miércoles, 17 de marzo de 2021

«En tus zapatos»: mi opinión.

 


La autora: 


Beth O'Leary (Londres 1992), se graduó en Lengua Inglesa antes de dedicarse a la edición de libros infantiles. Su debut literario, el best seller internacional Piso para dos (Suma de Letras, 2019), ha sido traducido a más de treinta idiomas y ha conquistado a miles de lectores en todo el mundo. En tus zapatos es su segunda novela.



Sinopsis:

Leena Cotton es infalible, pero ha metido la pata. Sus jefes le ordenan tomarse dos meses de vacaciones y, agotada, decide escapar de la humeante Londres.

Eileen Cotton es imparable, pero acaba de quedarse soltera a sus setenta y nueve años y no hay (a primera vista) ningún soltero adecuado para ella en Hamleigh, su pequeño pueblo.

Al enterarse del problema de su abuela, Leena propone una solución drástica: durante ocho semanas, Eileen se irá a Londres a buscar el amor mientras ella se ocupa de todo en Hamleigh y aprovecha para desconectar.

Sin embargo, Leena se las tendrá que ver con marabuntas de pensionistas y el insoportable (pero muy atractivo) profesor del pueblo; y tal vez las webs de citas y los hípsters londinenses puedan con Eileen. Las Cotton están a punto de descubrir que vivir la vida de otra persona no es tan sencillo como creían..., pero quizá sea justo lo que necesitan.

Mi opinión:

Esta novela llegó a mí a través de una amiga. Me gustaron la portada y la sinopsis y comencé a leerla. Me la he acabado en tres días, y eso que la estaba alternando con otra lectura, que ha terminado en un segundo plano.

Una historia que abordas con una sonrisa, a pesar de tocar temas muy profundos como las relaciones entre madres e hijas, la diferente forma de asumir y asimilar una pérdida, el sentimiento de culpa, los malos tratos psicológicos, el abandono, la soledad o la vejez.

Una lectura llena de esperanza que nos muestra que nunca es demasiado tarde para cambiar, para encontrarte contigo misma, para descubrir a tu verdadero yo, para realizar ese sueño que los acontecimientos te obligaron a postergar muchísimos años…

Me he enamorado de la abuela Eileen, de su forma de beberse la vida, de su calidez, sus abrazos, su sabiduría…

Me he sabido poner en la piel de Leena, sus sentimientos encontrados y su forma de enfrentarse a ellos.

Todos los personajes son entrañables, todos nos darán una lección de vida y acabaremos la lectura precipitadamente, porque no habremos podido dejarla, con una sonrisa en los labios y la sensación de haber pasado unas vacaciones en Hamleigh, un pueblo maravilloso de la campiña inglesa, a dos horas de Londres, que nos ha hecho olvidar los duros momentos que estamos viviendo y recordarnos la importancia de la comunidad y la familia.

La autora describe personas y paisajes maravillosamente, con un lenguaje sencillo, divertido, en capítulos cortos, narrados en primera persona por abuela y nieta, alternativamente.

Una novela que enamora. Muy, muy buena.

jueves, 11 de marzo de 2021

Carta a mis padres por el cumple del blog



Queridos papis, os cuento.

Ayer cumplió años este blog, pero fue un día tan convulso políticamente, que no tuve tiempo de sentarme a escribir. Me sigue gustando la política, que no los políticos, y estuve pendiente de la sinrazón que se ha instalado entre los que nos deberían representar.

Muy lejano queda ya ese 10 de marzo de 2013 en el que comencé a escribir las cosas que se me iban ocurriendo y que me apetecía compartir con otros.

Años después, llegó la revista Pasar Página, entró en mi vida como un ciclón y me hizo «abandonar» un poco este rincón, más íntimo, más discreto, pero muy importante, sobre todo, porque es el que utilizo para contaros, con estas cartas, lo que va sucediendo en mi vida.

