernández Chambers, magnífica historia de secretos inconfesables que afectan a todo un pueblo. 


miércoles, 26 de octubre de 2022

Descubre los Centros Municipales de Mayores

Quiero aprovechar esta entrada para mostraros lo que hacen un grupo de mayores, los llamaremos así, porque ya no son jóvenes, eso está claro, que acuden diariamente a los diversos Centros Municipales de Mayores, a los diferentes talleres que se imparten, unos, la mayoría, por voluntarios, otros por profesores cualificados, que contrata el propio Ayuntamiento.

Todos nos hemos dado cuenta, en estos duros meses que nos ha tocado vivir por culpa del dichoso bichito, de lo que han sufrido nuestros mayores. De una forma diferente a la nuestra porque, a la dureza del confinamiento, ellos añadían la soledad y la dificultad para moverse con cierta soltura por las nuevas tecnologías.

Ahora, cuando parece que regresamos a una vida más o menos normal, gracias a las vacunas, intentan volver a los centros, esos que les sirven para socializar, para conversar, para aprender cosas que antes no tuvieron a su alcance, como aprender Inglés, Informática o Historia, hacer tapices de alto lizo, labores de ganchillo, artesanía con materiales reciclados, yoga, baile, dibujo, el difícil arte de los bolillos...—seguro que me dejo alguno—, y se encuentran con que son muy pocos, unos, tristemente, han fallecido, otros han enfermado o se les ha reducido la movilidad, otros tienen miedo porque han somatizado la enfermedad asociándola a los lugares de reunión, y esa disminución de «alumnos» hacen peligrar las clases que necesitan un número mínimo para ser sostenibles.

No vamos a entrar en la viabilidad, porque los voluntarios están dispuestos a seguir trabajando por un proyecto que les ilusiona, aunque sean pocas las personas a las que van dirigidas, pero lo que es una realidad es que cada vez son menos.

¿Por qué? Es muy simple, los mayores son reacios de acudir a estos centros porque son para «viejos», y lo dicen de forma despectiva.

Por ese motivo, han decidido salir a la calle, instalar sus talleres, en el caso de mi barrio, en la céntrica Plaza de los Carros de Madrid, y explicarles a todos los transeúntes, lo bien que se lo pasan y lo mucho que aprenden.

Ha sido una mañana divertida, cargada de anécdotas, pero, sobre todo, de risas, complicidad y compañerismo.

Rafa, informático, nos ha mostrado el tapiz que está haciendo con un diseño de su hijo, motero; Alfonso, lleva 54 años haciendo bolillos como entretenimiento, y ahora es el maestro; Ana, maestra, enseña artesanía con materiales reciclables a unas alumnas entregadas; en la mesa del taller de ganchillo, contemplamos unas preciosas labores; desperdigados por la plaza, los dibujantes plasman en papel los característicos edificios de esta zona y, como colofón, la clase de baile a la que se han sumado, a la salida de clase, los alumnos de un Instituto cercano, uniéndose chavales y abuelos en una improvisada pista de baile.

Mucha gente se ha acercado a preguntar si podían comprar lo que estaba expuesto, no, no se vende, lo único que venden en estos centros es ilusión.

Os animo a que busquéis en vuestros barrios, vuestras ciudades, estos lugares donde compartir momentos, evitar la soledad, aprender y reír y, si todavía no tenéis edad para disfrutar de todo esto, ayudar a encontrarlos a los que os rodean.

La mañana ha acabado en el Centro, con un cocido madrileño en la cafetería y después, alguna partidita de cartas y de dominó.


«Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado»

Francisco de Quevedo.

 

martes, 10 de mayo de 2022

«Noches de patatas fritas y cerveza»: mi opinión

 Autora: Ángeles Valero


A Álex le ofrecen el ascenso con el que siempre ha soñado, pero eso implica mudarse a Tarragona. Aun así, acepta el traslado y se marcha ilusionada. Allí, Álex se reencuentra con Dani y Lucas, dos viejos amigos. Todo podría ser idílico, de no ser porque empieza a sentir una fuerte atracción hacia Dani.

La vida amorosa de Dani ha sido una sucesión de citas sin compromiso, pero Álex despierta en él sentimientos que nunca pensó tener. Se ve atrapado entre la parte que le dice que siga siendo solo su amigo y la que le grita que vaya a por todas, pues entre ellos hay un obstáculo difícil de superar.

¿Podrán Álex y Dani vencer al deseo que está poniendo su existencia del revés o caerán en él? ¿Será una «Noche de patatas fritas» entre amigos la solución a todos sus problemas?

Mi opinión:

Esta historia de gente normal, atrae desde la primera página.

La cena de Dani nos muestra la complicidad entre un grupo de amigos y las citas sin complicaciones. La cena de Álex, una cena, pero qué cena…

¿Quién no ha ido a una cena de amigos de otros, en los que uno se siente desubicado, no le atraen las conversaciones y le parece estar rodeado de falsedad? Unos amigos que no lo son, porque son los amigos de tu marido, que no es lo mismo. La amistad impuesta, rara vez funciona.

Con solo dos capítulos, ya conocemos a los personajes y empieza la historia. No os quiero contar nada porque hay que descubrirla, pero sí deciros que es fresca, amable, con detalles de humor, sin olvidar los celos y la traición y, por encima de todo, la verdadera amistad.

Lo que más me ha gustado es la maestría que ha demostrado la autora con los diálogos. Es una novela de diálogos, buenísimos, tiernos, tristes, cómplices. Llegamos a conocer a todos ellos por sus diálogos, porque no hay descripciones pasivas o innecesarias, la narración es sencilla y directa.

Los personajes muy bien construidos, los principales y los secundarios, todos ellos ocupan el lugar que le corresponde, nadie sobra.

Ópera prima de esta autora que, desde luego, invita a continuar leyéndola.

Me he quedado con una frase que me ha encantado: «Además, ahora no puedes pensar. Tienes el cerebro “orgasmado”

Una divertida comedia romántica que os va a gustar.


Reseña original publicada en el blog de la revista Pasar Página.


domingo, 25 de octubre de 2020

ENCUENTRO GALDOSIANO

Jornadas Madrileñas de Novela Histórica




https://jornadasnovelahistoricamadrid.blogspot.com/p/encuentros-galdosianos.html

 

Con motivo del centenario del fallecimiento del insigne escritor D. Benito Pérez Galdós, se celebra el Encuentro galdosiano como complemento de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica.

La Biblioteca Regional de Madrid era el lugar designado para reunirnos, pero la situación actual nos obliga a desarrollarlo de forma virtual.

Destacados galdosistas, periodistas, novelistas, investigadores y profesionales del sector turístico y editorial, participarán en este homenaje a una de las figuras más relevantes de la literatura universal después de Miguel de Cervantes Saavedra, renovador de la novela española y máximo representante del Realismo en España.

Del 26 al 30 de octubre de 2020

¡No os lo perdáis!

https://www.facebook.com/victorfernandezcorreas/videos/10158841080338762


 

miércoles, 2 de octubre de 2019

Encuentro con Mayte Esteban


El pasado viernes 27 de septiembre, la editorial Harlequín (sello romántico de HarperCollins Ibérica en España) organizó un encuentro, en sus oficinas de Madrid, con Mayte Esteban para hablarnos de su última novela La colina del Almendro.
En un ambiente muy agradable, sentadas alrededor de una mesa, compartimos una hora y media de conversación, aperitivo y dulce típico segoviano.
La autora nos contó como comenzó su novela, cómo se documentó para que su historia pudiese trascurrir sin problemas por los primeros años del siglo XX, algo que parece sencillo pero no lo es.

