martes, 7 de enero de 2014

Por fin....(la Navidad)

Hoy es el primer día después de la Navidad y leo en Facebook, escucho en la cafetería e incluso a mis allegados decir que “por fín” se acabó la navidad.
Realmente no lo entiendo.
Las ciudades se visten de colores, con luces, guirnaldas y árboles decorados, escaparates vistosos, dándole al gris invierno una tonalidad mucho más alegre.
Las familias se reúnen, siendo unas de las pocas ocasiones al año que muchos tienen oportunidad de verse, charlar y disfrutar de una sobremesa relajada.
Se hacen compras, y si las personas son cómo deben de ser, no se dilapida el dinero que no se tiene, simplemente se intenta hacer algo especial.
La gente va con prisa, como siempre, pero se para a desearte con una sonrisa “feliz navidad” o “feliz año”
En las casas decoramos y, por unos días, cambiamos las cosas de sitio para hacer hueco al Nacimiento, al árbol de navidad y a algún otro adorno.
La fuente del turrón nos proporciona un picoteo entre horas que luego nos vamos a quitar en el gimnasio o con el régimen de turno.
Y las comidas……
Comemos y cenamos mucho.
Pero es que en la cultura española se celebra todo comiendo.
Si quedamos con amigos, comemos o cenamos.
Si hacemos turismo siempre habrá alguien que nos recomiende un lugar donde comer bien, rara vez nos mencionarán un cuadro o una escultura que no debemos dejar de ver.

En vacaciones de verano, o en Semana Santa, movemos maletas, viajamos un montón de horas, dormimos en diferentes lugares y regresamos, en muchas ocasiones, más cansados de lo que nos fuimos, pero a nadie se le ocurre decir “por fin se acabaron las vacaciones”
Sin embargo a las navidades se las tiene una tirria que no es normal.

Hay muchísima gente que dice no gustarle porque le faltan seres queridos, a mí también, pero les añoro todo el año y en navidad prefiero disfrutar de los que están aquí que se merecen mi atención tanto como los que no están.
Otro argumento es que hay que poner buena cara a quien no nos cae bien, y tampoco me vale porque si es alguien cercano, tendré que poner esa buena cara en muchas más ocasiones al año y no digo nada, y si es lejano puedo excluirle de mi navidad.

En estos días tan duros de crisis, de paro, de corrupción, vivir durante unos días una rutina diferente puede ser hasta terapéutico.

Y no me vale que nadie me comente que hay muchas familias que no han podido celebrar la navidad por falta de recursos, porque para mí la navidad no es una cuestión económica, sino de espíritu y me da mucha pena que ese espíritu se esté perdiendo.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Las fechas señaladas.



En mi familia se repiten mucho las fechas.

Tal vez le ocurra a todo el mundo, no se……
Yo tengo tres cuñados que cumplen años el mismo día, y dos sobrinos que también comparten celebración.
Esto por poner un ejemplo.
Para casualidad en las fechas, mi padre murió el día del cumpleaños de mi madre, por lo que ese día tengo los sentimientos encontrados.
El día siete de diciembre, fue el día que yo elegí para convertirme en ex-fumadora.
Mi último cigarro me lo fume el día seis por la noche, después de unos días en los que fui disminuyendo la dosis de droga.
Durante cuatro años, esa fecha me servía para sentirme orgullosa de mi misma, hacer cuentas del dinero que me había ahorrado y comprobar que me sentía mucho mejor.

Pero el año pasado, ese mismo día, me dieron una noticia que me heló la sangre. Ese hielo que sólo una madre sabe entender, porque querríamos mil veces ser nosotras las que tengamos que sufrir un mal trance a que lo pase uno de nuestros hijos.


No viene al caso explicar lo que ocurrió, pero sí que un año después, y tras haber pasado por semanas angustiosas, puedo acordarme de ese día cómo algo pasado y superado y, que a partir de hoy volveré a recordar el 7 de diciembre cómo el día que dejé de fumar.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Se cumplió un deseo…..