Hoy conmemoramos un triste aniversario, el 11M. ¿Lo recuerdas, papá? Creo que fue la última vez que te vi llorar. Nadie podía presagiar que, unos meses después, el cáncer acabaría con tu vida. Se que también lloraste viendo en la televisión la manifestación del pueblo de Madrid, tanta gente conteniendo la rabia, mojándonos en un silencio absoluto, solo roto por las voces que gritaban «no está lloviendo, Madrid está llorando», porque llovía y mucho, pero no nos importaba. Tristes recuerdos.

También quería contaros, porque no todo van a ser tristezas, que el martes llevé a Victoria y a Almudena, por primera vez, al Museo del Prado y les gustó la visita mucho más de lo que yo esperaba.

Las Meninas eran nuestro objetivo, pero caminamos un buen rato parándonos en los cuadros que más les llamaban la atención, por los vestidos, porque tenían un bebé, un caballo, un perro o mucho colorido.

Curiosamente, el que más les gustó, La Anunciación de Fra Angélico, con esas grandes alas doradas, que estuvieron contemplando varios minutos.

El virus sigue aquí con nosotros, no se ha ido, las mascarillas y los geles hidroalcohólicos se han instalado en nuestras vidas, mientras esperamos una vacuna que nos permita socializar un poco.

No creáis que nos hemos conformado con esta forma de vida, yo al menos no lo he hecho. Me enfado, pataleo mentalmente cuando veo gente que se debe creer inmortal y se salta las más elementales normas para luchar contra el covid, y busco pequeñas cosas que me puedan hacer feliz. Mis nietas son las que más felices me hacen, para que os voy a engañar. Cómo os comprendo ahora, cuando recuerdo lo que compartíais con mis hijos y lo que lo disfrutabais.

Bueno, no me quiero poner ni triste ni ñoña,  escribiros me parecía la mejor forma de homenajear este blog que tantas alegrías me ha dado y espero que me siga dando.

Un millón de besos, espero que lleguen todos a vuestra estrella sin perderse ni uno.

 



domingo, 7 de marzo de 2021

Los Goya desde mi butaca

 



«Para vivir la vida hay que mirar al futuro y, para entenderla, mirar hacia atrás» (Antonio Banderas).

Un año más, vuelvo a escribir las impresiones que me ha producido la ceremonia de los premios Goya del cine español.

Me alegra, por una vez, poder hacer una crítica positiva de esta 35 edición que pudimos contemplar anoche.


El teatro Soho de Málaga fue el escenario para una ceremonia sin público, que convirtió a la orquesta sinfónica de Málaga en una de las grandes protagonistas, junto a la emoción, la sobriedad, el homenaje y el recuerdo.

En un año en el que las pantallas de ordenadores y teléfonos se han convertido en indispensables en nuestras vidas, el cine ha sabido unirse con una gala vía zoom, en el que casi todos estaban, como nosotros, en los salones de sus casas.

No ha habido, casi, alfombra roja, y no la hemos echado de menos, no ha habido, casi, discursos políticos, y no los hemos echado de menos, no ha habido chistes, y no los hemos echado de menos. Eso sí, hemos vivido en primera persona la emoción de los premiados y la cara de pena de los perdedores, rodeados, en la mayoría de los casos, de sus parejas y sus familias.


Antonio Banderas, en su correctísimo discurso de presentación, quiso homenajear a las miles de personas que viven del cine y que nunca veremos encima de un escenario, pero que lo están pasando muy mal con el parón de la industria cinematográfica, también fue muy emotivo el minuto de silencio por todas las víctimas de esta pandemia, y el sentido In memoriam con la voz de fondo de Vanesa Martín, arropada por una maravillosa orquesta.

Desde el homenaje a Berlanga, en el año que se cumple el centenario de su nacimiento, las versiones, con más o menos acierto, de La violetera y Happy Days Are Here Again (Los días felices han vuelto), el ballet que recibió a una elegantísima y emocionada Ángela Molina para recibir el Goya de honor, todo fue bonito.