Hay que investigar la forma de hablar, la forma de vestir, lo que se comía, e incluso algo tan tonto como si existían las perchas con gancho metálico.

También hay que describir el Londres de 1914-1917, no vale de nada viajar al de hoy, y conocer cómo se movían las personas, en qué tipo de vehículos, o cómo eran los pasteles que hacían…los pasteles y las tartas son muy importantes en esta novela.

En La colina del Almendro, leemos el hundimiento del Lusitania. Este hecho, que en la novela se resuelve rápido, supuso un mes de investigación para la autora.

Mayte Esteban llevó durante mucho tiempo en su bolso un librito que era un manual de artillería, para escribir con rigor sobre las armas de esa época. También leyó muchas cartas que los soldados escribían desde el frente a sus familias o a sus novias, para encontrar el tono, las palabras, que no tienen nada que ver con la forma de escribir que utilizamos ahora.

Nos cuenta que lo que más le gusta escribir son los diálogos. Le gustan tanto que puede escribir el diálogo de una escena y luego escribe la escena en torno a ese diálogo ya escrito. Se ayuda de un cuaderno y de bolígrafos de colores, para no perderse y conseguir que el lector tampoco se pierda.
Es una novela de personajes muy fuertes, la mayoría mujeres. Las sufragistas, las enfermeras de la I Guerra Mundial, las que se quedaron en las ciudades despobladas de hombres y tuvieron que aprender a subsistir sin su ayuda…Los hombres, los malos, los buenos, los que merecen, o no, ser perdonados…

Es una pena que, en este tipo de actos, solo dos lectoras nos hubiésemos leído la novela, porque no se podía ahondar en casi ningún tema, para no hacer spoiler.

Hubo tiempo también para hablar de portadas, de lo acertadísima de esta novela, de las complicaciones para no coincidir con otras publicaciones y de lo importantes que son a la hora de comprar un libro u otro.

Fue un encuentro muy agradable, las representantes de la editorial, encantadoras, y Mayte Esteban con su simpatía habitual.

Solo me queda decir que os leáis la novela porque merece la pena. No os va a defraudar.

Si queréis conocer un poco más podéis leer la entrevista que le he hecho para la Revista Pasar Página y visitar su blog El espejo de la Entrada.




martes, 6 de noviembre de 2018

La otra cara de una presentación: Aquello que fuimos


26 de octubre de 2018
El día amaneció gris, había llovido durante la mañana, pero el tiempo no nos iba a quitar la ilusión que habíamos puesto en esta presentación. Cada uno había tenido que hacer sus particulares malabarismos para poder tener libre desde la hora de la comida hasta que, después de cenar, llegase la despedida.
Habíamos quedado directamente en El dinosaurio todavía estaba allí, lugar elegido para la presentación, con el fin de dejar todo preparado para por la tarde, ya que sabíamos que abrirían con la hora muy justa.
Allí esperamos la llegada de Pilar, la anfitriona, que en esta ocasión venía acompañada de su marido, al que no es muy fácil ver en este tipo de eventos.

Noviembre 2017 «Un café a las seis»
Había transcurrido un año desde que nos reunimos aquí mismo para la presentación de Un café a las seis, a la que Víctor Fernández Correas no podía asistir pero le dio a Pilar la sorpresa de comer con nosotros.
Pilar Muñoz y Víctor Fernández Correas
En esta ocasión no pudo acompañarnos, pero vendría más tarde ya que sería quien acompañase a Pilar en la puesta de largo de Aquello que fuimos.
La comida transcurrió entre risas y complicidad. Se disfruta mucho cuando se puede compartir físicamente con amigos con los que acostumbras a «dialogar» a través del teléfono o el ordenador.
Como la lluvia nos había dado una tregua, decidimos visitar, al igual que hace un año, la Feria del Libro que acababa de inaugurarse en la Plaza Mayor. Dimos un paseo agradable y decidimos tomar un café en algún hotel de la calle Atocha, ya que el tiempo no estaba para sentarnos en una terraza.
Pero la realidad es que no nos servía cualquier hotel, yo quería que fuésemos a uno en particular, ese en el que nos esperaba María José Moreno, recién llegada desde Córdoba en el AVE y que era la sorpresa que le teníamos preparada a Pilar y a Mayte.
A estas alturas tuve que buscar un cómplice porque no entendían que tuviésemos que caminar tanto para tomarnos un café.
El reencuentro fue emotivo para todos, unos porque no la esperaban y otros porque no la veíamos desde hacía tiempo.
Ahora sí nos tomamos ese esperado café y nos reímos  con las anécdotas de unos y otros. El tiempo pasó volando y en la puerta del Dinosaurio ya había gente esperando para entrar.
Desde ese momento MariPili se convirtió en la escritora Pilar Muñoz intentando agradar y saludar a todos aquellos que habían decidido ocupar su tiempo en un viernes lluvioso y con un Madrid colapsado de tráfico, para acompañarla.
La presentación fue todo un éxito, pero eso ya lo contaré en otra entrada.
A la salida, después de despedir a los numerosos asistentes, iniciamos un paseo despacio, comentando todo lo que habíamos vivido y terminamos cenando unas tapas en la Plaza de Benavente.
Nuestra cita había llegado a su fin, cada uno de vuelta a su casa, a su hotel...Mercedes Gallego, que se unió a nuestro grupo y María José Moreno se perdieron caminando por la calle de Atocha, dos grandes escritoras del brazo.
Y yo me traje el recuerdo de un día inolvidable que ahora me apetece compartir.
Esos momentos bonitos que vivimos gracias a decisiones aparentemente intrascendentes, esas decisiones de las que habla Pilar Muñoz en «Aquello que fuimos»

(Reseña pinchando en la foto)


viernes, 19 de octubre de 2018

Encuentro con Víctor Fernández Correas


La Librería Papelería Compás ha acogido la presentación de «Se llamaba Manuel», de Víctor Fernández Correas.
Un encuentro con el autor que ha corrido a cargo de Pilar Santamaría, que se había hecho un estudio pormenorizado de la novela, a la que no le cabían más post-its de colores, además de un resumen final lleno de notas para comentar con el escritor.

Han ido desgranando la historia, cada uno de los personajes: Gonzalo, Arturo, Marga, Escolástica, Canelita…Los buenos, los malos, los entrañables, los principales y los secundarios; unas tramas complejas que se mezclan a lo largo de toda la historia para conseguir llegar al final desenmarañando la madeja para que nos quede todo claro.

No es fácil hablar sin «destripar» nada, por lo que Víctor nos ha contado cómo fue creando su novela. Lo primero que escribió fue el prólogo y el final y, a partir de ahí, desarrolló personajes y comenzó la historia. Algunos, como Marga, se rebelaron y le pidieron mayor protagonismo, más crudeza. Tuvo con ella grandes discusiones, porque ¿no lo sabían? Víctor discute con sus personajes, y no siempre gana la partida.

Las escenas le asaltan en cualquier momento y las va anotando en las libretas que le hace su amigo Juan Carlos. Por cierto, ha sorteado dos y mi número ha sido uno de los elegidos.
 
Nos ha mostrado el mapa que utilizó para hacer caminar a sus personajes por el Madrid de 1952. Para conocer los estrenos cinematográficos o los partidos de liga se ha documentado en la hemeroteca de ABC.

