jueves, 11 de marzo de 2021

Carta a mis padres por el cumple del blog



Queridos papis, os cuento.

Ayer cumplió años este blog, pero fue un día tan convulso políticamente, que no tuve tiempo de sentarme a escribir. Me sigue gustando la política, que no los políticos, y estuve pendiente de la sinrazón que se ha instalado entre los que nos deberían representar.

Muy lejano queda ya ese 10 de marzo de 2013 en el que comencé a escribir las cosas que se me iban ocurriendo y que me apetecía compartir con otros.

Años después, llegó la revista Pasar Página, entró en mi vida como un ciclón y me hizo «abandonar» un poco este rincón, más íntimo, más discreto, pero muy importante, sobre todo, porque es el que utilizo para contaros, con estas cartas, lo que va sucediendo en mi vida.

Hoy conmemoramos un triste aniversario, el 11M. ¿Lo recuerdas, papá? Creo que fue la última vez que te vi llorar. Nadie podía presagiar que, unos meses después, el cáncer acabaría con tu vida. Se que también lloraste viendo en la televisión la manifestación del pueblo de Madrid, tanta gente conteniendo la rabia, mojándonos en un silencio absoluto, solo roto por las voces que gritaban «no está lloviendo, Madrid está llorando», porque llovía y mucho, pero no nos importaba. Tristes recuerdos.

También quería contaros, porque no todo van a ser tristezas, que el martes llevé a Victoria y a Almudena, por primera vez, al Museo del Prado y les gustó la visita mucho más de lo que yo esperaba.

Las Meninas eran nuestro objetivo, pero caminamos un buen rato parándonos en los cuadros que más les llamaban la atención, por los vestidos, porque tenían un bebé, un caballo, un perro o mucho colorido.

Curiosamente, el que más les gustó, La Anunciación de Fra Angélico, con esas grandes alas doradas, que estuvieron contemplando varios minutos.

El virus sigue aquí con nosotros, no se ha ido, las mascarillas y los geles hidroalcohólicos se han instalado en nuestras vidas, mientras esperamos una vacuna que nos permita socializar un poco.

No creáis que nos hemos conformado con esta forma de vida, yo al menos no lo he hecho. Me enfado, pataleo mentalmente cuando veo gente que se debe creer inmortal y se salta las más elementales normas para luchar contra el covid, y busco pequeñas cosas que me puedan hacer feliz. Mis nietas son las que más felices me hacen, para que os voy a engañar. Cómo os comprendo ahora, cuando recuerdo lo que compartíais con mis hijos y lo que lo disfrutabais.

Bueno, no me quiero poner ni triste ni ñoña,  escribiros me parecía la mejor forma de homenajear este blog que tantas alegrías me ha dado y espero que me siga dando.

Un millón de besos, espero que lleguen todos a vuestra estrella sin perderse ni uno.

 



domingo, 7 de marzo de 2021

Los Goya desde mi butaca

 



«Para vivir la vida hay que mirar al futuro y, para entenderla, mirar hacia atrás» (Antonio Banderas).

Un año más, vuelvo a escribir las impresiones que me ha producido la ceremonia de los premios Goya del cine español.

Me alegra, por una vez, poder hacer una crítica positiva de esta 35 edición que pudimos contemplar anoche.


El teatro Soho de Málaga fue el escenario para una ceremonia sin público, que convirtió a la orquesta sinfónica de Málaga en una de las grandes protagonistas, junto a la emoción, la sobriedad, el homenaje y el recuerdo.

En un año en el que las pantallas de ordenadores y teléfonos se han convertido en indispensables en nuestras vidas, el cine ha sabido unirse con una gala vía zoom, en el que casi todos estaban, como nosotros, en los salones de sus casas.

No ha habido, casi, alfombra roja, y no la hemos echado de menos, no ha habido, casi, discursos políticos, y no los hemos echado de menos, no ha habido chistes, y no los hemos echado de menos. Eso sí, hemos vivido en primera persona la emoción de los premiados y la cara de pena de los perdedores, rodeados, en la mayoría de los casos, de sus parejas y sus familias.