Hace unos días viajé a Venecia.

En realidad fui a Milán a visitar a mi hija y aprovechamos para ir en tren a Venecia, pasando por Verona.
Pero este viaje para mí no era uno más.

Me casé hace treinta y cinco años y, ya entonces, quise ir de “viaje de novios” a Venecia.
Mi novio y mi padre me quitaron la idea de la cabeza.
Venecia estaba en 1978 mucho más lejos que ahora, la moneda era diferente, era necesario el pasaporte y, para añadir dificultades, yo me casé siendo menor de edad, porque la Constitución que hoy celebramos todavía no se había firmado, por lo que la mayoría de edad era a los veintiún años.
Total, que nos fuimos a Canarias, cómo la mayoría de las parejas de la época, al menos de mi nivel social.
Para quien no sepa la diferencia tan enorme existente con el mundo que vivimos hoy, ese verano fuimos a Estepona y me negaron la entrada en el Casino de Puerto Banús, siendo ya una mujer casada.
En fin, que me quedé sin ir a Venecia y he tardado todos estos años en vivir mi sueño.
Y no es porque no haya viajado.
He recorrido casi toda España y varias capitales europeas. De hecho, en Roma he estado dos veces.
Pero Venecia parecía gafada. Siempre que intentaba organizar el viaje, surgía un contratiempo, económico o de fechas y quedaba pendiente.
No os lo vais a creer, pero cuando salí de la Estación de Santa Lucía, y vi el gran Canal, con la inmensa cúpula de la iglesia de San Simeone Piccolo en frente, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
He pasado dos días maravillosos, en los que el tiempo me ha regalado con un sol espléndido, y he disfrutado de una ciudad que soñaba con conocer y que no me ha defraudado nada.
La he recorrido en vaporetto y a pie, porque hemos caminado mucho, muchísimo.
Hemos visitado barrios, canales menores, puentecitos, plazoletas, rincones. No hemos desperdiciado ni un solo minuto.
La compañía inmejorable, mi marido y mi hija que recordará siempre que aquí celebramos su cumpleaños.

Me ha emocionado tanto el viaje que no podía dejar de escribirlo, de compartirlo.

Es bonito poder decir que has cumplido un deseo que llevabas esperando tanto tiempo. Me he prometido volver, pero aunque no lo cumpla, me quedará en el recuerdo esta bellísima ciudad que tantas veces había soñado con visitar.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Carta abierta a la Alcaldesa de mi pueblo.


Señora Alcaldesa:

Empiezo por decirle que estoy en total descuerdo con los piquetes “informativos” que han convertido Madrid en un estercolero desde el primer día de la huelga de basura que estamos sufriendo, reventando contenedores de reciclaje y volcando papeleras.

Una vez aclarado este punto me parece increíble que usted diga que no es problema suyo. Que es un problema entre las empresas, los trabajadores y los sindicatos.

¿Cómo que no es su problema?

Usted gestiona el Ayuntamiento de mi pueblo y en esa gestión está incluida la limpieza. A mí me da igual que la limpieza esté contratada, subcontratada o mediante concurso público de adjudicación.
Porque que yo sepa, es el propio Ayuntamiento quien gestiona los ingresos recaudados por tasas de basura que usted se ha permitido subir este ejercicio un sesenta por ciento, importándole muy poco la penosa situación de muchísimos madrileños.
Además creo que algo tendrá que ver el Ayuntamiento en los ERES de las empresas que le dan servicio, ya que les han reducido las horas que tienen que trabajar para los madrileños aproximadamente a la mitad y el dinero que les van a abonar por esos trabajos.