La novela está llena de guiños: su amado Atlético de Madrid, que no hizo una buena temporada 52/53, el bar en el que su suegro ha trabajado toda su vida, en la calle de Leganitos, su admirado escritor de cabecera, Miguel Delibes, e incluso el título como homenaje a su familia, que le llama Manuel, porque su nombre completo es Víctor Manuel.

Aunque muchos lectores le han preguntado por una segunda parte, él tiene clarísimo que no la va a hacer. Esta historia se acaba con la palabra fin. Es verdad que, al haberse documentado tanto, escribirá otras tramas en esta misma época, que conoce tan bien.
Nos cuenta varias primicias: está escribiendo una novela histórica con un prólogo durísimo y una historia que no conseguiremos entender hasta la última frase. Ha hecho una recopilación de sus relatos, ya registrados con el título «……..» y tiene en mente una saga ambientada en la época de su «colega» Carlos V, que constará de varios libros cortos, con un mismo protagonista. Cuando toque, volverá a la novela de Adela, que está guardada en un cajón de la editorial, a petición suya.

Desde sus inicios como escritor ha tenido suficientes decepciones como para estar disfrutando de un momento dulce con este libro que está cumpliendo las expectativas y con una editorial como Versátil, que le trata bien. Hombre agradecido, no ha dejado de mencionar a Víctor del Árbol y la regañina que, con una sonrisa, le hizo la pasada edición del Getafe Negro para que «se pusiese las pilas», se olvidase del pasado y comenzase a luchar por sus obras. Tuvo la suerte de estar en el momento justo con las personas idóneas, y su buen hacer como escritor hizo el resto.

Hemos hablado de La tribu maldita, de La Conspiración de Yuste, de las grandes editoriales, con sus luces y sus sombras, del futuro y, sobre todo, de lo que disfruta escribiendo con la seguridad de trasmitirle al lector su pasión.

Desde luego, con su novela Se llamaba Manuel, lo ha conseguido.

Las firmas, las fotos y un pequeño refrigerio, han puesto final a un encuentro memorable con Víctor Fernández Correas.

Publicado en Revista Pasar Página


miércoles, 2 de mayo de 2018

Presentación «Nuevas historias de La Mallorquina»



El remodelado Café Madrid, muy cercano al Teatro Real, fue el lugar elegido por Pablo Somoza Ortega para presentar su nuevo libro Nuevas historias de La Mallorquina, Crónicas de la Puerta del Sol.
Tras unas breves palabras del editor de EntreLíneas, Carmelo Segura, Ramón Asquerino Fernández, Doctor en Filología Hispánica, corrector de esta obra, llenó el salón con una oratoria fuera de lo común. Como luego comentaría el autor «paró el tiempo».
Nos contó como llamaban cariñosamente a esta obra «el 47» en clara referencia a los 46 Episodios Nacionales de Pérez Galdós y, salvando las distancias, no voy yo a enmendar la plana a un Doctor de nuestra lengua.
En el primer libro, publicado en 2014, La Mallorquina, las crónicas abarcaban desde 1894 hasta 1937. En este segundo Nuevas historias de La Mallorquina, comienzan en marzo de 1942, con un país sumergido en una horrible posguerra, y finalizan en noviembre de 1975, saliendo de una larga dictadura.
En ambos libros, Vicente es el protagonista que, en primera persona, nos relata las anécdotas de las gentes que han pasado por este establecimiento, un referente de Madrid y todos los acontecimientos que rodearon estos años de nuestra historia más reciente, en esa Puerta del Sol, centro neurálgico de la capital.
Historia y ficción se unen en esta obra que le ha costado cinco años de documentación para poder escribirla. Lo más duro, según el autor, leer y escribir sobre la guerra civil.
La presentación se ha completó con una proyección de fotos antiguas y dos vídeos con las que Carlos Armillas, diseñador y maquetador, nos mostró con imágenes cómo era Madrid en el período que se narra.
En un ambiente distendido, entre amigos, con firmas y fotos, nos despedimos de Pablo, el camarero de esta emblemática pastelería al que deseamos mucho éxito como escritor.




Publicado originalmente en el blog de la Revista Pasar Página.

miércoles, 25 de abril de 2018

Hablando entre amigos con Víctor Fernández Correas



Hoy, por fin, he entrevistado a este «amigo escribidor» como le llamo cariñosamente.

Nos conocimos a través de Facebook pero enseguida comenzamos a tener un trato diario, una relación de amistad en las redes, que traspasó lo virtual para convertirse en algo personal, alejados del público, como a él le gusta decir, «a discreción y con alevosía»