Antonio Banderas, en su correctísimo discurso de presentación, quiso homenajear a las miles de personas que viven del cine y que nunca veremos encima de un escenario, pero que lo están pasando muy mal con el parón de la industria cinematográfica, también fue muy emotivo el minuto de silencio por todas las víctimas de esta pandemia, y el sentido In memoriam con la voz de fondo de Vanesa Martín, arropada por una maravillosa orquesta.

Desde el homenaje a Berlanga, en el año que se cumple el centenario de su nacimiento, las versiones, con más o menos acierto, de La violetera y Happy Days Are Here Again (Los días felices han vuelto), el ballet que recibió a una elegantísima y emocionada Ángela Molina para recibir el Goya de honor, todo fue bonito.

Hubo muchos guiños que no pasaron desapercibidos: El elenco de directores que, en lugar de dar los grandes premios, entregaron esos pequeños que llamamos técnicos, en los que no nos fijamos, de los que no hablamos, pero tan necesarios en una película: maquillaje, vestuario o peluquería, sonido y efectos especiales, entre otros.

El PREMIO con mayúsculas, el que homenajea a la mejor película, lo entregó, en nombre de todos los sanitarios, Ana Ruíz, una enfermera que quiso hablar en su discurso del poder sanador del cine, de la cultura «Hoy es la noche del séptimo arte, uno de los grandes cuidadores del prójimo y que ofrece cuidado y consuelo al espectador. Déjense cuidar».

Como seguidora de Los Goya, año tras año, edición tras edición, tengo que dar mi enhorabuena a Antonio Banderas y María Casado, por la dirección y presentación de esta gala virtual, y a todos los técnicos que la hicieron posible.

No voy a decir la lista de premiados, la podréis encontrar en cualquier periódico, solo voy a citar la película ganadora, Las niñas dirigida por Pilar Palomero, desde aquí, mi enhorabuena.

En una gala en la que lo que más me ha dolido ha sido el silencio tras la entrega de cada premio, la
ausencia de aplausos, hago mías las palabras con las que acabó Antonio Banderas, «recordemos esta gala como la que encendió la llama de la recuperación»


Que no, que no de Rozalen (La boda de Rosa): https://youtu.be/CsnTVgXFOn8

 

martes, 23 de febrero de 2021

Mi 23F

 

febrero de 1981
Me parece mentira que hoy se cumplan 40 años desde ese 23 de febrero de 1981, pero recuerdo exactamente lo que hice aquel día.

Yo trabajaba en una pequeña empresa que se dedicaba a la representación de bolsos de piel y artículos de viaje, de diferentes fabricantes de España. Más como un favor que por la compensación económica, comencé a llevar la contabilidad al «vecino» de enfrente, representante de juguetes, tres tardes a la semana.

Esa tarde era una de esas en las que, yo sola, organizaba los papeles del señor Maza, así se llamaba mi jefe juguetero.

Siempre me ha gustado la política y, cuando había algo interesante, buscaba la emisora de radio nacional, que estaba incluida en el hilo musical. Escuché en directo el «quieto todo el mundo» y la ráfaga de disparos. Recogí, con la seguridad de que lo que acababa de escuchar era grave, y fui en busca de mi jefe de por la mañana, que se enteró por mí de lo que estaba ocurriendo.

No dudamos que había que irse a casa porque, viviendo los dos en el centro y trabajando en el barrio de Retiro, teníamos que cruzar por zonas muy cercanas al Congreso. Atravesamos una ciudad en la que todavía no se percibía ningún cambio.

Ya en casa, me esperaba mi marido que también había abandonado su trabajo, por los mismos motivos que yo, y nos dispusimos a pasar una larga tarde y noche de radio y televisión.

