Os cuento mis lecturas de este
año. No están todas, solo las que me han gustado, porque las que no me han
gustado o he abandonado, no merece la pena mencionarlas.
Comencé el año con La cara oculta del corazón de Dolores
Redondo que, siendo buena, me pareció demasiado larga. Antonia, de Nieves Concostrina, fue un descubrimiento que me
transportó a mi infancia, a mi barrio y a las historias que contaban mi madre y
mi abuela.
Dividiendo mis lecturas por
grupos, las históricas, como siempre, me han enseñado sucesos que desconocía: Las chicas desaparecidas de París de Pam
Jenof, las mujeres que tanto hicieron en la guerra y fueron olvidadas. Los ojos de Galdós de
Carolina Molina, una personalísima forma de contarnos parte de la vida de Galdós.
Recuérdame de Mario Escobar, que
nunca decepciona. Nunca fuimos héroes de
Fernando Benzo, terrorismo, policía, juego sucio… me impactó. El recuerdo del olvido de Karen Peralta,
preciosa. Pueblo sin rey de Olalla
García, la historia de los comuneros de Castilla, contada de una forma
sencilla. Las ventanas del cielo de
Gonzalo Giner, tiene todo lo que se le puede pedir a una novela histórica. Cuando venga el rey de Luis Carlos
Castañeda, magnífica.
En el grupo de novela negra y
policiaca, solo leo lo que me recomiendan mis amigas más expertas en este tipo
de novela, por lo que el acierto está asegurado. Comencé con Progenie, que me pareció muy original y
con la que su autora, Susana Martín Gijón, ha dado un salto de gigante en su
forma de escribir. Infamia, decepcionante porque le falta toda una segunda
parte, aunque esta primera es muy buena. Asesinos de series de Roberto Sánchez, autor con el que he repetido con Quienes manejan los hilos, novela
policiaca con mucha historia de España, las dos me han gustado aunque la
segunda es más de mi gusto. Sexta planta de Manuel Navarro, La noche de plata de Elia Barceló, buena, aunque no es lo mejor que ha escrito. El inocente de Mario Escobar, es un
buenísimo narrador, escriba lo que escriba. La nena de Carmen Mola, para leerla, me tuvieron que convencer, porque me
había prometido a mí misma no volver a leer a Carmen Mola, pero reconozco que
es muy buena. El chico de las bobinas
de Pere Cervantes que, aunque incluyo en este apartado, tiene mucho de novela
histórica y costumbrista, es muy buena. Lecturas muy diferentes con las que
he disfrutado mucho
Luego están esas novelas
difíciles de catalogar, al menos para mí, en las que incluyo Huérfanos de sombra de María Suré, que
me gustó mucho. Aquella vez en Berlín
de María José Moreno, que ha sufrido duramente los efectos del confinamiento,
cuando acababa de llegar a los lectores y se está perdiendo tristemente en el olvido una
magnífica novela. Tormenta de verano
de Toni Gasa, diferente a lo que suelo leer, una buena primera novela. El heredero de Rafael Tarradas, A corazón abierto de Elvira Lindo, que
me resultó pesada a pesar de las altas expectativas con las que comencé a
leerla. Mil besos prohibidos de
Sonsoles Ónega. Cuando la llamaste Claudia de Pilar Muñoz, novela inolvidable. Seguiré tus pasos, segunda parte de Todo el bien y todo el mal, de Care Santos, que me ha gustado
muchísimo. Años de mentiras de Mayte
Esteban, con unos magníficos diálogos. Mil
noches con Marga de Pedro Ramos, me gustan las novelas que hablan de los
secretos familiares. El jardín de los espejos, de Pilar Ruiz, historias cruzadas y leyendas de Cantabria. Guardando las apariencias de Carmela
Trujillo, una novelita corta que me ha encantado y una autora con una
versatilidad increíble.
He leído dos novelas que se
adentran en la fantasía, lo paranormal, y las dos me han entusiasmado: El secreto del orfebre de Elia Barceló, y
El infiltrado. La puerta del cielo de
M. S. Quebec.
Por supuesto, están mis
románticas, a las que acudo después de una lectura intensa o una fallida. Así
llegué a Sara Ventas, a la que siempre leo, con Es tu última palabra o Descubriendo a Broad. Este año he leído por primera vez a varias autoras, que han pasado
a estar entre mis listas de muy buenas: La chica del pelo azul de Laura Sanz, La
coleccionista de noches vacías de Lorraine Coco, No hago planes a tan largo plazo de Cristina Durán, con la que he
repetido recientemente con su segunda novela, Un tango en Malasaña, Jodido doctor de Abril Lainez, Una auténtica
Navidad de Ángela Bennet y Próxima estación de Mónica Gutiérrez, el mejor feelgood
que se puede leer. Os las recomiendo todas.
Tal vez por el año tan diferente
que hemos vivido, y por el bajo nivel de concentración en muchos momentos, he
leído muchos relatos. Tengo que destacar Doce horas de Mayte Esteban y París puede esperar de Marisa Sicilia. Este último merecería ser una novela porque, en
muy poquitas páginas, nos cuenta maravillosamente la historia de Alicia y
Manuel, sus protagonistas, ese matrimonio que no puede viajar a París… me
encantaría saber más de ellos.
En cuanto a Antologías, tres
pequeñas obras maestras: La vieja calle dónde el eco dijo, de Víctor Fernández Correas, El papel de un cromo de Marian Peyró y Relatos del confinamiento de Mónica Rouanet. Sobre los relatos del
confinamiento tengo que decir que, cada día, esperábamos el relato que
publicaba Mónica, durante la larga cuarentena, relatos de risa, de miedo, de
esperanza, era una de esas ventanas que se nos abrían al mundo en nuestro
encierro. (Pinchad aquí si queréis leerlos y oírlos en la voz de Carmen Ramírez de Cadena Dial).
Muchos otros autores nos
regalaron relatos, vivencias, chistes, bromas, crónicas y croniquillas, que llenaron nuestras horas en
casa, a todos ellos, desde aquí, les doy las gracias.
Como es lógico, tengo mis
favoritas, esas que han sido mis mejores lecturas de 2020, ahí van:
Cuando la llamaste Claudia de
Pilar Muñoz.
Las ventanas del cielo de Gonzalo
Giner.
El infiltrado. La puerta del
cielo de M.S. Quebec.
Próxima estación de Mónica
Gutiérrez.
El recuerdo del olvido de Karen
Peralta.
Seguiré tus pasos de Care Santos.
Gracias por leerme, dentro de un
año os vuelvo a contar.