El saludar al barrendero de tu calle cada día, ha pasado a la historia. Los camiones barredora han desaparecido. Si llamas para que te recojan un mueble que quieres tirar, tienes una lista de espera de quince días (y cómo los pisos son muy grandes, el mueble viejo no estorba en el pasillo durante quince días…)
A usted le encanta decir en cada uno de sus discursos que trabaja por y para los madrileños.
Lo del por, no lo tengo muy claro, porque los madrileños no la hemos votado y lo del para me lo está poniendo usted muy difícil.

Yo vivo en pleno centro y hoy he llegado a casa con náuseas de cómo están las calles que ya empiezan a rozar la insalubridad.

Está segura de que no es su problema?



jueves, 24 de octubre de 2013

¡¡¡Que paliza más tonta!!!

Llega un momento en la vida de muchas mujeres, en que nuestro cuerpo cambia, nuestro armario se llena de calorías que nos estrechan la ropa por las noches, y empezamos a vernos menos atractivas.
No se puede seguir creciendo a lo ancho porque no es bueno para nuestra salud física, ni mental.
Yo he probado varios regímenes, que no valen para nada, porque en cuanto los dejas viene el famoso “efecto rebote”.
Entonces reordenas tu alimentación, haces cinco comidas, huyes de grasas e hidratos y dejas el alcohol.
Yo, a estas alturas, también dejé el tabaco, porque ya que te conviertes en una mujer con hábitos sanos, mejor hacerlo bien.
Y, para seguir los consejos médicos, caminas una horita todos los días.
Te empiezas a encontrar mejor, no te fatigas al subir escaleras, no se te hinchan las piernas…..
Pero de adelgazar, nada de nada.
Las dos tallas que has ganado, no se pierden.
Tienes que hacerte con un vestuario nuevo, sueltecito. Buscas las tiendas que tienen ropa adecuada, nada fácil, por cierto. Si pasas de la talla 44 directamente estás vetada para el ochenta por ciento de los comercios y no es fácil vestirse un poquito moderna.
Poco a poco, vas aceptando el cambio. Te fijas en las que tienen tu misma edad, e incluso menos años y ves que están peor que tú. (Las que están mejor, no se mencionan)
Y un buen día, aprovechando que ahora tienes más tiempo, decides dar un paso más: Ir al gimnasio.
Poca cosa, dos o tres días a la semana a una clase con monitor, de stepp, tonificación y fitness.
Te compras ropa deportiva, con la que te ves más bien adefesio y a hacer ejercicio!!!!
Pasadas unas semanas, has hecho amigas en el vestuario, se te ha pasado el miedo al ridículo, te diviertes el rato que estás, pero……. no has perdido ni un gramo, porque la grasa que pierdes se convierte en músculo, que pesa más.
Te encuentras mejor, orgullosa de ti misma, pero con la misma talla. Y cada día, cuando acaba la clase te repites lo mismo: “Que paliza más tonta”



miércoles, 9 de octubre de 2013

La justicia existe pero.....

La justicia existe, pero no siempre es justa.

Hace más de cinco años, a una persona muy cercana le hizo una visita la policía judicial y le detuvieron por falsificación de varios artículos de la firma de joyería Tous.

A las pocas horas, le dejaron libre con cargos.

Durante la investigación se pudo demostrar que él no fabricaba, compraba en Italia e importaba a España, distribuyendo a diferentes joyerías.

También se demostró que, en ningún momento había pretendido falsificar, porque no lo vendía con el nombre de la firma, sino con el suyo propio y siempre con facturas legales.

Pero a los poderosos abogados de los todopoderosos denunciantes, les dio igual. Solicitaron una multa millonaria y dos años de cárcel.

El fiscal, por si la sentencia le inculpaba, ordenó un aval judicial que le inmovilizase la cantidad solicitada por los abogados de la parte contraria.

Además de inmovilizar los ahorros de toda una vida, a este pequeño empresario le quitaron el sueño, a su mujer la sumieron en un estado de ansiedad permanente y esto, añadido a la profunda crisis que estamos viviendo, todavía peor en el sector de la joyería, hizo que estuvieran a punto de «tirar la toalla», dejarlo todo, pero no lo hicieron porque era su único medio de vida.