En casa de mis padres, la única que faltaba era mi madre que tenía cita en el dentista y había declinado la oferta que le hizo la enfermera de aplazar la consulta. Ya que estaba allí, la vería el médico y, sin ningún miedo, se volvió dando un paseo desde la Corredera Baja, a más de dos kilómetros de casa, atravesando todo el centro que, según contaba ella, se empezaba a vaciar de gente.

Diciembre 2018
A ninguno de nosotros se nos ocurrió abastecer nuestras despensas, como hizo mucha gente vaciando tiendas de barrio y supermercados. Simplemente nos llamábamos por teléfono, de vez en cuando, para comentar qué nos parecía lo que acabábamos de escuchar a los periodistas. No había móviles ni redes sociales ni varios canales dónde elegir las noticias que queríamos ver.

Recuerdo que hice una tortilla de patatas con cebolla para cenar, porque a mí siempre me ha relajado la cocina y es, además, mi cena favorita.

Mi marido, hombre de costumbres, se acostó temprano y me quedé alternando radio y televisión. Un jovencísimo Iñaki Gabilondo dio paso al discurso del Rey, y me fui a la cama algo más tranquila. Unos pequeños auriculares que me permitiesen escuchar la cadena SER sin molestar a mi marido, me acompañaron hasta que me quedé dormida.

Pasamos miedo, por supuesto, no queríamos volver a una dictadura, aunque nuestra democracia estuviese en pañales, pero yo era una joven de veintiún años y he necesitado mucho tiempo para entender la magnitud de lo que vivimos aquel día.

Yo tengo una historia personal añadida: En aquel momento desconocía que ya estaba embarazada. Mi hija nació nueve meses y un día después.

 


viernes, 29 de enero de 2021

Hasta que llegaste a mi vida y Un sombrero en el corazón: Mi opinión

 

Os cuento mi opinión de las dos novelas en una misma entrada porque las he leído con un pequeño margen de días y tienen personajes comunes.

«Hasta que llegaste a mi vida» de Beatriz Manrique.

Charlotte Gallagher se encuentra en un baile ante la mirada de los demás invitados y de la poca familia que le queda. Su hermanastro Edward quiere obligarla a casarse con un hombre al que no ama mientras la presiona para que finja estar feliz ante su inminente compromiso con lord Sidmouth. Charlotte se siente sola y atrapada. No tiene a nadie a quien acudir y le horroriza la idea de contraer nupcias con un hombre al que desprecia. Desesperada, se aleja de la gente en busca de un respiro y, sin esperarlo, se encuentra con Alonso, un agente español al que no dudará en utilizar para alcanzar su ansiada libertad. 

Una novela ambientada a finales de siglo XIX entre España y Estados Unidos, en la que se respira el ambiente del Madrid decimonónico y en la que el amor tendrá que luchar contra la desconfianza, el espionaje y los intereses personales.


Comencé el año con una novela negra dura y mi salud muy mermada, por lo que elegí una romántica, Desde que llegaste a mi vida, que me leí en dos ratos. Me gustó la historia, la forma de narrarla, la ambientación y los personajes.

Es verdad que me habrían gustado más explicaciones para conocer porqué Charlotte llega a Boston, quién le habla de la hermana de Alonso, por qué se pone en contacto con ella…

Por otro lado no me ha caído mal Alonso, como a casi todo el mundo, por lo que he podido leer, me ha parecido un hombre al que le cambia su vida, una vida necesariamente ordenada para realizar con éxito su trabajo. Cómo le quiere su gente y sus amigos es una muestra de que es una buena persona, superada por los acontecimientos.

Ambientada a finales del siglo XIX, está bien documentada en lo que cuenta, tiene unos personajes muy cuidados y una historia bonita. Por poner alguna pega, no entiendo que en la portada o cubierta del libro, la mujer no vaya vestida de acuerdo a la época en la que vive.


«Un sombrero en el corazón» de Beatriz Manrique.