Hubo muchos guiños que no pasaron desapercibidos: El elenco de directores que, en lugar de dar los grandes premios, entregaron esos pequeños que llamamos técnicos, en los que no nos fijamos, de los que no hablamos, pero tan necesarios en una película: maquillaje, vestuario o peluquería, sonido y efectos especiales, entre otros.

El PREMIO con mayúsculas, el que homenajea a la mejor película, lo entregó, en nombre de todos los sanitarios, Ana Ruíz, una enfermera que quiso hablar en su discurso del poder sanador del cine, de la cultura «Hoy es la noche del séptimo arte, uno de los grandes cuidadores del prójimo y que ofrece cuidado y consuelo al espectador. Déjense cuidar».

Como seguidora de Los Goya, año tras año, edición tras edición, tengo que dar mi enhorabuena a Antonio Banderas y María Casado, por la dirección y presentación de esta gala virtual, y a todos los técnicos que la hicieron posible.

No voy a decir la lista de premiados, la podréis encontrar en cualquier periódico, solo voy a citar la película ganadora, Las niñas dirigida por Pilar Palomero, desde aquí, mi enhorabuena.

En una gala en la que lo que más me ha dolido ha sido el silencio tras la entrega de cada premio, la
ausencia de aplausos, hago mías las palabras con las que acabó Antonio Banderas, «recordemos esta gala como la que encendió la llama de la recuperación»


Que no, que no de Rozalen (La boda de Rosa): https://youtu.be/CsnTVgXFOn8

 

martes, 23 de febrero de 2021

Mi 23F

 

febrero de 1981
Me parece mentira que hoy se cumplan 40 años desde ese 23 de febrero de 1981, pero recuerdo exactamente lo que hice aquel día.

Yo trabajaba en una pequeña empresa que se dedicaba a la representación de bolsos de piel y artículos de viaje, de diferentes fabricantes de España. Más como un favor que por la compensación económica, comencé a llevar la contabilidad al «vecino» de enfrente, representante de juguetes, tres tardes a la semana.

Esa tarde era una de esas en las que, yo sola, organizaba los papeles del señor Maza, así se llamaba mi jefe juguetero.

Siempre me ha gustado la política y, cuando había algo interesante, buscaba la emisora de radio nacional, que estaba incluida en el hilo musical. Escuché en directo el «quieto todo el mundo» y la ráfaga de disparos. Recogí, con la seguridad de que lo que acababa de escuchar era grave, y fui en busca de mi jefe de por la mañana, que se enteró por mí de lo que estaba ocurriendo.

No dudamos que había que irse a casa porque, viviendo los dos en el centro y trabajando en el barrio de Retiro, teníamos que cruzar por zonas muy cercanas al Congreso. Atravesamos una ciudad en la que todavía no se percibía ningún cambio.

Ya en casa, me esperaba mi marido que también había abandonado su trabajo, por los mismos motivos que yo, y nos dispusimos a pasar una larga tarde y noche de radio y televisión.

En casa de mis padres, la única que faltaba era mi madre que tenía cita en el dentista y había declinado la oferta que le hizo la enfermera de aplazar la consulta. Ya que estaba allí, la vería el médico y, sin ningún miedo, se volvió dando un paseo desde la Corredera Baja, a más de dos kilómetros de casa, atravesando todo el centro que, según contaba ella, se empezaba a vaciar de gente.

Diciembre 2018
A ninguno de nosotros se nos ocurrió abastecer nuestras despensas, como hizo mucha gente vaciando tiendas de barrio y supermercados. Simplemente nos llamábamos por teléfono, de vez en cuando, para comentar qué nos parecía lo que acabábamos de escuchar a los periodistas. No había móviles ni redes sociales ni varios canales dónde elegir las noticias que queríamos ver.

Recuerdo que hice una tortilla de patatas con cebolla para cenar, porque a mí siempre me ha relajado la cocina y es, además, mi cena favorita.

Mi marido, hombre de costumbres, se acostó temprano y me quedé alternando radio y televisión. Un jovencísimo Iñaki Gabilondo dio paso al discurso del Rey, y me fui a la cama algo más tranquila. Unos pequeños auriculares que me permitiesen escuchar la cadena SER sin molestar a mi marido, me acompañaron hasta que me quedé dormida.