Durante cinco años, todos los que le conocemos hemos creído en su inocencia, pero eso no servía de nada.

Hoy, la sentencia es firme: Inocente de todos los cargos.

Por supuesto ha sido una alegría y un descanso.

Pero pienso que la justicia no es tan justa porque estos cinco años no se los pueden devolver, porque la presunción de inocencia no funciona con la gente humilde, porque el dinero inmovilizado le ha hecho que su negocio se paralice parcialmente por falta de liquidez.

Podría iniciar un proceso judicial para exigir daños y perjuicios, pero al precio de las tasas y de los abogados, prefiere dormir tranquilo aunque le hayan «robado» cinco años y medio de sueño.

Y me da rabia porque leo las sentencias y las imputaciones que cada día salen en todos los medios de comunicación y  no creo que se les trate cómo trataron al protagonista de mi historia, simplemente porque son poderosos, por lo que queda demostrado que la justicia no es igual para todos.

Aún así, hoy es un día para celebrar que la Justicia existe.

martes, 30 de julio de 2013

UN LUGAR ESPECIAL

Estamos en la mitad del verano.
Durante veintiséis años he pasado parte de esta calurosa estación en la Sierra de Madrid, pero en un lugar un tanto peculiar.
Una pequeña urbanización de pequeños pisos con una magnífica zona común, lo que propicia estar mucho tiempo en la piscina, en el club social, en la pista de tenis, en el parque infantil, en las zonas verdes, resumiendo, en la calle.
Esto es como un pequeño pueblo con ciento sesenta viviendas, ocupadas por gentes variopintas, que han ido cambiando con el paso del tiempo.
Lo que se concibió como segunda vivienda de unas cuantas familias de Madrid que querían huir de la capital, se ha convertido en vivienda habitual de muchas familias de diferentes nacionalidades. De hecho tenemos como vecinos a casi toda la comunidad búlgara del pueblo.
Pero un grupo cada vez más reducido, seguimos siendo “los antiguos” o “los de Madrid” y hemos pasado juntos muchísimos veranos, media vida.
Nos conocemos, conocemos a nuestras familias, hemos compartido bodas, nacimientos, entierros, fiestas veraniegas, cenas comunitarias, campeonatos de cartas, competiciones infantiles, misas fin de verano……..
Compartimos el dolor de los padres que perdieron a su hijo desaparecido en la nieve, o el de la madre que perdió al suyo en el incendio de Alcalá 20, o más recientemente la tragedia del “Madrid Arena” que tocó muy de cerca a personas de esta urbanización o el tren de Santiago de Compostela que también rozó a alguno de nuestros vecinos.
También hemos compartido la solidaridad de todos ante los graves accidentes que hemos sufrido de niños y mayores.
Hemos visto crecer a nuestros hijos y forjar amistades de las de toda la vida y ahora empezamos a ver nietos que han vuelto a llenar la piscina de niños.
Hemos madurado o envejecido al mismo tiempo que el pueblo ha crecido y nos ha dejado rodeados de modernos chalets, en nuestro micro-espacio.
Y una noche cualquiera, te sientas con las amigas en la terraza a disfrutar de un helado y comentas lo ocurrido desde el verano anterior, cotilleos, peleas, rencillas, embarazos, divorcios, carreras universitarias acabadas, otras por empezar, abuelos con achaques, personas que han perdido su trabajo o que lo han encontrado.

Y me da por pensar que, un verano más, estoy compartiendo mi vida con las mismas personas, personas, la mayoría, que no son mis amigos, ni son individualmente importantes en mi vida, pero que configuran un mosaico que hacen que mis veranos sean cómo son y que, sin ellos, habrían sido muy diferentes.
Sin duda es para mí un lugar especial.