Lena es una joven sombrerera heredera del oficio materno, que trabaja muy duro para sacar adelante a sus dos hermanas gemelas. Su vida da un giro inesperado la noche en que un extraño se adentra en su taller en busca de auxilio tras sufrir un ataque en el que resulta herido de gravedad. Lena no imagina quién puede ser ese hombre, pero a pesar de su desconfianza inicial, intenta salvar su vida. 

Martín, el misterioso desconocido, es un prestigioso médico de la aristocracia madrileña que se disfraza para pasar desapercibido y tratar a aquellos que no pueden permitirse sus servicios. Tiene la mala fortuna de encontrarse en el lugar inadecuado, en el momento inadecuado y escuchar algo que no debía escuchar... Tras la agresión, Martín queda al cuidado de Lena, y no tarda en surgir entre ellos una inquietante atracción. ¿Quién podría querer asesinarlo? ¿Qué razón se oculta tras el ataque? ¿Por qué guarda Martín silencio al respecto? ¿Terminará todo cuando él se recupere o despertará entre ellos algo más que una pasajera atracción?

Un sombrero en el corazón es más cortita, y nos adentra en la vida de un personaje al que ya conocimos en Cuando llegaste a mi vida, aunque ya os adelanto que no es necesario leer la primera, si recomendaría que, de tener pensado leer las dos, se haga en el mismo orden que yo os estoy contando, porque en Un sombrero en el corazón conoceréis el desenlace de la primera.

También con pinceladas de Historia, esta se desarrolla en Madrid, y nos cuenta las peripecias por las que tiene que pasar Lena, que regenta la sombrerería que fuese de su madre, con la ayuda de sus dos hermanas gemelas.

Espionaje, asesinos a sueldo, abuso de poder, proposiciones deshonestas, sueños visionarios y amor, mucho amor, uniendo muy bien los datos históricos a la ficción, con alguna licencia que la autora aclara al final.

También aquí le pongo una pega. Aunque es muy de agradecer lo bien documentada que está, lo que ayuda a que, durante la lectura, nos paseemos por las calles de Madrid, me parece excesivo el detalle que hace en la descripción del vestuario.

Dos lecturas románticas muy agradables, volveré a leer a esta autora.

martes, 26 de enero de 2021

Alguien te sigue: mi opinión

 

Cuando varias influencers del mundo del running aparecen asesinadas, la agente del FBI Jennifer Rodríguez debe afrontar el desafío de seguir la pista de un asesino en serie, ayudada por su mentor en Quantico, Charly Shipman. Pero nada es lo que parece, y tras esas muertes, ejecutadas siguiendo un cruel ritual y transmitidas por la red, se oculta una verdad difícil de asimilar.

Este thriller indaga en los abismos de la mente humana y de la red de redes, y nos muestra con crudeza la vulnerabilidad del ser humano en un mundo interconectado.

 

Mario Escobar es un maestro narrando y este libro no es una excepción. Como es lógico, todo autor tiene sus grandes obras y sus obras menores. Esta es una de esas obras menores que, sin embargo, merece una oportunidad.

Una buena trama que te adentra en lo más profundo y sórdido de las redes sociales, la internet oculta que se ha convertido en una jungla sin ley, las orgías, los rituales… una historia trepidante que no puedes dejar de leer y que me ha dejado mal cuerpo y muchas preguntas en mi cabeza porque ya sabemos, y lo que nos está tocando vivir nos lo está confirmando, que la realidad siempre puede superar a la ficción.

¿Podemos estar rodeados de asesinos en potencia? ¿El ser humano es malo por naturaleza?

Os invito a leer Alguien te sigue.

viernes, 22 de enero de 2021

Un tango en Malasaña: mi opinión

 


La vida de Paula Lombardi comienza a derrumbarse el día que la echan del trabajo. Ese día, sin darse cuenta, cambió su vida. Lo que en ese momento no podía imaginar es cuánto iba a cambiar... ¡Ni de qué manera!

