Queridos papis:
Os escribo antes de que nos reunamos en torno a la mesa para la cena de Nochebuena.
Vamos todos a casa de Almu y Víctor, todos, todos, o sea que la alegría, los villancicos y las bromas están aseguradas.
El año pasado tuve que poner en la balanza lo bueno y lo malo que me había ocurrido, para decidir si había sido o no, un buen año.
Esta vez no tengo que poner balanza. El 2015 quedará como uno de los más felices de mi vida porque han nacido Victoria y Manuela.
Victoria vino en enero, el mes de su papi, su abuelo y su tío Carlos. La habríais querido desde el primer momento. Nos tiene a todos enamorados, por su simpatía y su sonrisa.
Cuando la pequeñaja tenía sólo dos meses, nos anunciaron que en noviembre iba a venir otro bebé a la familia, una primita.

Es muy chiquitita, una pizquita que nos tiene a todos pendientes de que vaya ganando gramos y se convierta en un bebé rechonchete al que poder achuchar con todo nuestro amor.
No es que este año no hayan pasado más cosas, pero estas dos personitas han llenado tanto espacio que han tapado lo demás.
Vuestros nietos son felices y nosotros con ellos.
Arí tiene trabajo, rodeada de niños, está feliz.
Los míos han cambiado de trabajo, buscando mejorar, probar lugares diferentes, tener experiencias en otros campos.
Estaríais orgullosos de los tres.
Yo os echo mucho de menos, porque os imagino disfrutando de este momento tan dulce que yo estoy viviendo, pero así es la vida, no se puede tener todo.

En vuestra casa viven unos estudiantes muy majos, hemos sido incapaces de deshacernos de ella, aunque vuestros recuerdos los tenemos todos nosotros, repartidos. Mamá, nunca he tenido tantos jarrones y me quedé con las fuentes de la abuela, pero no creas que sólo de adorno, que las he usado alguna vez que he hecho una comida especial.

Bueno, no me enrollo más.
Ya sabéis que estáis conmigo, que me acompañáis cada día pero, sobre todo, en Navidad.
Un beso muy grande de vuestra hija.