AG — Buenas tardes, Víctor. Ha llegado el momento de que me cuentes cosas sabiendo que las voy a publicar.
VF — Buenas tardes y bienhallada. Pues aquí estamos, para lo que gustes mandar. Aunque ya sabes, eso de preguntar a un periodista, ja, ja, ja…
AG — Naciste en Sant Denís, hijo de la emigración. ¿A qué edad te viniste a España? ¿A Valverde de la Vera?
VF — En efecto, nací en Saint-Denis, una población del noreste de París. E hijo de la emigración. Poco trabajo en España y el efecto llamada, pues mis padres tenían familia y conocidos en Francia. A España volví con seis años, y directamente a Madrid, aunque a Valverde regresaba todos los veranos, tanto estando en Francia como ya establecidos aquí. Después he estado treinta años sin volver a París. La primera vez que lo hice fue por trabajo, y las siguientes ya por iniciativa propia. Eso sí, no he vuelto a pisar Saint-Denis, así que es una deuda pendiente que espero cobrarme con el tiempo.
AG — En la actualidad vives en una ciudad cercana a la capital. ¿Te ves viviendo siempre aquí o volviendo a tus orígenes extremeños?
VF — Es una difícil pregunta. Con Madrid existe una relación de amor-odio: por un lado, es la ciudad en la que me he criado, en la que viví durante la mayor parte de mi vida, y eso ya es motivo suficiente para quererla; por otro, como toda gran ciudad, siempre quieres alejarte de ella en cuanto tienes oportunidad. No obstante, no tengo claro que sea el lugar en el que viva siempre, ni siquiera en sus alrededores. Aunque, como todo, la vida es la que te trae y te lleva. A saber.
AG — Tu primera novela La conspiración de Yuste, comenzó siendo un relato corto, de ahí, al pedazo de libro en el que se convirtió ¿Cuánto estudio? ¿Cuánto tiempo te llevó el proyecto?
VF —Ocho páginas. Esa era la extensión de Epílogo Imperial, que es como se llamó aquel relato que, con el tiempo, se convirtió en La conspiración de Yuste. Me costó cerca de dos años y medio de documentación y de escritura, y reescribí el comienzo tres veces porque no me gustaba. Y cuando digo el comienzo me refiero a sus primeras cien páginas hasta conseguir lo que buscaba. Es la primera novela y, como tal, está llena de imperfecciones, de deseos de agradar, de la búsqueda de la perfección… Quise escribir una novela histórica al uso y el resultado fue esa novela. Ahora, cuando la leo, me cuesta identificarme en sus párrafos, en la manera de contar la historia. Cosas de la evolución a la hora de escribir, supongo, aunque es la primera, y como tal le tengo un cariño enorme.
AG — Imagino que este personaje histórico, Carlos I, ya te gustaba, ¿Por qué?
VF — La figura del Emperador es toda una referencia en La Vera, en el norte de Cáceres, está en todas partes, lo ves por todos lados. Eso y que, por entonces —y todavía ahora, en parte— me apasionaba la novela histórica, y eso me llevó a buscar una figura capital en la historia de España sobre la que escribir. La tenía a mano, conozco sus últimos meses de vida porque siempre he oído hablar de ellos y están muy presentes tanto como su figura en la comarca de La Vera. El resto vino solo, y realmente disfruté escribiéndola, pero ahora disfruto aún más escribiendo de un personaje al que ya considero un viejo amigo, como es mi colega Carlos, como le llamo.
AG — Después viajaste mucho más atrás en el tiempo, a Atapuerca, y novelaste lo que pudo ocurrir con el Homo heidelbergensis. ¿Cómo se te ocurrió esta idea?
VF. — Realmente la idea no fue mía, sino de mi agente literario por entonces, José Miguel Romaña. Llevaba tiempo rondándole la idea en la cabeza, pero lo que nunca imaginó es que de mis manos saldría una novela como aquella, en la que los personajes no hablan sino gruñen, una novela que no tiene diálogos y sus personajes se acostaban sin saber si al día siguiente verían amanecer. Su idea iba más bien por una recreación de la Prehistoria pero vista desde el pasado, pero se topó con mi querencia por investigar hasta el mínimo detalle, que fue cuando me topé con La Sima de los Huesos de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. El resto ya es novela.
AG — Volvamos al presente. En Facebook empezaste a ser conocido por tus juegos. Una vida en diez líneas de Word, un personaje para adivinar, muchos seguidores buscando, tarde tras tarde, ser el primero en acertar, algunas veces en cinco minutos había una respuesta, otras se tardaban horas. ¿Qué te deparaba este juego?
VF — Diversión por encima de todas las cosas. Una de las máximas del periodista, algo que aprendí en la facultad, es que ha de informar, formar y entretener en la medida de lo posible. Esas diez líneas me permitieron, por un lado, cumplir con esa máxima, pero también mejorar a la hora de escribir, ganar en seguridad, y por qué no, también seguidores, que llegaban atraídos por esa manera de contar la vida de una persona de manera tan resumida; y también aprender curiosidades acerca de muchos personajes. Fue, podríamos decir, una relación en la que todos ganábamos: en mi caso, en seguridad, en estructurar esas diez líneas, en decir lo máximo en el mínimo espacio posible; y algunas personas pudieron conocer cosas sobre personajes históricos de las que, en algunos casos, nunca habían oído hablar, lo que les impulsaba a conocer mejor a esos personajes, a interesarse más por la historia. Y puedo asegurar que pocas cosas hay más bonitas que alguien te diga que ha aprendido algo nuevo gracias a ti.
AG — ¿Qué te hizo abandonarlo?
VF — Digamos que lo abandoné antes de que esas diez líneas me abandonaran a mí. Las cosas hay que dejarlas antes de que sean ellas las que lo hagan, e intuí cierto cansancio. Ya sabes que se trataba de un juego diario, y abusar de algo suele conducir al aburrimiento. No hay más razón que esa.
AG— Eres un escritor generoso que casi todas las mañanas nos regalas un microrrelato en forma de buenos días, abriendo una ventana o recordando un suceso histórico ¿Te reporta alguna satisfacción además de lo que disfrutas al escribirlo?
VF — Mucha. Más allá del ego que provoca recibir reacciones positivas a lo que publicas, escribir esos relatos supone una ventana por la que puedo escaparme del trabajo diario durante unos minutos. Suelo escribirlos bien al comienzo bien al finalizar mi jornada laboral, de tal manera que me sirve de relajación antes de empezar o de terminarla. Además, tengo el tiempo medido, de tal manera que no le dedico más allá de veinte minutos o media hora, y eso te permite agudizar el ingenio y medir hasta dónde eres capaz de llegar. La música ayuda, y casi siempre me acompaña una canción en el trance, canción que suele ser un personaje más del relato o ventana que tenga entre manos en ese momento.
AG — Siguiendo con Carlos I, estás escribiendo por capítulos su biografía de una forma muy personal, ¿veremos nuevos libros con este protagonista?
VF — Sí. Hay un proyecto encima de la mesa, aunque aún tengo que darle vueltas. Posiblemente me siente una tarde con él, con mi colega Carlos, nos miremos a la cara, y le demos vueltas hasta ver qué sacamos, pero sí que volveré a él. A los viejos amigos nunca hay que dejarles de lado, y más cuando, como es mi caso, le estoy tan agradecido. En parte, si estoy aquí, si me estás haciendo esta entrevista, es gracias a él.
AG — Eres un gran escritor de relatos, ¿no has pensado publicarlos?
VF — Lo primero, gracias por lo de gran escritor de relatos. Lo segundo es que ya tengo recopilados muchos de ellos en una antología dividida en temáticas y que incluso tiene hasta título. Quién sabe si algún día…
AG — ¿Cómo llegaste a encontrarte con Cervantes para escribir La del Alba fue?
VF — La culpa es de Carolina Molina, coordinadora de esa antología y, además, directora de la Asociación Cultural Verde Viento, de la que formo parte junto a ella y David Yagüe, Olalla García y Eduardo Valero. Buscaba autores que quisieran escribir un relato dedicado a Don Miguel destinado a una antología que, finalmente, publicó la editorial granadina Traspiés con fines benéficos para conmemorar el cuarto centenario de su nacimiento. Después de cuatro años sin publicar vi el cielo abierto, y como entonces veía bastante complicado volver hacerlo, me lancé a tumba abierta y confié en Don Miguel para volver a asomar la cabeza, que no es poco.
AG — Y ahora vamos al presente. Tienes una novela a punto de publicarse. Una historia ambientada en la posguerra, año 1953. ¿Cómo has hecho para moverte por el Madrid de esa época?
VF — El 21 de mayo saldrá a la venta, en efecto, y lleva por título Se llamaba Manuel. Tenía muchas ganas de escribir una novela de esas características. Es una época que da para mucho: el régimen político del momento, la manera de vivir, las estrecheces, la música… Y poco a poco fui recopilando documentación, vídeos, libros… También encontré un mapa de Madrid de 1951 para ubicar calles, espacios y lugares, y el resto consistió en imaginar unos personajes y darles vida. Unos amigos con los que puedo jurar, sin recato alguno, que he pasado unos meses maravillosos.
AG — El bar de la calle Fomento en el que desayuna Gonzalo Suárez, ¿un guiño a tu familia?
VF — Lo es. Allí trabajo mi suegro durante cerca de cuarenta años, y además de contarme historias del bar y de la zona, me apetecía hacerle un homenaje. De hecho, es un personaje secundario de la novela.
AG — ¿En qué piensas para escribir sobre un tipo como Arturo Saavedra?
VF — En la época, que era lo que era. Tipos como él eran muy habituales, y con Arturo Saavedra he ido más allá en lo que a tratar los personajes se refiere. Seis años sin publicar hace que tengas que reinventarte para seguir ahí, intentando llegar al lector, y en mi caso lo fie a los relatos. Eso me permitió experimentar con todo tipo de personajes. De Arturo Saavedra me siento más que satisfecho: arribista sin escrúpulos, putero, con demasiada tendencia al alcohol y con alguien siempre dispuesto a salvarle el culo. Una joya.
AG — ¿Y sobre Marga Uriarte?
VF. — Marga es el odio personificado. Vive con odio porque no ha conocido otra cosa en su vida, y ese odio recorre su cuerpo, le permite seguir viva porque sabe que, tarde o temprano, tendrá que darle salida a través de la venganza, que ansía por encima de cualquier otra cosa. Pero, por otra parte, es un personaje del que compadecerse por el pasado que tiene, por cómo le ha tratado la vida. Con Marga me ha pasado como con Adela, la protagonista de la novela que tengo ahora mismo sobre la mesa: quiso ser, pero no fue, y eso, ese límite impuesto por el destino y que no le deja ser feliz, le lleva a ser como es. Marga es el resultado de la vida cuando se ceba con alguien a conciencia,
AG — Bueno, ya puestos dime lo que sientes cuando te pones en la piel de Gonzalo Suárez.
VF — Gonzalo es mi debilidad, pero lo diré bajito para que no se enteren aquellos dos. Además de ser del Aleti, como un servidor, es un tipo con unos ideales, con unos valores claros y definidos. Gonzalo es un tipo íntegro, y me apetecía contar con un personaje como él para mostrar mejor cómo fue aquella época y lo incomodo que podía llegar a ser un tipo como él, un desubicado del momento.
AG — ¿Por qué La sombra del ciprés es alargada de Delibes es el libro que eliges para que lea el inspector Suárez?
VF — Es la primera obra de otro Don Miguel, uno de los escritores por el que siento más aprecio y más he aprendido. No son pocas las veces que me echo en sus brazos y releo fragmentos de sus obras, ya sean novelas o ensayos, y me apetecía rendirle homenaje. Lógicamente no pude hacerlo con La Conspiración de Yuste ni tampoco con La tribu maldita por razones obvias, y Se llamaba Manuel era el mejor momento para hacerlo. La lectura de su sombra del ciprés ayuda a Gonzalo a entender muchas cosas de la vida, a reconocerse en sus páginas cual espejo vital.
AG — Cuidas mucho la música en tus obras. En esta Juanita Reina, Miguel de Molina y seguro que hay más que no recuerdo. ¿Cómo la eliges?
VF — Depende de la atmósfera, del momento, del lugar de la novela, pero, sobre todo, de la época. Cada novela, cada relato, cada ventana tiene su propia banda sonora, y Se llamaba Manuel la tenía muy clara. Por sus páginas desfilan Antonio Machín, Jorge Sepúlveda o AmàliaRodrigues además de los que has mencionado. Concibo la música como un personaje más de todo lo que escribo, y en esta ocasión disfruté con esas canciones, poniéndolas en boca de los personajes, bailándolas a su ritmo.
AG — ¿Tienes claro el final cuando comienzas la novela?
VF —En el caso de Se llamaba Manuel, por completo, y también con La tribu maldita. Salvo que los personajes me líen, lo que nunca es descartable porque siempre acaban haciendo lo que les da la realísima gana, sí suelo tener el final previsto de antemano.
AG — De Brujas a Shanghái. Cuéntame lo que más te ha impresionado de tus viajes.
VF — Por motivos laborales, he conocido bastante mundo, más de lo que nunca hubiera podido imaginar, y también he tenido la suerte, por el mismo motivo, de acceder a cosas que, por cuenta propia, hubiera sido difícil conseguir. He visto un atardecer como el que cierra el episodio III de la saga de La Guerra de las Galaxias en el mismo lugar donde se rodó, en el desierto de Túnez, cerca de Tozeur; he visto correr el agua del mar como si de un río se tratara bajo el Golden Gate de San Francisco; incluso hasta he levantado el trofeo de la Copa de la UEFA en el reservado del estadio del Feyenoord de Rotterdam. Momentos que quedan dentro, que vives porque sabes que son irrepetibles.
AG — ¿Tu comida favorita?
VF — Me contento con cualquier cosa, soy cochinillo de buen diente, como dicen en Extremadura. Me sería difícil escoger una sola.
AG — Un libro, una película, una banda sonora…
VF — Libro me quedo con Grandes momentos estelares de la humanidad, del Maestro Stefan Zweig; película, si me lo permites, dos, y son totalmente opuestas: Blade Runner y Volver a empezar. Tan distintas, y a la vez tan sorprendentes. Me las sé de memoria. Aunque, como broma, siempre digo a quien quiera escucharme que la mejor película del cine español, y con mucha diferencia, es la mítica Yo hice a Roque Tercero, del no menos mítico Mariano Ozores; y como banda sonora, Camino Soria, de Gabinete Caligari, disco de cuyo lanzamiento se cumplen treinta años este 2018. Y de sus canciones me quedo con La Sangre de tu tristeza.
AG — ¿Quiénes son los primeros en leer tus libros?
VF — Mi mujer. Al menos que tenga recompensa por aguantarme dándole a la tecla. Luego suelo recurrir a amigos y personas de confianza, que me aportan puntos de vista que enriquecen los manuscritos.
AG — ¿Libros en el cajón?
VF — Uno, la historia de Adela, que estoy corrigiendo a la espera de que, algún día, sea una realidad.Y creo que es una historia que gustaría.
AG — ¿Proyectos inmediatos?
VF — Mi colega Carlos, como he dicho con anterioridad, me reclama, y lo hace con fuerza. Tengo una deuda pendiente con él, y luego tengo una idea que encontré en una revista de historia a la que me gustaría darle un par de vueltas para encontrar su sentido y posibilidades.
AG — ¿Te veremos en la Feria del Libro de Madrid?
VF— Espero que sí.
AG — ¿Quieres contarme algo que no te haya preguntado?
VF — ¿Por qué soy del Atleti? ¡Ja, ja, ja!
AG — ¡Ja,ja, ja!…yo soy madridista pero nos queremos y respetamos. Gracias por concederme tu tiempo.