Pasamos miedo, por supuesto, no queríamos volver a una dictadura, aunque nuestra democracia estuviese en pañales, pero yo era una joven de veintiún años y he necesitado mucho tiempo para entender la magnitud de lo que vivimos aquel día.

Yo tengo una historia personal añadida: En aquel momento desconocía que ya estaba embarazada. Mi hija nació nueve meses y un día después.

 


viernes, 29 de enero de 2021

Hasta que llegaste a mi vida y Un sombrero en el corazón: Mi opinión

 

Os cuento mi opinión de las dos novelas en una misma entrada porque las he leído con un pequeño margen de días y tienen personajes comunes.

«Hasta que llegaste a mi vida» de Beatriz Manrique.

Charlotte Gallagher se encuentra en un baile ante la mirada de los demás invitados y de la poca familia que le queda. Su hermanastro Edward quiere obligarla a casarse con un hombre al que no ama mientras la presiona para que finja estar feliz ante su inminente compromiso con lord Sidmouth. Charlotte se siente sola y atrapada. No tiene a nadie a quien acudir y le horroriza la idea de contraer nupcias con un hombre al que desprecia. Desesperada, se aleja de la gente en busca de un respiro y, sin esperarlo, se encuentra con Alonso, un agente español al que no dudará en utilizar para alcanzar su ansiada libertad. 

Una novela ambientada a finales de siglo XIX entre España y Estados Unidos, en la que se respira el ambiente del Madrid decimonónico y en la que el amor tendrá que luchar contra la desconfianza, el espionaje y los intereses personales.


Comencé el año con una novela negra dura y mi salud muy mermada, por lo que elegí una romántica, Desde que llegaste a mi vida, que me leí en dos ratos. Me gustó la historia, la forma de narrarla, la ambientación y los personajes.

Es verdad que me habrían gustado más explicaciones para conocer porqué Charlotte llega a Boston, quién le habla de la hermana de Alonso, por qué se pone en contacto con ella…

Por otro lado no me ha caído mal Alonso, como a casi todo el mundo, por lo que he podido leer, me ha parecido un hombre al que le cambia su vida, una vida necesariamente ordenada para realizar con éxito su trabajo. Cómo le quiere su gente y sus amigos es una muestra de que es una buena persona, superada por los acontecimientos.

Ambientada a finales del siglo XIX, está bien documentada en lo que cuenta, tiene unos personajes muy cuidados y una historia bonita. Por poner alguna pega, no entiendo que en la portada o cubierta del libro, la mujer no vaya vestida de acuerdo a la época en la que vive.


«Un sombrero en el corazón» de Beatriz Manrique.

Lena es una joven sombrerera heredera del oficio materno, que trabaja muy duro para sacar adelante a sus dos hermanas gemelas. Su vida da un giro inesperado la noche en que un extraño se adentra en su taller en busca de auxilio tras sufrir un ataque en el que resulta herido de gravedad. Lena no imagina quién puede ser ese hombre, pero a pesar de su desconfianza inicial, intenta salvar su vida. 

Martín, el misterioso desconocido, es un prestigioso médico de la aristocracia madrileña que se disfraza para pasar desapercibido y tratar a aquellos que no pueden permitirse sus servicios. Tiene la mala fortuna de encontrarse en el lugar inadecuado, en el momento inadecuado y escuchar algo que no debía escuchar... Tras la agresión, Martín queda al cuidado de Lena, y no tarda en surgir entre ellos una inquietante atracción. ¿Quién podría querer asesinarlo? ¿Qué razón se oculta tras el ataque? ¿Por qué guarda Martín silencio al respecto? ¿Terminará todo cuando él se recupere o despertará entre ellos algo más que una pasajera atracción?

Un sombrero en el corazón es más cortita, y nos adentra en la vida de un personaje al que ya conocimos en Cuando llegaste a mi vida, aunque ya os adelanto que no es necesario leer la primera, si recomendaría que, de tener pensado leer las dos, se haga en el mismo orden que yo os estoy contando, porque en Un sombrero en el corazón conoceréis el desenlace de la primera.