¿Cómo reaccionarías si tu escritor favorito te encuentra entre cubos de basura?

¿Cómo empezarías la búsqueda del amor de tu abuelo, al que lleva 60 años sin ver?

Paula Lombardi aterriza en Madrid... ¡sin saber la gran aventura que le espera!

Mi opinión:

Me gustó mucho la primera novela de esta autora, por lo que no dudé en leer esta segunda.

El principio me costó, Paula es argentina y habla tal y como se habla en ese país, lo que ralentiza la lectura, por lo que avancé unas páginas antes de continuar, para confirmar si era todo igual, pero me di cuenta que era solo el comienzo y que la autora lo ha querido hacer así para que conozcamos mejor de dónde viene Paula Lomardi.

Una vez que se pasa este «escollo», la lectura es amena, divertida, con momentos muy cómicos y algunos muy sentimentales.

Las personas buenas, los corazones heridos, los oportunistas, la inmigración en diferentes épocas y por muy distintos motivos, las segundas oportunidades, y el amor, van conformando esta historia.

Escrita en primera persona por la protagonista, que nos cuenta su historia en flashback, en la narración se intercalan las cartas que su abuelo escribió a su amor de juventud, cuando tuvo que huir de España, por razones políticas.

Una novela muy agradable, con una narración muy cuidada y con la que aseguramos un divertido rato de lectura.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Mis lecturas de 2020

 


Os cuento mis lecturas de este año. No están todas, solo las que me han gustado, porque las que no me han gustado o he abandonado, no merece la pena mencionarlas.

Comencé el año con La cara oculta del corazón de Dolores Redondo que, siendo buena, me pareció demasiado larga. Antonia, de Nieves Concostrina, fue un descubrimiento que me transportó a mi infancia, a mi barrio y a las historias que contaban mi madre y mi abuela.

Dividiendo mis lecturas por grupos, las históricas, como siempre, me han enseñado sucesos que desconocía: Las chicas desaparecidas de París de Pam Jenof, las mujeres que tanto hicieron en la guerra y fueron olvidadas. Los ojos de Galdós de Carolina Molina, una personalísima forma de contarnos parte de la vida de Galdós. Recuérdame de Mario Escobar, que nunca decepciona. Nunca fuimos héroes de Fernando Benzo, terrorismo, policía, juego sucio… me impactó. El recuerdo del olvido de Karen Peralta, preciosa. Pueblo sin rey de Olalla García, la historia de los comuneros de Castilla, contada de una forma sencilla. Las ventanas del cielo de Gonzalo Giner, tiene todo lo que se le puede pedir a una novela histórica. Cuando venga el rey de Luis Carlos Castañeda, magnífica.

En el grupo de novela negra y policiaca, solo leo lo que me recomiendan mis amigas más expertas en este tipo de novela, por lo que el acierto está asegurado. Comencé con Progenie, que me pareció muy original y con la que su autora, Susana Martín Gijón, ha dado un salto de gigante en su forma de escribir. Infamia, decepcionante porque le falta toda una segunda parte, aunque esta primera es muy buena. Asesinos de series de Roberto Sánchez, autor con el que he repetido con Quienes manejan los hilos, novela policiaca con mucha historia de España, las dos me han gustado aunque la segunda es más de mi gusto.  Sexta planta de Manuel Navarro, La noche de plata de Elia Barceló, buena, aunque no es lo mejor que ha escrito. El inocente de Mario Escobar, es un buenísimo narrador, escriba lo que escriba. La nena de Carmen Mola, para leerla, me tuvieron que convencer, porque me había prometido a mí misma no volver a leer a Carmen Mola, pero reconozco que es muy buena. El chico de las bobinas de Pere Cervantes que, aunque incluyo en este apartado, tiene mucho de novela histórica y costumbrista, es muy buena. Lecturas muy diferentes con las que he disfrutado mucho