Si queréis seguir a Víctor Fernández Correas, en su blog podréis encontrar sus obras, relatos, ventanas, la vida de Carlos I y todo lo que se le vaya ocurriendo.



lunes, 16 de octubre de 2017

Un café a las seis con Pilar Muñoz


Conocí a Pilar a través de las redes sociales, por ser amiga de Mayte Esteban y de María José Moreno, a las que ya trataba desde hacía más tiempo.
La pude desvirtualizar en una presentación a la que acudió para dar una sorpresa a su amiga María José.

Me pareció cercana, como ya lo había intuido a través del ordenador. Con una voz quebrada, con fuerte acento cordobés, y una mirada dulce a través de sus gafas.

Hemos aprovechado una escapada que hace a Madrid para sentarnos tranquilamente delante de un café, en el hotel en el que se hospeda, muy cercano a mi casa, en el Madrid castizo, con la Puerta de Toledo a un lado y la Plaza Mayor al otro.

Son las seis en punto, buena hora para merendar y hacer un guiño a su último libro, «Un café a las seis».

Pilar ya me está esperando en la cafetería del hotel. 

Decidimos merendar unas tortitas con caramelo para Pilar, muy golosa, y una tostada para mí.

-Estás feliz por todo lo que te está ocurriendo con tu nuevo libro, eso se nota. ¿Por qué crees que ha tenido esa acogida tan buena?