También con pinceladas de Historia, esta se desarrolla en Madrid, y nos cuenta las peripecias por las que tiene que pasar Lena, que regenta la sombrerería que fuese de su madre, con la ayuda de sus dos hermanas gemelas.

Espionaje, asesinos a sueldo, abuso de poder, proposiciones deshonestas, sueños visionarios y amor, mucho amor, uniendo muy bien los datos históricos a la ficción, con alguna licencia que la autora aclara al final.

También aquí le pongo una pega. Aunque es muy de agradecer lo bien documentada que está, lo que ayuda a que, durante la lectura, nos paseemos por las calles de Madrid, me parece excesivo el detalle que hace en la descripción del vestuario.

Dos lecturas románticas muy agradables, volveré a leer a esta autora.

martes, 26 de enero de 2021

Alguien te sigue: mi opinión

 

Cuando varias influencers del mundo del running aparecen asesinadas, la agente del FBI Jennifer Rodríguez debe afrontar el desafío de seguir la pista de un asesino en serie, ayudada por su mentor en Quantico, Charly Shipman. Pero nada es lo que parece, y tras esas muertes, ejecutadas siguiendo un cruel ritual y transmitidas por la red, se oculta una verdad difícil de asimilar.

Este thriller indaga en los abismos de la mente humana y de la red de redes, y nos muestra con crudeza la vulnerabilidad del ser humano en un mundo interconectado.

 

Mario Escobar es un maestro narrando y este libro no es una excepción. Como es lógico, todo autor tiene sus grandes obras y sus obras menores. Esta es una de esas obras menores que, sin embargo, merece una oportunidad.

Una buena trama que te adentra en lo más profundo y sórdido de las redes sociales, la internet oculta que se ha convertido en una jungla sin ley, las orgías, los rituales… una historia trepidante que no puedes dejar de leer y que me ha dejado mal cuerpo y muchas preguntas en mi cabeza porque ya sabemos, y lo que nos está tocando vivir nos lo está confirmando, que la realidad siempre puede superar a la ficción.

¿Podemos estar rodeados de asesinos en potencia? ¿El ser humano es malo por naturaleza?

Os invito a leer Alguien te sigue.

viernes, 22 de enero de 2021

Un tango en Malasaña: mi opinión

 


La vida de Paula Lombardi comienza a derrumbarse el día que la echan del trabajo. Ese día, sin darse cuenta, cambió su vida. Lo que en ese momento no podía imaginar es cuánto iba a cambiar... ¡Ni de qué manera!

¿Cómo reaccionarías si tu escritor favorito te encuentra entre cubos de basura?

¿Cómo empezarías la búsqueda del amor de tu abuelo, al que lleva 60 años sin ver?

Paula Lombardi aterriza en Madrid... ¡sin saber la gran aventura que le espera!

Mi opinión:

Me gustó mucho la primera novela de esta autora, por lo que no dudé en leer esta segunda.

El principio me costó, Paula es argentina y habla tal y como se habla en ese país, lo que ralentiza la lectura, por lo que avancé unas páginas antes de continuar, para confirmar si era todo igual, pero me di cuenta que era solo el comienzo y que la autora lo ha querido hacer así para que conozcamos mejor de dónde viene Paula Lomardi.

Una vez que se pasa este «escollo», la lectura es amena, divertida, con momentos muy cómicos y algunos muy sentimentales.

Las personas buenas, los corazones heridos, los oportunistas, la inmigración en diferentes épocas y por muy distintos motivos, las segundas oportunidades, y el amor, van conformando esta historia.

Escrita en primera persona por la protagonista, que nos cuenta su historia en flashback, en la narración se intercalan las cartas que su abuelo escribió a su amor de juventud, cuando tuvo que huir de España, por razones políticas.

Una novela muy agradable, con una narración muy cuidada y con la que aseguramos un divertido rato de lectura.