Luego están esas novelas difíciles de catalogar, al menos para mí, en las que incluyo Huérfanos de sombra de María Suré, que me gustó mucho. Aquella vez en Berlín de María José Moreno, que ha sufrido duramente los efectos del confinamiento, cuando acababa de llegar a los lectores y se está perdiendo tristemente en el olvido una magnífica novela. Tormenta de verano de Toni Gasa, diferente a lo que suelo leer, una buena primera novela. El heredero de Rafael Tarradas, A corazón abierto de Elvira Lindo, que me resultó pesada a pesar de las altas expectativas con las que comencé a leerla. Mil besos prohibidos de Sonsoles Ónega. Cuando la llamaste Claudia de Pilar Muñoz, novela inolvidable. Seguiré tus pasos, segunda parte de Todo el bien y todo el mal, de Care Santos, que me ha gustado muchísimo. Años de mentiras de Mayte Esteban, con unos magníficos diálogos. Mil noches con Marga de Pedro Ramos, me gustan las novelas que hablan de los secretos familiares. El jardín de los espejos, de Pilar Ruiz, historias cruzadas y leyendas de Cantabria. Guardando las apariencias de Carmela Trujillo, una novelita corta que me ha encantado y una autora con una versatilidad increíble.

He leído dos novelas que se adentran en la fantasía, lo paranormal, y las dos me han entusiasmado: El secreto del orfebre de Elia Barceló, y El infiltrado. La puerta del cielo de M. S. Quebec.

Por supuesto, están mis románticas, a las que acudo después de una lectura intensa o una fallida. Así llegué a Sara Ventas, a la que siempre leo, con Es tu última palabra o Descubriendo a Broad. Este año he leído por primera vez a varias autoras, que han pasado a estar entre mis listas de muy buenas: La chica del pelo azul de Laura Sanz, La coleccionista de noches vacías de Lorraine Coco, No hago planes a tan largo plazo de Cristina Durán, con la que he repetido recientemente con su segunda novela, Un tango en Malasaña, Jodido doctor de Abril Lainez, Una auténtica Navidad de Ángela Bennet y Próxima estación de Mónica Gutiérrez, el mejor feelgood que se puede leer. Os las recomiendo todas.

Tal vez por el año tan diferente que hemos vivido, y por el bajo nivel de concentración en muchos momentos, he leído muchos relatos. Tengo que destacar Doce horas de Mayte Esteban y París puede esperar de Marisa Sicilia. Este último merecería ser una novela porque, en muy poquitas páginas, nos cuenta maravillosamente la historia de Alicia y Manuel, sus protagonistas, ese matrimonio que no puede viajar a París… me encantaría saber más de ellos.

En cuanto a Antologías, tres pequeñas obras maestras: La vieja calle dónde el eco dijo, de Víctor Fernández Correas, El papel de un cromo de Marian Peyró y Relatos del confinamiento  de Mónica Rouanet. Sobre los relatos del confinamiento tengo que decir que, cada día, esperábamos el relato que publicaba Mónica, durante la larga cuarentena, relatos de risa, de miedo, de esperanza, era una de esas ventanas que se nos abrían al mundo en nuestro encierro. (Pinchad aquí si queréis leerlos y oírlos en la voz de Carmen Ramírez de Cadena Dial).

Muchos otros autores nos regalaron relatos, vivencias, chistes, bromas, crónicas y croniquillas, que llenaron nuestras horas en casa, a todos ellos, desde aquí, les doy las gracias.

Como es lógico, tengo mis favoritas, esas que han sido mis mejores lecturas de 2020, ahí van:

Cuando la llamaste Claudia de Pilar Muñoz.

Las ventanas del cielo de Gonzalo Giner.

El infiltrado. La puerta del cielo de M.S. Quebec.

Próxima estación de Mónica Gutiérrez.

El recuerdo del olvido de Karen Peralta.

Seguiré tus pasos de Care Santos.


Gracias por leerme, dentro de un año os vuelvo a contar.