-¿Porque es una historia preciosa?, ja, ja, ja. No, hablando en serio. Fíjate que en la mayoría de las novelas lo que más llega es la historia principal, pero en este caso, creo que lo que más impacto está teniendo es lo que envuelve a la historia, lo que hay detrás de ella en forma de profundas reflexiones y de recuerdos; sobre todo en lectores que ya cuentan con edad suficiente como para recordar con nostalgia su época de instituto y de juventud (tan diferente a la de los jóvenes de hoy) y que, además, ya han vivido lo suficiente como para detenerse a pensar cuántos sueños dejaron en el camino, cuántos les quedan por cumplir, si pudieron equivocarse al tomar determinadas decisiones, si han vivido sus vidas conforme a su manera de sentir o se han visto demasiado condicionados por otros. Y si todavía tienen la oportunidad de reconducir lo que haga falta para ser felices, si es que no lo son, claro. Esa empatía hacia la protagonista y sus sentimientos, esos recuerdos de antaño y, por supuesto, la bonita relación de amor que se cuenta en la novela es lo que está provocando esta buena acogida. 

-¿Por qué tomaste la decisión de presentarla al concurso de Amazon?

-Ya tenía la novela escrita y corregida en el mes de junio y mi intención era publicarla de cara al verano; primero, porque al ser una novela corta, se presta más a leerla en esta época en la que nos movemos tanto de un lado a otro, y segundo, porque se avistaban novedades de peso para septiembre y ya sabemos que la autoedición no puede competir con el despliegue promocional de las grandes editoriales. Así es que decidí sacarla en el mes de julio. Entonces me encontré con que Amazon, al final, convocaba de nuevo el concurso para este año. En un principio pensé no participar, porque no quería sufrir una experiencia negativa como ya habían tenido otros autores en años anteriores; pero luego me dije que no tenía por qué pasar nada si me mantenía al margen de cualquier posible polémica, y de esta forma, la novela podría tener una mayor visibilidad. 

-Estás haciendo presentaciones que, me consta, te cuestan dinero en cuanto sales de Córdoba. ¿Merece la pena?

-Que algo merezca o no la pena es una cuestión subjetiva. A mí me merece la pena defender aquello en lo que creo, y darle una mayor oportunidad de vida hablando de ello de tú a tú, en la cercanía. Una novela no es solo ese montante de páginas que se muestran al lector. También lo son los detalles, secretos, dudas, dificultades, virtudes y muchas anécdotas o experiencias que la enriquecen y que interesa conocer de boca de quien la ha creado. Si yo escribiera pensando solo en la rentabilidad, ya lo habría dejado, Almudena. No voy a decirte que no me importe, porque mentiría. Pero a pesar de ello, y aunque pueda sonar poco creíble, te diré que para mí escribir y publicar, hoy por hoy, es mucho más un acto de amor hacia las letras que un acto lucrativo, y la prueba es que todavía soy capaz de sacrificar lo segundo (como haré cuando venga a Madrid), pero lo primero no. 

-¿Se decide en familia el futuro de tus libros, la forma de publicarlos, la necesidad de viajar?

-No. Mi familia está al tanto de todo lo que ocurre por lo que yo le voy contando, por lo que voy compartiendo en casa, pero en cierta forma, se mantiene al margen de los entresijos de este mundo literario y de todo lo que sucede en él. Esta es mi pasión, no la suya. Así es que, cuando llega el momento de las decisiones, no tienen suficientes elementos de juicio para poder tomar parte en ellas.Eso sí, siempre tengo la suerte de contar con su apoyo, decida lo que decida, sin objeciones ni cortapisas.

-Se que tienes un grupo de personas, escritores y lectores, muy cercanos, a los que les consultas y que te ayudan en las correcciones. ¿Tienen más peso en tus decisiones literarias?

-Sin duda. Mi familia literaria no solo conoce en qué posición estoy y lo que yo veo, siento y quiero, sino que además conoce muy de cerca este mundo en el que nos movemos. Con todos esos elementos bajo el brazo, es sensato pedirle opinión y dejarme aconsejar si no lo tengo claro. 

-Siempre digo de ti que escribes con sentimientos en lugar de con palabras. ¿Eres una mujer tan sensible como se perfila en tus libros?

-Sí, hija, sí. Y no sé si es un defecto o una virtud. Por un lado, me gusta, porque me permite empatizar muy fácilmente con muchísimas personas y ponerme en multitud de situaciones hasta llegar a entenderlas, aunque no todas las acepte o las comparta, por supuesto. Pero por otro lado, siento que el sufrimiento es mayor. Porque esa misma empatía hace que me afecten los problemas o los sinsabores de los demás en mayor medida de lo aconsejable, y sobre todo cuando hay algún tipo de afecto por medio. En esos casos ya…, ni hablamos. 

-Tus relatos de mujer abordan muchos temas: amor, desamor, vejez, Alzheimer, amistad, violación, cáncer, muerte, maternidad, dolor… Seguro que me dejo alguno. ¿Piensas en personas concretas cuando los escribes?

-En alguno, tal vez lo haya hecho, aunque no lo haya escrito siguiendo fielmente la historia de esa persona; en otros muchos no, no tengo a alguien con nombre y apellidos en la mente cuando me siento a escribirlos. Pero son tan reales y tan propios de la vida cotidiana, que a poco que me mueva encuentro alguna, aunque sea anónima. 

-¿A qué llamas tú amor? Escenas de sexo, dime lo que se te venga a la cabeza.

-Un reto. Eso es lo primero que se me viene a la cabeza. Y como estoy súper a gusto aquí contigo, charlando y comiendo tortitas, pues te voy a contar el porqué, que creo que todavía no lo he hecho, al menos públicamente.

»Mira, a mediados de 2012, más o menos, escribí un relato para el blog que contenía una escena erótica. Que yo recuerde era de las primeras veces, si no la primera, que publicaba algo así, y recibió muy buena acogida. Después de ese, publiqué en Face algunos post del mismo tipo, aunque mucho más cortitos, escritos a medias con una autora de erótica como parte de un juego producto del aburrimiento, ja, ja. Y a primeros de 2013, en marzo o así, volví a publicar un relato erótico en el blog cuyo objetivo principal, para mí, era el giro inesperado y sorprendente que se producía al final. Sin embargo, cuando leí los comentarios, vi que los lectores no se limitaban a alabar el relato y la forma en que estaba escrito —sutil y elegante—, sino que me animaban a tomarme en serio ese género y a dedicarme a él «profesionalmente». Recuerdo entonces que en una conversación privada —de las que suelo mantener con mi familia literaria, como tú la llamas—, haciendo alusión a lo que había leído en esos comentarios, dije —en broma, por supuesto— que me estaba planteando que mi próxima novela fuera de corte erótico, no de ficción contemporánea como había sido la última. ¿Y qué paso? Pues que me dijeron que no era capaz. Porque no es lo mismo escribir una escenita para un relato que centrar toda una novela entera, y larga, en ese género y, además, publicarla. Y tenían razón. Pero lo que muchos no saben es que cuando alguien me dice «no eres capaz», destapa la caja de los truenos en el acto, porque me pierden los retos. Vamos, que viene a ser como el «Ábrete sésamo» de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Sobre todo, cuando yo misma también lo dudo, porque intentarlo es la mejor manera de probarme a mí misma hasta dónde puedo llegar. Así es que empecé a crear una trama y cuando ya la tenía lista, aunque aparcada, llegó la editora (ajena a todo) preguntándome si tenía alguna novela erótica inédita y disponible para valorarla. Y ahí fue cuando me dije: «Maripili, esto es una señal, los astros se han confabulado para que este proyecto siga adelante».

»Y fui capaz.

-Los colores de una vida gris, impactante. ¿Cómo se te ocurrió?

-Una noche, mientras planchaba, estuve viendo un documental en televisión (de los que utilizan cámara oculta para poder grabar) en el que se mostraba cómo disfrutaban los fines de semana algunos de los hijos de gente adinerada. Muy adinerada. En aquel entonces (y hablo de hace al menos diez años), estos chicos salían los viernes por la noche con una media de seis mil euros en el bolsillo para gastar. Pero lo peor no era la cantidad de dinero de la que disponían para despilfarrar, sino el tipo de actividades en las que lo invertían, ocultas al resto de la gente que no formara parte de su círculo por amorales, ilícitas y repulsivas. Chicos venidos de vuelta de todo, con todas las facilidades del mundo para vivir a cuerpo de rey sin dar un palo al agua y, sobre todo, con necesidad de emociones fuertes, porque las del resto de los jóvenes de a pie ya se le quedaban enormemente cortas. 

»Di por hecho, claro está, que todo aquel que goce de un nivel económico elevado no tiene por qué ser ni actuar así; pero después de ver el programa y lo que sus protagonistas eran capaces de hacer, me paré a pensar cuánto y qué se cocería en círculos sociales inaccesibles sin que el resto lo supiéramos, en qué medida el dinero, el sexo y el poder pueden llevar a la inmoralidad y a la ilegalidad a personas aparentemente normales movidos, simplemente, por la diversión. Reparar en las dificultades que tiene una parte importante de la población para poder subsistir y compararlo con aquella vida carente de valores por completo me revolvió las tripas. De ahí surgió la idea. Hay quienes han criticado el planteamiento de mi novela por inverosímil. Yo, después de ver aquello —y de dar por hecho que lo que no se conoce no implica necesariamente que no exista—, no creo que lo sea. 

-¿Cuántos libros tienes guardados en el cajón?

-Una novela de ficción contemporánea. La terminé en enero de este año, antes de empezar a escribir Un café a las seis, y ahora la estoy depurando de nuevo para ver lo que hago con ella.

-Acabo de leer que te ha asaltado una idea y no has tenido más remedio que sentarte a escribir. ¿Qué me puedes contar?

-Bueno, tanto como sentarme a escribir... Desde que me asalta una idea hasta que pongo la primera palabra puede pasar mucho tiempo. Es cierto que en este caso ya tenía parte del trabajo adelantado en cuanto a argumento, trama, personajes..., pero había algo que no terminaba de cuadrarme y eso había hecho que la mantuviera guardada para más adelante. 

»El otro día saltó una chispa espontánea dentro de mi cabeza, una solución aparente que me empujó a sacar de nuevo el boli y la carpeta de apuntes. Y me entusiasmé demasiado. Pero hay quien me frena cuando me desboco, ja, ja, ja, y lo agradezco, porque las cosas con calma salen mejor. 

-Tu escritorio está en un rincón del dormitorio. ¿Es tu lugar habitual para escribir, o te llevas el portátil al salón?

-El escritorio que hay en mi dormitorio es compartido, así es que hay veces que lo pillo y veces que no. Lo mío es andar de ruta con el portátil;como el Camino de Santiago, pero en casa. Me lo llevo al salón y a cualquier otra parte donde lo pueda apoyar. Hasta he traspasado fronteras y me he ido a la calle con él. 

-Dos hombres en tu casa, tu marido y tu hijo. ¿Son muy diferentes?

-Son diferentes, sí. Tienen algunas cosas en común, claro está, pero en general, su carácter y su forma de ser son muy distintos. 

-Tu hijo, este curso, ya es universitario. ¿Qué consejo le has dado?

-Que luche por lo que le gusta, sin pensar demasiado en lo que pueda venir después. El pensamiento práctico ya le llegará con el tiempo, ahora está en edad de creerse los sueños y perseguirlos. Y si en algún momento se equivoca, reorientamos el camino y seguimos adelante con las opciones que tengamos. 

-Tu hija, dieciséis años, en plena ebullición. ¿Se parece a ti cuando tenías su edad?

-Sí, como la noche y el día, como el sol y la luna, como el este y el oeste, ja, ja, ja. Yo a su edad era radicalmente distinta, Almudena. Hay aspectos en los que me alegro de no haber sido como ahora es ella, pero en otros la envidio. Coincidimos en cosas puntuales, pero en carácter y forma de ser..., nada que ver. 

-Y luego está Carlitos…(tu perrito)

-¡Ay, mi baby, el pequeño de la casa! ¡Qué coraje me da que no me desgrave Hacienda por familia numerosa, porque es un miembro más, ja, ja, ja! Me da mucho trabajo, porque, como viene siendo común, las promesas iniciales hasta conseguir traerlo a casa se las ha llevado el viento. Pero ya le tengo muchísimo cariño, no podría estar sin él. 

-Eres una persona muy familiar, primero se fue tu madre y luego tu padre, demasiado pronto, ¿qué te gustaría decir?

-Siempre nos parece demasiado pronto, pero me queda la tranquilidad de saber que vivieron su vida y que, además, vivieron bien. Los quiero muchísimo. Por cómo fueron, por la relación que tuvieron entre ellos y porque supieron crear una familia que siempre estuvo y que sigue estando unida como una piña. En muchos aspectos, son para mí un ejemplo y también un referente. 

-Acabas de cumplir cincuenta años. ¿Qué balance haces de tu vida?

-Muy positivo, soy una mujer con suerte. No necesito grandes cosas para ser feliz y lo más importante lo tengo, o lo he tenido. ¿Quisiera haber hecho otras cosas? Pues sí. Pero a veces pienso que si me hubiera ocupado de hacer esas otras, me habría perdido las que sí he disfrutado, con lo cual es lo mismo, no se puede acaparar todo. Hace diez años descubrí carencias en mi vida personal y, al igual que hizo Raquel, frené en seco y en lugar de lamentarme, reconduje lo que hizo falta para completarla. Eso me llevó a este mundo de letras en el que ahora también soy feliz. ¿Podría tener más de lo que tengo? Pues sí, pero tampoco tengo carencias, al contrario: tengo un trabajo que no me falla, una familia maravillosa, unos amigos de los que me siento orgullosa, tiempo libre para disfrutar, sueños que perseguir y muchos momentos buenos que le ganan por goleada a los malos. ¿Se puede pedir más?

-Has escrito recientemente:

“El mar y yo. Aliados. Amigos. El rumor de sus olas, con sus idas y venidas incansables, me infunden calma, me llenan de paz. La brisa me regala sus caricias y yo respiro. Hondo. Todo se olvida, nada importa. Me sumerjo en instantes de irrealidad. Necesarios para renovarse y seguir luchando. Para seguir buscando sueños que nos aporten felicidad.”

-¿Porqué es tan importante el mar para ti?

-Pues no lo sé, igual en otra vida he sido sirena, vete tú a saber, ja, ja, ja. No sé por qué me atrae tanto, pero lo cierto es que me transporta cuando estoy cerca de él. En esos momentos en que no hay bullicio, me relaja muchísimo y me produce todas esas sensaciones que describo en ese fragmento que has recuperado tú. Me encantan esos momentos de soledad en los que puedo pensar a su lado, reflexionar, tomar decisiones mientras doy un paseo por la orilla con el airecito en la cara. Se me cae el estrés al suelo y solo siento paz. 

-¿Qué dirías sobre Córdoba?

-Que la llevo en el corazón. Que es preciosa. Que tiene un embrujo único con sus cientos de rincones en los que perderse. Que es hospitalaria, alegre, silenciosa, misteriosa, cómplice, hasta solemne, cada cosa en su momento. No la cambiaría por nada.

»(Pd. Y calurosa, seamos realistas, calurosa también, ja, ja, ja). 

-¿Te consideras buena cocinera? 

-No sabe/no contesta :)

»Es que tengo tan poco tiempo para dedicarlo a la cocina, que ni siquiera he podido experimentar lo suficiente como para decirte si tengo buena mano o soy un desastre. Hombre..., tanto como un desastre no soy, pero buena, lo que se dice buena... 

»Lo que hago, se puede comer, dejémoslo ahí. 

-¿Tu comida preferida?

-El cocido tal y como lo hacía mi madre, que es como ahora lo hago yo. 

-Imagino que cocido andaluz, con caldo y judías verdes, como lo hacían mi madre y mi abuela, cordobesas de Rute…

-Sí, pero no con el caldo blanco de aquí. Con huesos de jamón. Y sin verdura, que mis niños no la quieren, jajajajja

-Una banda sonora para tu vida.

-Uffff... Me gusta tanto la música y la tengo tan presente para todo, que mi banda sonora sería un recopilatorio triple, por la parte más corta. Elijo lo que escuchar según el momento y/o el estado emocional, así es que tengo montones y montones de situaciones y experiencias asociadas a piezas musicales que me despiertan recuerdos y me emocionan una y otra vez cuando las oigo. Imposible elegir una. 

-Eres una gran lectora pero ¿qué libros te impactaron más en tu juventud?

-Todos los relacionados con lo paranormal.

»Yo he leído muchísimo, pero tengo que decir que se me ha ido una parte importante de mi vida sin leer literatura de ficción, porque había otros temas que me interesaban bastante más. La juventud fue una etapa en la que cambié la ficción, que era lo que había venido leyendo en la infancia y en la adolescencia, por la lectura de revistas y libros divulgativos relacionados con todos estos temas; me atraían muchísimo y, de hecho, me siguen atrayendo: la posibilidad de que exista vida después de la muerte, la reencarnación, el fenómeno de las proyecciones y los viajes astrales, los espíritus (este siempre me ha dado yuyu), las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, el fenómeno OVNI, los estudios de la Sábana Santa de Turín... 

»Un libro que me impactó mucho en aquel entonces fue "El enviado", de J.J. Benítez. Y en cuanto a revistas, no me perdía un solo número de "Mas allá", del profesor Jiménez del Oso.

-Una película que recuerdes siempre.

-Ghost. Qué mal lo pasé, Almudena. Eso de que al pobre Sam lo mataran en la flor de la vida y ya no pudiera estar nunca más con su amada Molly... Qué sofocón :)

-Yo soy muy llorona en el cine y en Ghost creo que lloré hasta con hipo, que triste.

»Tus frases son preciosas, pero la que encabeza tu página literaria me parece la más bonita de todas:“Escribir es una bonita forma de acariciar el alma y el corazón de quien te lee”

»¿Eres romántica?

-Sí, lo soy. ¡Pero no una romántica ñoña, ¿eh?, nada de corazoncitos rosas, cuentos de hadas, ni ser tratada como una princesita dulce, no!

»Yo soy romántica de sentimiento. Me gusta disfrutar del amor, no solo saber que lo llevo dentro. Me gusta sentirlo y hacerlo sentir a través de un roce, una caricia, un gesto, una palabra, un detalle, una canción... Creo que no hay nada más bonito en el mundo que sentir un afecto, en lugar de imaginarlo. Eso sin contar con que la demostración de afectos no solo contribuye a mejorar las relaciones, sino también nuestro equilibrio emocional. 

-¿Como psicóloga, cómo ves a la juventud actual?

-Inmersa en un conflicto entre lo que creen ser y lo que son en realidad. Pero la culpa la tenemos, en gran parte, los padres. Dárselo todo hecho y ponerlo todo al alcance de su mano les está dando una falsa sensación de seguridad y control que en realidad no tienen, porque si se lo quitas, se desmoronan. No necesitan aprender cómo buscarse la vida y viven tan felices sin darse cuenta de que, en el fondo, son completamente dependientes, si no inútiles en muchos aspectos importantes de la vida cotidiana. Están inmersos en la cultura del consumo, de lo material, de la apariencia, y les cuesta mucho desligar lo que merece la pena y lo que no, lo que en realidad es importante y lo que no lo es, porque no contemplan, en su repertorio de valores, muchos de los que no pueden comprarse con dinero. Y tampoco están entrenados en la práctica del esfuerzo, porque nosotros, con tal de evitarles una frustración que en realidad es necesaria para su aprendizaje, no dudamos en empujarlos cuánto y cómo haga falta para que consigan aquello que quieren lo antes y con la mayor facilidad posible. 

»De cualquier forma, yo tengo esperanzas, soy optimista. Quiero pensar que conforme vayan avanzando en edad, irán ganando la madurez necesaria para aprender, aunque sea a destiempo, lo que ya deberían haber asimilado antes. Puede que con mayores decepciones e incluso dificultades, pero lo harán. 

-¿Y el peligro de adicción al móvil y a las redes sociales?

-El término "peligro" implica "amenaza" o "posibilidad". Y la adicción al móvil y a las redes sociales ya no es una posibilidad o una amenaza, Almudena, es una realidad, y muy extendida, por cierto. Así es que tenemos un doble problema: afrontar los efectos colaterales negativos de estar todo el día con la nariz metida en una pantalla y protegerlos de todo lo malo que se mueve a través de ellos, que es mucho. 

-¿Qué te da miedo?

-Me da miedo verme afectada por situaciones que no dependen directamente de mí, porque en tales casos, pierdo el control tanto para evitar lo indeseable como para solucionar los problemas que puedan surgir. A mí me gusta coger el toro por los cuernos cuando hace falta; ir a remolque me produce ansiedad. 

»También me da miedo ver sufrir a los que quiero. 

-¿Estaban ricas las tortitas?

-¡Buenísimas! Yo las hago en casa más de una vez, sobre todo en esas tardes de lluvia y frío en las que no apetece salir. A los míos les encantan. 

Hace rato que ya no tenemos café, ni merienda, ni agua. El camarero nos mira con cara de ¿qué se estarán contando?

-Lo tenemos intrigado, porque estamos aquí como dos cotorras, charlando sin parar, y lo mismo reímos que nos ponemos serias, ja, ja, ja. Podríamos haberle dicho que se sentara con nosotras, pobrecillo...

Nuestra conversación está llegando a su fin, todo lo bueno se acaba.

-Sabes que contigo se cierra el ciclo de entrevistas a mis tres brujas amigas, Mayte, María José y tú. ¿Quieres decirles algo?

-Sí, que tengan presente que soy la bruja con más caché de las tres, porque soy la única que tiene escoba, bola y un manual de hechizos . (Se ríe a carcajadas)

»Y que las quiero un montón. 

Son las ocho, las dos tenemos cosas que hacer y nos tenemos que despedir. Nuestra próxima cita está muy cerca, el día de la presentación en Madrid de “Un café a las seis”, el próximo 3 de Noviembre.

Ha sido un placer compartir merienda y conversación con Maripili. Si habéis llegado hasta aquí, conoceréis un poco mejor a Pilar, la mujer, pero no dejéis de conocer a Pilar Muñoz, la escritora.

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